Monje.— Cuando en la década del 50 la Comisión Comunal de ese entonces decidió lotear la
zona de La Boca, muy alejada del casco urbano, donde la confluencia del arroyo Monje y el río
Coronda y conforma uno de los paisajes más bellos de ríos de llanura que caracterizan a la
provincia, dio tal vez sin dimensionarlo uno de los primeros pasos de lo que hoy es el cada vez más
ascendente miniturismo santafesino.
La Boca es una playa de arena, ubicada a varios kilómetros de donde se
asienta la traza principal de la comuna, que aún conserva un atractivo aspecto natural como si la
propia geografía resistiera la acción de la mano del hombre. Y es uno de los lugares más atractivos
que ofrece el lugar.
Sin embargo, y pese al entorno natural, en esa zona se ha generado un
conglomerado importante de viviendas, junto con complejos de cabañas, campings, casas de alquiler,
un dispensario y hasta una escuela. Se trata de un sitio muy elegido por muchas personas para una
escapada de fin de semana, o para unos días de vacaciones.
Además, el pueblo es también sede de la fiesta anual de los balnearios,
que hace pocos días congregó en La Boca a más de diez mil personas. Los festejos terminan siempre
con la coronación de la reina, que se elige entre las bellezas de la región.
Desde hace un tiempo a esta parte un rumor corre por toda Monje: se
comenta que un grupo de inversionistas tendría la intención de recrear muy cerca del lugar, sobre
la costa del Coronda, un espacio de viviendas similar a lo que ofrece El Tigre en provincia de
Buenos Aires.
Los pioneros. Precisamente allí habitaron los primeros pobladores, que fueron los indios
Chaná, o también llamados Chaná Beguás, una tribu pacífica que se dedicaba a la pesca y a la
alfarería.
En ese mismo lugar se instaló una reducción de la orden Franciscana,
denominada San Bartolomé de los Chaná, con el objetivo de evangelizar a los aborígenes. Sin
embargo, una epidemia de viruela y el ataque de tribus más belicosas prácticamente terminaron con
este asentamiento indígena en la zona.
Con el paso del tiempo, una familia española de apellido Alzugaray se
estableció en estas tierras, con títulos provenientes de la Corona española, y ocupó una lonja que
iba desde el río Coronda y hasta lo que hoy es la localidad de Díaz.
Fue la familia Alzugaray la que donó los terrenos para la estación de
trenes, y el trazado urbano de la localidad, que en principio tomó el nombre de uno de los
Alzugaray, y se llamó San Julián.























