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"Me sorprendía que me vieran como una nena"

Tiene 21 años. A los 14 consiguió que su apariencia física coincidiera con lo que sentía. Un proceso que no le resultó simple, sobre todo por la mirada familiar y las condenas sociales. Una historia con final feliz en el marco de una lucha que no cesa.

Domingo 14 de Octubre de 2018

Tomás habla rápido y se ríe mucho. Mueve las manos y acompaña cada una de sus palabras y conceptos con gestos nada sencillos. Tomás bebe una gaseosa y habla de hormonas, de decisiones, discriminación y sobre todo intenta explicar las mil y una formas de la diversidad. El joven tiene 21 años y es un varón trans: una minoría que crece en visibilidad al compás de la militancia y la difusión de información. Los números lo sostienen. Desde que se aprobó la Ley de Identidad de Género, en Santa Fe se hicieron 860 cambios de identidad de los cuales el 12 por ciento son varones trans. Ya en 2016 y 2017 representaron más del 20 por ciento de trámites solicitados. La visibilidad implicó algo: creció la información y tuvo que crecer la atención. Los medicamentos y tratamientos hormonales para varones trans se incorporaron en centros de atención de toda la provincia. Se habilitó el acceso gratuito al cambio de identidad en 14 localidades de Santa Fe.

"Vivimos en una sociedad donde todo lo que tiende a lo masculino es bueno y lo que tiende a lo femenino es malo. Pasa lo mismo con lo transexual", dice Tomás apenas empieza la nota. Escribir y hablar de varones trans, aquellas personas que nacieron con sexo biológico mujer pero se consideran varones, es hablar de un eje específico de lucha: la visibilización , casi desde cero.

Tomás es claro. Todo lo relacionado con los varones no va a ser nunca tan grave ni escandaloso como sucede al revés. Siempre fue más sencillo que ellos pasen inadvertidos.

"Primero, porque en la búsqueda de heteronormatividad, eso de parecerse al estereotipo impuesto por la sociedad, hay más facilidades siendo varón transexual", explica, refiriéndose únicamente al aspecto de las personas. Y es que los procesos de hormonización son muchos más rápidos en este caso: a los dos meses de empezar un tratamiento, "ya parecés un pibe". Pero no se trata sólo de eso porque también está el estigma social. "Siempre es peor el varoncito que se vuelve mujer, siempre", destaca. Las experiencias de vida, las estadísticas y el termómetro de la calle (movilizaciones, reclamos, organizaciones) acompañan su declaración. Las mujeres trans llevan años organizándose y mostrándose a fuerza de travesticidios y discriminación. Los varones trans apenas comienzan a "descubrirse" y todavía tienen que explicar que sí, que es posible que sea al revés, y que aunque los índices de discriminación, violencia y odio contra ellos no sean tan altos no significa que no tengan reclamos.

"En Santa Fe ya se hicieron 860 cambios de identidad. El 12% son varones trans"

Martín Clapié es el director de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Rosario y, según relató a este medio, no hace más de diez años que los varones trans comenzaron a visibilizarse. "Para la mayoría de las masculinidades trans es una decisión hacerse visible. Fue hace pocos años que empezaron a organizarse, generar otros vínculos y entender que es necesario mostrarse de otros modos y plantear sus diferencias, necesidades y vivencias en los circuitos de sociabilidad en los que están", explicó el funcionario. Y profundizó: "En el caso de los varones, por mucho tiempo se hicieron recorridos más individuales, a diferencia de las mujeres trans que se unieron y movilizaron al tener que lidiar cotidianamente con el hostigamiento y la discriminación".

Existe otro factor para entender la mayor información que existe hoy sobre masculinidades trans, las inquietudes que se transforman en artículos periodísticos, el incremento de consultas al Estado y ONGs. La novela 100 Días Para Enamorarse,que cada noche se transmite por Telefé, no sólo eligió la transexualidad adolescente como eje del relato, eligió también que uno de los personajes principales sea una chica que se identifica como varón. Desde que comenzó a salir la novela al aire en la Dirección Municipal de Diversidad se incrementaron las consultas de jóvenes y familiares en busca de asesoramiento o acompañamiento. "Es maravilloso poder ver en las familias lo que está sucediendo y el deseo de que ni los hijos ni hijas realicen este recorrido en soledad y sin apoyo", sumó Clapié.

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Tarde o temprano los procesos de visibilización aparecen y comienzan a ser parte de una realidad: en las movilizaciones, en los reclamos, en los números, en las exigencias que empieza a tener el Estado. Desde la subsecretaría de Diversidad Sexual de la provincia informaron que el primer año de la Ley de Identidad de Género y Salud Integral (2012), los varones trans fueron un 7 por ciento de los pedidos de cambio de identidad en la provincia. Pero a partir de ahí, las solicitudes fueron creciendo y en 2016 y 2017 representaron más del 20 por ciento del pedido de ser nombrados como elegían. Desde que salió la Ley hay 860 reconocimientos de identidad. El 12 por ciento de ese total son varones trans.

A la par de los DNI aparecen los pedidos de adecuación: ser a imagen y semejanza del deseo. Este año ya se realizaron 20 toracoplastías masculinizantes (retiro de los senos) en los hospitales Sáenz Peña y Centenario. También tuvieron que incorporar medicación y tratamientos hormonales en toda la provincia. Ya existe la posibilidad de transitar ese proceso en 14 localidades.

Que sea más fácil pasar desapercibido nunca fue, sin embargo, garantía de algo: el acceso al trabajo formal es uno de los principales reclamos del colectivo de varones trans. A ellos también les alcanzó con mostrar el DNI o acceder a exámenes prelaborales para que el currículum quede a un lado y gane el estigma. Y a eso se le suma el contexto socioeconómico actual. "Siempre que el cinturón aprieta, aprieta por los que más complicado la tenían. Las personas del colectivo trans en general son las que pierden sus fuentes de trabajo, muchas veces informal, pero que servía para llevar el pan todos los días. Hoy las demandas son muy básicas: hay que garantizar los medios de subsistencia. Un rasgo característico es que al menos en el colectivo actual de varones trans hay recorridos institucionales: muchos pudieron terminar la secundaria y primaria, muchos no fueron expulsados de sus hogares, muchos han accedido a educación terciaria o universitaria. No es un dato menor: las expresiones de la feminidad trans están mucho más vulneradas que las de la masculinidad, son escenarios muy diferentes en ese sentido", contextualizó Clapié.

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Ser Tomás

Tenía 14 años cuando conoció el concepto de transexualidad. Estaba en la casa de su abuela y vio un documental que contaba historias del cambio de género de jóvenes. Se fue a dormir pero no pudo: durante horas dio vueltas en la cama repitiéndose que no, que él no era eso, que no. Después se sinceró. "Dije bueno, está bien. Coincidía todo". Tomás siempre se sintió chico, a pesar de que lo corregían, lo retaban y le repetían una y otra vez que era una nena. "No es que un día me di cuenta de que soy varón. No. Un día me di cuenta de que me veían como nena. Una sorpresa. Me di cuenta de que había algo raro entre lo que los demás veían y lo que yo sentía".
La noche del documental fue el puntapié para empezar a buscar información. Tomás supo que existen tratamientos hormonales y entendió que no tenía un problema y que no era único en el mundo. "No existía la opción de decirle a mi familia, eso siempre lo supe. Lo que sí hice fue escribirlo: a partir de hoy, aunque sea internamente, voy a usar el masculino", relata. A pesar de que esa noche también pensó en irse de su casa, el joven siguió viviendo con su familia. Eligió también estudiar. Es alumno en la licenciatura en Ciencias de la Computación. "Fue un poco extraño para mis compañeros. Me fui en diciembre con el pelo largo y volví con bigote y barba", ríe, mientras se acuerda de esos comienzos de este 2018.
Para él, su caso es excepcional y lo aclara desde un principio: todos los problemas que tuvo fueron en su ámbito familiar, nunca en el público. Tomás sí tuvo que responder preguntas incómodas, enseñarle cosas a muchos amigos, amigas y desconocidos. Pero "todo lo que imaginaba" sucedió en su casa. "Mi papá se enteró y no le gustó nada", comenta. Más tarde mostrará su DNI. Se lo ve con el pelo largo, cara lampiña y se lee su nombre femenino. "No hago el cambio por él", señala.
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Tomás se llama Tomás desde los 14 años. Le llevó apenas unos meses encontrarle un nombre a su identidad. La demora vino en exteriorizarlo. Pero de a poco, comenzó: un amigo de la facultad, el equipo de rugby de diversidad, las marchas del orgullo. Tomás fue buscando lugares donde podía decir y pedir: aunque mi imagen diga una cosa, llamenme así. Ahora es parte de la Asociación Civil Vox y milita la diversidad en general, como parte de un todo: sexualidades, género, identidad, VIH. "El espectro sexual vuela la cabeza: hay mil cosas y aunque no seas ninguna de esas miles, conocer te ayuda a ver de otra manera, a replantearte, a llevar más sanamente tu identidad y sexualidad".
Tomás es Tomás, por dentro y por fuera, desde 2017. Sigue estudiando y a la par vende remeras sublimadas a 300 pesos. Es una changa, mientras espera conseguir algún trabajo más estable. Tiene el pelo corto y barba, es bajito y flaco. Todo forma parte de su identidad. Sin embargo, advierte: puede ser así hoy y mañana se verá. Tomás entendió, desde esos 14 años hasta ahora, que las identidades pueden ser cambiantes y que no cabe salir de un estereotipo para entrar a otro. "Una persona trans no necesariamente se va a hormonizar, operar o tener una estética correspondiente", dice poco antes de finalizar la entrevista.
Tomás pasó momentos difíciles creyendo que "con el tiempo iba a tener más impedimentos y obstáculos". Pensaba que la iba a pasar mal siempre. "Descubrir que puede salir bien me dio una perspectiva de futuro. Sí, se puede hacer algo".

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