Por su parte, la Escuela Provincial de Teatro Ambrosio Morante nació en 1983, como parte del Instituto Provincial de Arte, que también comprende a la Escuela Provincial de Cine y Televisión; su primer director fue Norberto Campos y, desde su comienzo oficial en 1984, funciona en el ya histórico edificio de Alem y Gaboto. Allí, señalan sus autoridades, “se dicta la carrera de nivel terciario con tres años de duración, ofreciendo el título oficial de Actor o Actriz. La Escuela “ofrece una multiplicidad de criterios con respecto a la preparación del actor, incluidos en las distintas asignaturas que integran su programa de estudios: Interpretación I, II y III; Metodología del Actor Creador I, II y III; Expresión Psicofísica I, II y III; Música I, II y III; Análisis de Texto I, II y III; Historia I y II y Práctica Profesional”. Su director, el actor y director Miguel Palma, define así los lineamientos centrales de la enseñanza que se imparte: “Nosotros proponemos una formación a la manera de praxis, es decir que la formación teórica va muy acompañada de una práctica escénica importante. Asimismo intentamos que se conformen grupos de gestión ya que entendemos la enorme dificultad de realizar práctica escénica en forma individual. De esta manera, a lo largo de tres años, los alumnos aprenden el oficio y paralelamente la autogestión necesaria para poder realizarlo. Esto se complementa con la práctica de poscarrera, que se realiza con grupos de egresados que se conforman con este objetivo, y muchas veces logramos que esta conformación trascienda esta primera experiencia”.
Parte de la currícula
Actriz, directora y dramaturga de vasta experiencia, Liliana Gioia es docente de la Escuela de calle Viamonte. Explica así las características de los planes de estudio: “La Escuela de Teatro y Títeres ofrece cuatro carreras de nivel superior de cuatro años de duración, con títulos de validez nacional, para desempeñarse en cualquier jurisdicción del país. Ellas son: Profesor Superior de Teatro con orientación en Actuación, Profesor Superior de Teatro con Orientación en Títeres, Técnico Superior en Actuación y Tecnicatura Superior en Dirección. El perfil del ingresante es distinto en cada una de ellas”.
¿En qué medida influye en la decisión de inscribirse la ilusión de un posible “camino la fama” del aspirante a actriz o actor?
El actor, director y dramaturgo Gustavo Rody Bertol, vicerrector de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres, señala que el perfil social y cultural del ingresante “ha ido cambiando notablemente en estos últimos años. Lo primero es la edad: vienen cada vez más jóvenes, apenas terminan la secundaria, con 18 o 19 años, y otros con 20 o 22. Algunos vienen a inscribirse acompañados de sus padres, una cuestión que señala que llegan con el apoyo y el interés de ellos. Una o dos décadas atrás las cosas eran muy distintas; los alumnos ingresaban con más edad, varios ya con otra carrera avanzada, o tras haber abandonado una carrera y elegir al teatro, como un lugar que si bien siempre les había gustado, no se habían animado. Tampoco faltaban aquellos que pasaban los 30, que lo tenían como una asignatura pendiente y que ahora podían hacerlo por una situación personal, o laboral o familiar. Nadie venía a anotarse con sus padres; por lo general todo lo contrario, venían con cierta resistencia o rechazo familiar. Hoy esto ha cambiado, como han cambiado otros aspectos en la sociedad. Cuando yo empecé a estudiar teatro, a fin de los 70, quien se anotaba en un taller de teatro era sospechado de zurdo, homosexual o alguna variante rara. Un aspecto a favor que traen los ingresantes de hoy es que muchos han conocido algo de teatro en la escuela secundaria. Pero, en contra, es que la mayoría no ha visto una obra de teatro, y si han visto alguna es un espectáculo grande llegado de Buenos Aires”.
Las observaciones del director de la Escuela Ambrosio Morante tampoco son complacientes con los recién inscriptos: “Son muy jóvenes (la mayoría egresados recientes de la escuela media). Casi todos tienen otra tarea, ya sea otra carrera o un trabajo, y sus intereses culturales no están desarrollados. Ni en general, ni en particular sobre la actividad teatral”. Y sobre el espejismo del “camino a la fama” que supone para ellos estudiar teatro, agrega Miguel Palma: “Es una pregunta frecuente que nos hacemos y que les hacemos: por qué eligen estudiar teatro. La mayoría desconoce exactamente de qué se trata y muchos están impulsados por la idea de hacer algo entre lo humorístico y lo vinculado a los medios de comunicación masivos. Nos cuesta mucho, a lo largo de la formación, que comprendan el entramado del oficio teatral y sus reales potencialidades. El índice de deserción inicial (más alto que años atrás) está vinculado con una cierta decepción sobre esta cuestión, aunque es verdad que aquellos que saben a qué vienen encuentran rápidamente un lugar y un espacio para la creación, que muchas veces supera con creces las expectativas. Se forman rápidamente dos grupos en cada división: los que comprenden la liturgia teatral y disfrutan de haber encontrado un lugar único; y los que dan vueltas intentando encontrar aquellas cuestiones vinculadas con la búsqueda de trascender rápidamente”.
Ese incierto “camino a la fama”, dice en tanto Bertol, “influye mucho en estos tiempos, ya que es el modelo que se transmite a partir de las ficciones televisivas, que es lo que circula en el imaginario social. Esto no ocurría hace un par de décadas, cuando la cuestión estaba más atravesada por otras cosas, más relacionada a lo grupal, a lo micropolítico. Hoy los alumnos se asombran cuando les solicitamos que vayan a ver el teatro que se produce en Rosario y se encuentran con salas pequeñas, de 50 u 80 espectadores, en lugares no convencionales. De algún modo, en Rosario enseñamos teatro para insertarse en esas salas, que son los lugares donde trabajamos los que les damos clases. Es una enseñanza ligada a un modelo de producción concreta, la del teatro en Rosario”.
Mientras tanto, Gioia discrepa con sus colegas: “La fama no es algo que motive al ingresante a nuestras carreras, que busca fundamentalmente formación solvente, rigurosa, amplia y diversa. Por otra parte, la fama no se obtiene con el teatro por concurrida y aprobada que sea la obra. La fama como ese lugar de altísima notoriedad o divulgación está unida a la presencia del actor en la televisión y lamentablemente los canales de Rosario (que más que canales podrían ser repetidoras de la ficción de Buenos Aires) no ofrecen la posibilidad de hacer ficción local en formatos de unitarios, telenovelas, programas humorísticos, infantiles”.
Aunque el suyo sea un caso muy especial, importa escuchar a esta altura la voz de una alumna. Miranda Postiglione es hija de Gustavo —director de El asadito, Brisas heladas y otras películas representativas del cine argentino/rosarino— y estudia en la escuela de calle Viamonte. “No sé exactamente el momento en que me decidí, pero ya en tercero o cuarto año de la secundaria sabía que quería seguir teatro, averigüé por las dos escuelas, seminarios y talleres. Y decidí anotarme en la Provincial de Teatro y Títeres, por tener cuatro carreras enlazadas en un mismo edificio, y así poder interrelacionarme con los demás”. Miranda no está segura de la influencia familiar (además de su padre, su madre y su hermano tienen que ver con actividades artísticas): “Supongo que todo influyó y ayudó un poco en la decisión. Como también hacer teatro y no cine, para intentar separar un poco la trayectoria de mi padre con aquello que yo quiera hacer, crear o formar”.
Sobre la tendencia a emigrar de muchos, declara que “siempre dije y supe que quería quedarme en Rosario para ejercer, que hay mucho potencial y muchas cosas para hacer y seguir construyendo. Hoy no tengo la certeza de que me voy a quedar para siempre, pero sí que es una ciudad que me encanta y que tiene para sacarle jugo, y también ayudar y luchar para que no muera el arte, y el teatro rosarino crezca cada día un poquito más”.
Desde los cuatro años
Otras experiencias, otros objetivos y otros perfiles de estudiantes tienen las escuelas de comedias musicales, que en los últimos años se han desarrollado en la ciudad. Dos de esas instituciones tienen como centro de operaciones dos salas tradicionales, teatros con grandes escenarios que permiten trabajar puestas en escenas complejas, con muchos personajes y recursos técnicos: El Círculo y el Broadway (que dicta sus clases en Entre Ríos al 400).
El Estudio de Comedias Musicales El Círculo se originó en 1994 y esa primera etapa es relatada así por Mariana González Pozzi:
“En 1994 se abrieron las puertas del teatro para recibir a los primeros alumnos; llegaron llenos de expectativas, sin saber qué iban a encontrar. El staff docente original apuntaló la escuela y fue un pilar en nuestro desarrollo. Mirko Buchín y Kelly Dugan en teatro, Marichín Bergallo en canto, Mabel Rivero en danza y yo en puesta en escena. A partir de allí comenzó nuestra historia. Este primer grupo estaba formado por jóvenes y niños con una marcada vocación por el arte. Con ellos se estrenaron los primeros musicales, Fama, Cenicienta, Robin Hood, con los que hicimos temporadas en Mar del Plata, ganamos premios, vivimos esta carrera a pleno. Muchos de ellos hoy son de mi staff docente más calificado”.
En salas especialmente acondicionadas del tradicional teatro de Mendoza y Laprida, el Estudio ofrece cinco categorías, según las edades de los alumnos que ingresan: Babys (4 años), Niños (6 años), Preadolescentes (8 años), Adolescentes (11 años) y Adultos (17 años). Cada una tiene distintos niveles de tres o cuatro años de cursado.
“El perfil sociocultural de los alumnos que se acercan a nuestra escuela es diverso pero queda automáticamente equiparado al entrar a las aulas de estudio —prosigue Pozzi—. Los artistas se miden y califican siempre por la entrega y la pasión que demuestran sobre un escenario. Los más pequeños se acercan de la mano de sus padres. Ellos desean brindarles un espacio de formación y recreación y disfrutan al verlos crecer rodeados de la magia del teatro. El objetivo que persiguen nuestros estudiantes mayores es, sin lugar a dudas, hacer esto que aman toda su vida. Y los más chiquitos sueñan con actuar en televisión como sus ídolos juveniles. Por mi larga experiencia puedo asegurar que el objetivo se alcanza siempre cuando hay mucho estudio, entrega, paciencia. Y por sobre todas las cosas dignidad y ética profesional. Existen muchísimos nombres de ex alumnos que hoy brillan en el mundo del espectáculo. La mayoría llegó al Estudio de muy pequeñitos, otros de adolescentes, jóvenes o adultos. Muchas son las escuelas de comedia musical en Rosario que están dirigidas e integradas por personal docente formado en nuestra casa y existen alumnos en España, Estados Unidos, México, Canadá, que siguen su carrera artística de manera exitosa”.
Ana Cecilia Mastrangelo, Franco Pietrani, Federico Piazza y Diego García son los responsables de Artistas, “una Escuela de Artes Escénicas y Teatro Musical destinada a niños, adolescentes y adultos que busca la formación integral del alumno brindándole las herramientas necesarias que le permitan desarrollar su máximo potencial creativo y expresivo en un ambiente de trabajo placentero, utilizando como soporte la música, la danza, la actuación y el canto, elementos fundamentales de la comedia musical”.
“Artistas —precisa Piazza— está dirigida a toda persona que tenga el deseo de experimentar la comedia musical, sin la necesidad de contar con una previa formación y sin límites de edad. La carrera tiene una duración de tres años, cursando dos veces a la semana con un total de seis materias anuales. Estamos ubicados en Santa Fe 1360, planta alta. Muchas de las personas que se acercan, en especial los más jóvenes, tienen como objetivo alcanzar la fama rápidamente debido a que los medios promueven que es más importante el resultado que el proceso de formación. En Artistas fomentamos la pasión por aprender y que el superarse sea parte del trabajo cotidiano para así lograr el objetivo de cada alumno. Partiendo de esta premisa tenemos la satisfacción y el orgullo de contar con alumnos que han accedido a diferentes becas para continuar su formación en Buenos Aires y otros en Estados Unidos, cuna de la comedia musical”.
Montón de ilusiones
Con amplia trayectoria en la danza y en la comedia musical, Pecky Land (creadora, entre muchos otros espectáculos, de Glamorée) también sabe de qué está hablando: “En los últimos tiempos hemos asistido a una proliferación de muchos que sin formación y producto del show business tuvieron efímeros éxitos. Sólo los que abrazaron con disciplina la profesión perduran a través del tiempo y son los que siguen en el corazón del público que cuando tiene oportunidad los disfruta. Rosario siempre fue cuna de grandes artistas, en la actuación, el baile y el canto. Descendientes de grandes maestros como Victoria Colosio, Jorge Colosio, Nigelia Soria, Beba Demarchi, Julio e Hilda Somaschini, Clara Berri, Hector Barreiros, sólo por nombrar algunos. La evolución que ha ido teniendo la formación de los bailarines y actores, impulsada en muchos acasos por programas de la televisión que conforman un show mediático del que todos quieren participar, se ha convertido en definitiva es un gran negocio para unos pocos, pero representa mucho para quienes quieren participar o vivir del arte. Este gran fenómeno ha impulsado a niños y jóvenes. Las escuelas de arte han tenido un crecimiento exponencial. Esto se dio en tan poco tiempo, que hizo que surgieran escuelas para formar que no siempre han tenido como fin último la perfección de una disciplina —como la danza, la actuación, el canto— sino el negocio de quienes han explotado distintas escuelas de alumnado masivo”.
Respecto de los adolescentes que muchas veces se acercan trémulos a informarse sobre carreras y cursos, Land observa que “generalmente, vienen con un currículum y un montón de ilusiones. Después, algunos pueden concretar y otros no, como en toda disciplina. En mi larga carrera de 43 años he visto muchos artistas valiosos. Por citar sólo un ejemplo, un bailarín de mi compañía muchas veces tuvo que elegir entre comer un pancho o tomar un bus para llegar a un ensayo o una función. Éste, como otros, concretó sus sueños. Hoy son grandes artistas y están trabajando en importantes compañías de Buenos Aires y el mundo, siendo reconocidos por sus pares y el público”.
Pero ese reconocimiento no siempre hace justicia con los creadores de aquí y ahora: “Lamentablemente, y en esto soy muy crítica, Rosario valora muy poco a sus artistas nativos, y éstos cuando trascienden mudan sus actuaciones a otros lugares del país o del exterior. Esto es increíble, porque en Rosario han actuado y actúan los grandes. He visto muchísimas puestas excelentes en la ciudad, pero con poco público. Es muy difícil llevar al público masivamente a ver un espectáculo hecho en la ciudad, por eso digo que a veces se valora muy poco a los artistas rosarinos”.
El espejismo de la fama
Un viejo proverbio español dice que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Parecen categorías imposibles de parangonar, pero si se atienden las motivaciones que suelen condicionar el gran conocimiento público de una actriz o un actor (para no hablar de ciertos periodistas, locutores, modelos, deportistas o dirigentes políticos) se verá en qué fuegos se cuecen vanidades, intereses y concesiones diversas. Encima, siempre hay alguien dispuesto a vender su alma al diablo.
Muy distinto es el prestigio que una actriz o un actor se ganan en un camino no menos arduo pero sí más gozoso con el estudio, la sensibilidad, la imaginación, el placer de crear y el deseo de seguir avanzando sin prisa pero sin pausa para llegar, algún día, a la anhelada condición de artista.