OPINIÓN

Aerolíneas, Messi y el Estado

Dos situaciones que traspasaron la desdichada grieta política

Sábado 24 de Julio de 2021

Hay dos situaciones que en las últimas semanas han quedado fuera de la desdichada grieta política que separa a los argentinos. La primera es la Copa América, obtenida bajo el liderazgo de Lionel Messi, nada menos que en una final frente a Brasil y en el estadio Maracaná. La segunda es el despliegue de Aerolíneas Argentinas que con sus puentes aéreos a Moscú y Beijing trajo millones de vacunas al país.

El caso de Messi y la obtención de un título internacional, que se le negaba a la selección argentina desde hace años, inyectó un poco de ánimo en un país castigado por la pandemia y un promedio de 450 muertos por día, una inflación que sigue muy alta y un enfrentamiento político que va tomando más cuerpo ante la proximidad de las elecciones legislativas de septiembre.

Un poco de aire puro, aunque permanecerá poco, ha sido bienvenido por oficialistas, opositores “odiadores”, “denunciadores” y todo tipo de fauna vernácula que aparece diariamente en la increíble Argentina, que necesita de nombres con exposición mediática que reemplacen a dirigentes políticos que poco convocan al electorado. Tal vez sea una buena solución: las legiones de abogados, ingenieros, economistas y otros profesionales que han gobernado el país no pueden exhibir buenos resultados a juzgar por los índices de pobreza que vienen creciendo desde hace décadas. Ahora, ¿las modelos, futbolistas y otros personajes sin formación alguna con que se completan las listas de los partidos podrán torcer esa pendiente de decadencia? Es una incógnita.

Mientras tanto, el ejemplo de una selección nacional conducida por un técnico de emergencia, que finalmente se ganó el puesto, estuvo en sintonía con la humildad deportiva del mejor jugador del planeta. Sobre todo si se recuerdan técnicos histriónicos como Jorge Sampaoli, que daba vergüenza ajena no en lo que atañe a su conocimiento sobre fútbol sino a su conducta personal dentro y fuera de la cancha. En realidad, Sampaoli fue una desgracia que nadie explica cómo llegó a dirigir al seleccionado tras el paso de tres entrenadores serios y respetables como Alejandro Sabella, Gerardo Martino y Edgardo Bauza. Tal vez el fútbol y la política tengan un punto de contacto y en algunas acciones sean espejos que se reflejan.

Con un técnico sin grandilocuencias y un jugador del temperamento y comportamiento de Messi, un grupo humano cohesionado logró un objetivo que traspasó el enfrentamiento político y se instaló en un lugar irreprochable. Un ejemplo a seguir.

La segunda situación también incuestionable es, tal como ha quedado demostrado, contar con una empresa de aviación estatal al servicio de los argentinos. Pese a insólitas y solitarias quejas por el costo de los fletes, que fueron desestimadas por incorrectas, nadie cuestiona ya la importancia de Aerolíneas Argentinas en la campaña de vacunación contra el Covid-19.

La compañía de bandera nacional ya realizó 22 vuelos ida y vuelta a Moscú en los que transportó más de 11 millones de dosis de la vacuna Sputnik V. Otras casi seis millones de dosis de Sinopharm trajo al país desde China en tres viajes. Y esta semana completó otra serie de diez vuelos a ese país asiático para traer una carga de ocho millones de vacunas. Vuelos que se repetirán en agosto y septiembre para transportar 16 millones más de dosis. Además, otros dos aviones especiales trajeron de Estados Unidos 3,5 millones de vacunas del laboratorio Moderna donadas por el gobierno de Joe Biden. En total, Aerolíneas ya hizo 37 vuelos para transportar al país más de 25 millones de dosis.

Aerolíneas Argentinas tiene un largo recorrido desde su creación en 1950 en la órbita estatal. En 1965 compró aviones Boeing 707 para largo alcance y así pudo concretar el primer vuelo sin escalas entre Buenos Aires y Madrid. Luego incorporó el Boeing 737. En la década del 70 comenzó a utilizar el Boeing 747, el famoso “Jumbo”. Con esas máquinas, desde 1980 hasta 2014 hizo el vuelo transpolar que llegaba a Auckland, Nueva Zelanda, con escala previa en Río Gallegos. Luego de casi 34 años de unir América Latina con Oceanía, Aerolíneas dejó de volar esa ruta por cuestiones de rentabilidad.

Pero no todo fue color de rosas: a principios de los 90, por su alto déficit y una política de desguace de las empresas del Estado, fue privatizada. La compañía aérea sufrió tan malos manejos empresarios que casi la llevan a la ruina. Fue una palmaria demostración de que los privados pueden ser tan incapaces como el Estado nacional para operar una empresa, en este caso de aviación.

En 2008 el Estado finalmente recuperó Aerolíneas y en años sucesivos modernizó su flota, parte de cuyos aviones Airbus son los que hoy adaptados para carga vuelan por el mundo a traer vacunas.

Los cuestionamientos actuales al déficit operativo de la empresa en manos del Estado, que pueden ser razonables y atendibles, han quedado sin dudas al margen en esta cruzada aérea por la que el país tiene a su disposición aviones y tripulantes cuando los necesita. Otra historia diferente hubiese sido si Aerolíneas fuera una empresa privada y sujeta a las leyes del mercado.

Seguramente no habrá ningún argentino que no reconozca que la vacuna que recibió es en parte gracias a la aerolínea de bandera nacional y a funcionarios del Estado que la conducen. Y así parece que ocurre, porque se han acallado las voces de aquellos que en el comienzo de la pandemia dudaban de la calidad de las vacunas y también del medio de transporte.

En una Argentina difícil de entender y explicar, política y socialmente dividida y azotada por una pandemia, al menos dos hechos de génesis totalmente distintas concitaron la alegría y aprobación de todos.

¿No habrá otros puntos de encuentro con los que se pueda avanzar y retomar algo de la racionalidad perdida, bajar el nivel de enfrentamiento político e intentar construir una Nación en base a algunas premisas básicas sostenibles en el tiempo? La lista de posibles temas la dejo abierta para que la confeccione el lector.

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