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"Estar feliz siempre tiene que ver con el otro"

Lo dijo Pina, miembro de Casa del Paraná, una asociación civil rosarina que asiste a personas con algún padecimiento psíquico y que propone un abordaje integral. Un espacio que invita a mirar desde una perspectiva comunitaria y toma como pilares la inclusión social y laboral.

Domingo 27 de Octubre de 2019

Hogar. Es la primera palabra que emerge en un sinfín de intentos por escribir un principio para esta nota. Tocás el timbre en calle Saveedra 1263 y alguno de los miembros de Casa del Paraná te recibe, asiste y acompaña en lo que necesites.

Aparecen Rita, Jorge, Lucas o Verónica, que dirigen, presiden y coordinan actividades, respectivamente. Todo lo que sucede tiene impronta de familia, en el sentido más amplio del concepto. Las jornadas van de lunes a domingo, desde temprano hasta la tarde. Se organizan las tareas diarias y nadie queda sin un rol para cumplir: preparar el almuerzo, ir al supermercado, actualizar las redes sociales, ocuparse del jardín.

Los matices son la constante, lo único blanco y negro es el piso de una galería que se extienden por todo el lugar y termina en una sala que tiene un gran ventanal hacia el patio. Me paro en ese sector, observo el verde y la huerta hecha por ellos.

Paz, es la segunda palabra que surge. Un silencio respetuoso invade los sentidos. No suenan celulares y los diálogos son genuinos, profundos. Mirando por ese ventanal viajo por un mundo de teorías aprendidas, autores, películas, obras de arte y todo aquello que siempre nombró o hizo referencia a la salud mental. Ese bagaje se disuelve apenas me doy vuelta y empiezo a escuchar historias.

Una palabra, miradas, abrazos y silencios derrumban todo lo que pueda estar escrito bajo la forma de una norma o tratado sobre lo que es o deja de ser la salud mental.

Es en el momento en el que la página se pone en blanco para empezar a volcar lo que ven los ojos, y lo que dicta el corazón, que acá se siente más humano.

No al encierro

Casa del Paraná se corre del concepto de institución monovalente o manicomio, como comúnmente se conoce. Se basa en un modelo internacional definido como Casaclub y el Clubhouse International es el organismo que nuclea y verifica los estándares de funcionamiento de los más de 300 Clubhouses ya existentes en 32 países del mundo. Casa del Paraná es la primera institución de estas características de habla hispana en Latinoamérica, lo que inspiró de modelo a otra Casaclub instalada recientemente en Buenos Aires.

Su objetivo es la inclusión social y laboral de las personas con algún tipo de padecimiento psíquico.

"Creemos que el diagnóstico no define la totalidad de la persona sino que es solo una parte de ella. A través de los distintos programas que llevamos adelante, queremos darles herramientas para la independencia, la vida en comunidad y el apoyo mutuo", dice Rita Larrañaga, directora de Casa del Paraná. ╠

La institución trabaja con personas que tienen autonomía y deciden asistir voluntariamente. Las mismas eligen la cantidad de días y horas que quieren quedarse. No son pacientes sino miembros.

Casaclub brinda una jornada diaria y programas recreativos y sociales durante las tardes, fines de semana y feriados. También asiste a las personas para que persigan metas vocacionales y educativas, ayudándoles a aprovechar las oportunidades dentro de la misma comunidad y a fomentar estilos de vida saludables.

Otro de los puntos importantes es el Programa "Empleos de Transición" que proporciona a los miembros la oportunidad de retomar un trabajo remunerado, dentro del sector empresarial y comercial.

“Ayudar a los miembros a encontrar y mantener puestos de trabajo dentro de la comunidad es un objetivo primordial. Para esto contamos también con el apoyo del sector público y el sector privado”, señala Rita.

Familia numerosa

Casa del Paraná no está a la vera del río homónimo, sin embargo, su misión es ser puerto. Su muelle está en la zona sur y siempre está lleno de barcos cuyas velas flamean en el viento.

La locura recibió distintos significados según la época. Del mismo modo la palabra normalidad fue mutando según los intereses de turno. Las teorías de Nietzsche o de Michel Foucault parecen más vigentes que nunca cuando se retrocede en materia de derechos y vuelve el fantasma de la exclusión, tal como lo plantea el Bosco en su obra de arte La Nave de los Locos, un barco que se lleva todo lo que es viciado. Así se consideraba a la locura en la Edad Media.

Este tiempo pide la integración, la escucha, la aceptación y la convivencia. También insiste en el compromiso de levantar la mirada y ver como las velas ondulan en el viento.

Hay vínculos que son viento y puerto, y este sitio tiene esa doble condición, y más. Pasar por ahí tiene una cualidad transformadora, no solo para los miembros, también para cualquiera que esté interesado en visitarla: una vez que se conoce el lugar, la soledad saca miles de pimpollos y se convierte en un ramo lleno de flores que se acompañan.

Damián Figueroa

Tiene 45 años y nació en un pequeño pueblo de Salta. A los 15 vino a Rosario con su familia. Actualmente vive con su padre en el barrio de Cabín 9.

Tiene ojos grandes, expresivos y habla pausado. Le gusta mucho la lectura aunque ahora ve poco porque tiene pendiente hacerse los lentes. Uno de sus escritores favoritos es Borges y dice que sus textos lo ayudaron a salir adelante. También participa de un programa de radio que nació hace muchos años entre las paredes de Casa del Paraná.

Estuvo bajo tratamiento psiquiátrico en el Agudo vila. El diagnóstico: esquizofrenia.

En 2011, por sugerencia de sus médicos, se acerca a Casa del Paraná: “Yo personalmente no estaba bien. No podía expresarme, estaba bloqueado, tenía miedo y eso desapareció cuando ingresé acá porque hay personas que se preocupan por vos y tu bienestar”, expresó Damián.

Mariano González

Tiene 30 años y se recibió de periodista deportivo. Conduce el programa radial Caramelos Surtidos —experiencia que nació hace 8 años como un proyecto junto a extensión universitaria de la UNR—. Vive con sus padres y trabaja en el negocio de la familia y actualmente participa del Programa de Empleos de la Casaclub.

Se acercó a este lugar en el 2012 con un diagnóstico y tratamiento médico: “Tuve años muy perturbadores, me sentía perseguido, solo. Casa del Paraná me ayudó a salir, a abrir las puertas, a relacionarme con la gente, tener amigos. Me siento otra persona. Cambié y por suerte para bien. Estoy capacitado para hacer cosas que antes no podía hacer. Me encanta estar en actividad y eso es muy importante. Estoy construyendo como me quiero ver en un futuro”, cuenta Mariano.

Gustavo Zerga

Tiene 48 años. Vive solo y se sostiene económicamente. Uno de sus hermanos reside en España y otros dos en Rosario. Su hija está también en el Viejo Continente. Es de los históricos de Casa del Paraná porque se acercó en el 2011.

Su historia se cruza con la de Damián ya que ambos compartían la misma psiquiatra en el Agudo Ávila.

A sus 35 años estaba viviendo en España y distintas circunstancias de la vida hicieron que tuviera varios episodios de brotes psicóticos que derivaron en una depresión severa. En el 2008 regresó a la Argentina pero su diagnóstico se había "incrementado" y allí su familia decidió internarlo: “Cuando me di cuenta de que estaba ahí me preguntaba que me había pasado, no me sentía identificado en ese lugar. Al poco tiempo me dieron el alta y mi psiquiatra me habló de Casa del Paraná”, narra Gustavo.

A partir de ahí comenzó a concurrir frecuentemente a la Casaclub y a establecer lazos de amistad que trascienden las paredes del lugar. Ahora está tomando cursos de idiomas y ampliando su círculo de amistades.

En 2014 quedó elegido para participar del Programa de Empleo de la entidad hasta que finalmente comenzó a trabajar en planta permanente en la empresa Veneta Rosario: “Yo soy un tipo que tengo una filosofía de vida: lo que no me mata que me fortalezca; me cultivé un poco con eso y yo le doy como un toro aunque me cueste”.

Gustavo dice que se siente protegido y que es importante, desde lo humano, experimentar esa sensación. Hace poco perdió a su mamá y estar en compañía lo sostiene.

“Me acuerdo cuando vine por primera vez. Dije que me sentía muy solo y Rita me respondió que ya no iba a estar más solo. A veces es como un milagro recuperarse cien puntos pero a veces los milagros existen. Hay que creer en la vida. El hecho de estar vivo está re bueno”, afirmó Gustavo.

Pina

María Guadalupe Torres (Pina) tiene 53 años y vive con su hijo de 23. Se recibió de licenciada en Bellas Artes.

Se acercó a Casa del Paraná en 2011, por recomendación de su hermano. Tuvo períodos donde no pudo seguir asistiendo y se llenaba de trabajo y obligaciones para escapar de sus “caídas de fichas”.

“Antes pensaba que estar sola estaba bien y era lo normal y en un momento me di cuenta de que no, que es necesario estar acompañada, pero sé que es difícil. Más difícil que estar sola. Soy muy tímida, me gusta mucho trabajar y pasé por muchos trabajos. Trato de que haya un futuro para mi, que no se me derrumbe todo”, explica Pina.

Cuenta que la Casaclub le ayudó a poner los pies en la tierra, a madurar, ya que antes los tenía en una nube, en un mundo de niña que ella misma construyó. “Estar feliz es compartir, siempre tiene que ver con el otro”, acota Pina.

Aclara que su visión no es la de antes, pero que le sigue gustando dibujar, hacer serigrafía y la carpintería. “He sido muy exigente conmigo. Me di cuenta hace poco. Me parece que antes me veía para adentro, como si tuviera los ojos al revés”.

En la Argentina

Jorge Baldarenas es presidente de la asociación civil Casa del Paraná y sigue de cerca los marcos legales que fueron mutando el concepto de salud mental: “El Código Civil hizo un cambio en agosto de 2015 e incluyó a la persona y sus capacidades. Antes nombraba el tema de un modo abstracto y excluyente. También considera a la internación como una restricción a la libertad y la figura del curador es reemplazada por el apoyo que puede brindar una persona especializada o institución. Agrega, además, el consumo problemático de sustancias dentro de los problemas de salud mental”.

En este contexto, se suma el significado que le dio la Organización Mundial de la Salud para definir a la salud mental “como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

En este discurso aparece el concepto de comunidad, contemplando los aspectos positivos de las personas en relación a su entorno y no como sujetos aislados.

La Ley Nacional de Salud Mental que se promulgó en el 2010 es otro aspecto a considerar. Más allá de los tecnicismos que incluye toda norma, reconoce por primera vez los derechos, las garantías y las libertades de las personas con padecimientos psíquicos y como un proceso determinado por la interacción de distintos componentes: sociales, biológicos, culturales, entre otros.

“Se debe partir de la presunción de las capacidades y derechos de las personas. Nunca se debe hacer un diagnóstico a partir de un solo componente. Parece una obviedad pero es de avanzada”, sintetiza Rita.

La ley también tenía un plazo que vence a principio de 2020 para que cierren los neuropsiquiátricos y se sustituyan por la atención en los hospitales generales. Sin embargo, este objetivo se puso en marcha muy lentamente y los números que arrojó el último censo que presentó la Secretaría de Salud de la Nación en materia de salud mental son alarmantes. Hasta la fecha hay 12.035 personas internadas en 162 manicomios de todo el país. El promedio de tiempo de internación es de 8 años en el sector privado y 12 en el público.

Otro dato importante es que el 36% de esta población está internada por riesgo comprobado, de modo que el resto, un 64% no requieren una internación.

“La ley en vigencia pide a gritos la creación de dispositivos sustitutivos basados en la comunidad y sin embargo, en la práctica, hay un gran vacío en la materia y los modelos actuales como el nuestro, no son regulados por el Estado y deben adaptarse a los nomencladores ya existentes como los Centros de Día”, sentencia Rita.

En Casa del Paraná de los miembros pagan una cuota que se ajusta a las posibilidades de cada uno. La institución recibe distintos subsidios y apoyos de particulares.

En contacto

“Todos conectados”. Con esa frase, Gustavo resume el espíritu de la charla. Rita propone un ida y vuelta en el que sumemos ideas para que los rosarinos y rosarinas conozcan la Casaclub. Seguramente, todos tenemos una historia que “acerca” a este lugar y a su vez, se entrelaza con otras historias.

   Durante el encuentro surge la figura de Nise da Silveira, una psiquiatra brasilera pionera en introducir el arte en los neuropsiquíatricos y el trato humanizado en tiempos de lobotomía y electroshock.

   En uno de los documentales que se hicieron sobre su vida, aparece ya envejecida —murió en 1999— pero su voz se mantiene con la misma fuerza con la que enfrentaba (siendo la única mujer) los intereses mezquinos de su tiempo. Allí dice que piensa como Antonin Artaud: “Hay 10 mil maneras de ocuparse en la vida y de pertenecer a su época”.

   Esa voz de Nise es el faro para seguir construyendo maneras para ocuparse en este tiempo.

Simposio

Casa del Paraná organizará el 14 de noviembre, de 8 a 17, en la sede de Federación Gremial, Córdoba 1868, un Simposio sobre Abordajes Comunitarios en Salud Mental. Se pedirá un alimento perecedero como entrada a beneficio del Banco de Alimentos Rosario. Más información en www.casadelparana.org.ar

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