Siya Kolisi, el tercera línea de los Springboks, entró en los libros de historia otra vez, ya que se convirtió en el segundo capitán en levantar la Webb Ellis por segunda vez consecutiva, honor que solamente ostentaba el extercera línea de Nueva Zelanda, Richie McCaw. Lo había hecho en 2019, tras vencer a Inglaterra en la final, y este sábado, luego de derrotar a los All Blacks. La historia personal de Kolisi, quien además es el primer capitán negro de la historia de los Springboks, es verdaderamente un cuento de hadas.
De no ser por el rugby, su vida hubiera estado abocada a la miseria. El primer capitán negro de la historia de los Springboks nació en Port Elizabeth y lo crió su abuela en un barrio marginal solo para negros,ya que sus padres aún eran adolescentes.
Creció en un ambiente difícil, al punto que pasó su infancia jugando con ladrillos y, cada noche, un par de cojines hacían de cama.
“Nunca soñé con dedicarme al rugby. Mi primer objetivo era conseguir una comida al final del día. No había mucha gente a quien admirar, y el rugby se convirtió en mi vía de escape”, dijo el propio Kolisi en un documental de la CNN.
A los ocho años se anotó para practicar rugby en su escuela, la cual abandonaría luego para cuidar a su abuela enferma. Sin recursos, carecía de la indumentaria necesaria, así que jugaba en ropa interior. “Me llamaron para hacer unas pruebas. Me planté en boxers porque no tenía pantalones cortos”, recordó.
A los 12 años, la exclusiva escuela privada Grey High School le otorgó una beca después de verlo jugar en un torneo. Fue una bendición porque como él mismo declaró, “si no hubiera llegado a la escuela no habría podido alimentarme correctamente, ni habría alcanzado la misma preparación que los otros niños”.
Ahí empezó su carrera, la que lo llevó al más alto nivel. En el 2013 lo convocaron por primera vez a los Springboks tras haber disputado solamente ocho partidos con el seleccionado sub-20.
Escalando desde la pobreza extrema, Kolisi llegó a la cima. Levantó el título mundial en Japón en el 2019 y volvió a hacerlo este sábado, en París, una ciudad que por sus luces y glamour contrasta con sus orígenes, pero que se rindió a sus pies por ser un bicampeón del mundo y un campeón de la vida.