Tras atravesar uno de los años más complejos de la última década, el sector de los gimnasios en Rosario muestra en este inicio de año algunas señales de recuperación, aunque todavía persisten tensiones estructurales vinculadas a los costos fijos, la actualización de cuotas y la pérdida de poder adquisitivo de los socios.
El balance que hacen los referentes del rubro coincide en un punto central: 2025 fue, para muchos, el peor año desde que están en actividad, exceptuando obviamente a la pandemia. La combinación de bajas en la matrícula, aumento de alquileres, subas en servicios y dificultades para trasladar esos incrementos al valor de la cuota terminó de ajustar una ecuación que ya venía tensionada.
“De mi sector, el 2025 estuvo bastante jodido, hubo muchas bajas por lo económico. Fue, sin dudas, el año más difícil que me tocó atravesar”, resumió un titular de gimnasio consultado.
Costos e ingresos
Desde la Cámara de Gimnasios de Rosario, Víctor Armandi explicó que el problema no fue solo la caída de socios, sino el desfasaje creciente entre los costos y los ingresos. “Muchos sufrimos incrementos trimestrales de alquiler y, cuando hay que renovar contrato, los saltos son aún mayores. A eso se suma el fuerte aumento en la energía eléctrica y otros servicios”, señaló.
Según Armandi, el mayor desafío estuvo en la imposibilidad de actualizar la cuota al mismo ritmo. “Es muy difícil incrementar el valor porque el usuario siente que no hay inflación o directamente no puede pagarlo. Esa tensión fue lo más relevante del año pasado”, afirmó.
En paralelo, los gimnasios también debieron ajustar los honorarios de profesores y entrenadores, un costo que crece de manera constante pero que no siempre se refleja hacia afuera. “El ajuste existe, pero es invisible para el socio. A nosotros nos sube el alquiler cada tres o cuatro meses y a los profesores hay que actualizarles la hora. Todo eso se absorbe internamente”, explicó otro referente del sector.
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Señales mixtas
El arranque de este año mostró un escenario dispar. Para algunos gimnasios, enero fue mejor que el mismo mes de 2025, con una leve recuperación en la cantidad de socios. En parte, lo atribuyen a que muchas personas optaron por no irse de vacaciones por razones económicas y mantuvieron sus rutinas en la ciudad.
“En nuestro caso, enero estuvo mucho mejor que el mismo mes del año pasado, ojalá se sostenga”, expresó Armandi, aunque aclaró que el comportamiento no es homogéneo en toda la ciudad.
En zonas céntricas, la dinámica fue distinta. Desde un gimnasio del centro advirtieron que la estacionalidad sigue pesando. “Tengo casi la mitad de los socios de vacaciones. El que no viaja muchas veces elige no pagar y va a una pileta. Esperamos una mejora recién para febrero”, señalaron.
La situación varía en otras zonas de la ciudad. “Es cierto que se fue mucha gente, pero también empezó gente nueva. Tal vez tenga que ver con el barrio o con un comportamiento distinto del público”, admitió Armandi.
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Proximidad
Otro de los factores que aparece en el diagnóstico del sector es el crecimiento desordenado de la oferta. En los últimos años se multiplicó la apertura de gimnasios en zonas ya saturadas, sin que exista un control efectivo sobre la denominada ordenanza de proximidad, una normativa que, según recuerdan referentes del rubro, regulaba la distancia mínima entre establecimientos.
“Han abierto infinidad de gimnasios y no se respeta la ley de proximidad, si es que todavía existe. Eso fragmenta la demanda”, advirtió Víctor Armandi, de la Cámara de Gimnasios de Rosario.
Según explicó, este proceso comenzó a profundizarse hace aproximadamente cinco años y en muchos casos está vinculado a la llegada de cadenas o modelos de bajo costo, con valores de cuota que resultan difíciles de sostener en el tiempo. “Quienes estamos hace muchos años en el rubro sabemos que son esquemas imposibles de mantener y muy difíciles de competir, con cuotas irrisorias”, señaló.
En la misma línea, Andrés Pellicciotti, titular de un gimnasio céntrico con más de dos décadas de trayectoria, sostuvo que el año pasado no fue malo en términos de asistencia, pero sí complejo por la licuación de la demanda. “Hoy hay más gente yendo al gimnasio que antes, pero como la oferta creció de manera exponencial, no se nota el repunte. Se abrió un gimnasio por cuadra y eso repartió a los socios”, explicó.
Pellicciotti destacó además un cambio en el comportamiento del público. “El gimnasio dejó de verse solo como algo estético y pasó a ser parte de la rutina de salud. La gente quizás baja la frecuencia, pero no deja de venir”, señaló. Sin embargo, advirtió que competir con grandes cadenas de bajo costo resulta cada vez más difícil para los gimnasios pequeños. “No cierran los números. Por eso apostamos a un trato más personalizado, más humano, que creemos que va a marcar la diferencia”, remarcó.
Reacomodamiento
El diagnóstico compartido es que el sector atraviesa una etapa de reacomodamiento, con gimnasios que resisten ajustando costos, otros que buscan diferenciarse por la calidad del servicio y un público cada vez más sensible al precio.
La recuperación, coinciden, será gradual y dependerá no solo del repunte del consumo, sino también de la estabilidad de los costos y de la posibilidad de sostener planteles y servicios sin deteriorar la calidad.
Por ahora, el alivio es moderado y el recuerdo del año pasado sigue funcionando como advertencia: el equilibrio del negocio sigue siendo frágil.