Los años pasan y la sastrería Caliotti sigue firme en la esquina de Avenida Pellegrini y Maipú, exhibiendo su cartelería característica en letra imprenta y con vidrieras que bien podrían retrotraerse a épocas pasadas. Con más de ocho décadas de historia en la ciudad, se trata de un negocio que no parece haber sido afectado por el paso del tiempo, aunque si uno habla con la familia Caliotti entiende que fueron muchos los desafíos que debió sortear para continuar en vigencia.
Cambios en la industria textil, crisis económicas y un nuevo perfil de consumidor son algunas de las variables a las que se adaptó durante todos estos años, volviéndose un clásico de la ciudad por su antigüedad y su referencia en lo que es venta y confección de trajes a medida. “Mi abuelo abrió de manera oficial en 1942 y ya trabajaba como sastre desde mucho antes para una gran cantidad de clientes como la familia García, dueños de La Favorita en ese entonces. Yo digo que era un genio del marketing, no tenía muchos estudios, cursó la escuela hasta sexto grado y aun así siempre manejó muy bien la publicidad y eso le permitió crecer”, señaló a Negocios Leonardo Caliotti, tercera generación al frente de Sastrería Caliotti.
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Elegir la sastrería
En los albores del siglo XX las sastrerías atraían la atención del público a partir de la confección de prendas de vestir a medida para hombres, especialmente trajes, camisas, pantalones y vestimentas de tipo formal que abundaban en los placares. Fue durante ese tiempo que Salvador Caliotti se dedicó a aprender el oficio. Con solo ocho años de edad comenzó a asistir a un negocio de este tipo que lo capacitaba a cambio de una contraprestación.
“Mi abuelo era el mayor de seis hermanos y ya de chico le tocó ayudar en la casa, entonces decidió que quería convertirse en sastre. Arrancó a aprender la labor en una tienda del centro de la ciudad y también era el encargado de ponerle carbón a las planchas y ventilarlas para que estuvieran calientes una vez que abría la sastrería, así que era el primero en llegar al local”, contó Caliotti.
A sus 17 ya era un sastre consumado que trabajaba a demanda, tomando pedidos de diferentes lugares. Estos, sin embargo, fueron tan solo los comienzos de una carrera exitosa que tendría un hito en abril de 1942, cuando en compañía de su mujer Celia, decidió alquilar toda una esquina de Avenida Pellegrini y Maipú para inaugurar de manera formal la sastrería que al día de hoy lleva su mismo apellido.
“Antes de abrir le pidió a todos nuestros parientes que le prestaran sus trajes y los exhibió en las vidrieras, entonces cuando la gente pasaba veía mucha mercadería y eso les inspiraba confianza y entraban”, contó Leonardo sobre los inicios del negocio que en poco tiempo crecería hacia otras zonas del país. Fue justamente entre la década del cuarenta y el cincuenta, que su abuelo abrió dos sastrerías más la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Once y en San Telmo, para las cuales hizo una campaña en subtes y colectivos anunciando la llegada de su marca. A estas le seguirían dos sucursales más en Mar del Plata y Santa Fe.
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Padre e hijo comparten el gran oficio de la sastrería a medida.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital
Nuevos aires
De esa época dorada durante la cual Caliotti aprovechó para expandir su marca en el país, hoy solo perdura el local original de Avenida Pellegrini y Maipú, el cual es atendido por Leonardo y por su padre, Alberto, hijo del fundador. Ambos se encargan de mantener vivo el legado de Salvador, quien falleció en el año 2003 a sus 92 años, luego de dedicar toda su vida al arte de la fabricación y venta de trajes, contagiando del mismo espíritu emprendedor a su familia.
“Mi viejo con ochenta años viene todos los días a trabajar conmigo en los dos turnos, por la mañana y por la tarde. Nos va bien, pero nos hemos tenido que adaptar a los cambios en el negocio, antes las confecciones a medida eran lo común, ahora son un servicio premium y pasamos de trabajar con telas nacionales a manejar el segmento con telas importadas”, señaló Caliotti y destacó que entre sus clientes figuran abogados, médicos, contadores y directivos de firmas.
Mientras que un traje a medida hoy ronda los $500 mil, se puede optar por piezas elaboradas de fábrica por un valor de entre $200 mil y $250 mil. En este caso, padre e hijo se encargan de comprar las telas en China e importarlas, tercerizando su fabricación a una empresa de primer nivel que también confecciona para jugadores como Etiqueta Negra o Christian Lacroix. La diferencia, según el emprendedor, es que Caliotti no paga el valor de marca como si lo hace la competencia, lo que implica que en su tienda la misma chaqueta, por ejemplo, sea más económica.
“Hoy hay precio para todo, pero lo que distingue a un traje bien hecho, aparte de la materia primera que usás, es la moldería. Nosotros trabajamos con una fábrica que se encarga de mandar a los diseñadores a estudiar a Europa y que viene al país y traen la última tendencia en lo que es moldes. Lo mismo si comparás una prenda industrializada de una hecha a medida, donde podés elegir la tela, si querés bolsillos de raso, el pantalón ancho o con pinzas y demás detalles”, señaló Caliotti, quien tiene dos hijos pequeños que quizás el día de mañana sean quienes continúen el legado familiar.