La Región

Lucha por saber qué pasó con el avión que piloteaba su papá hace 55 años

Cecilia Viberti es la hija de uno de los pilotos del TC-48 que desapareció en Costa Rica y sigue luchando por saber qué pasó. Mañana se inicia otra expedición.

Jueves 25 de Marzo de 2021

El misterio, las dudas, la pesadumbre y las incógnitas por saber lo que sucedió con aquel avión desaparecido en 1965. Todo eso unido durante 55 años sin noticias y con una angustia eterna de los familiares de los 68 pasajeros de los cuales no se sabe absolutamente nada. Pero ahora una nueva luz de esperanza se encendió porque habrá otra búsqueda, en este caso de la compañía missing.aero y guiada por satélite desde Suiza, que se inicia este viernes para conocer la verdad de lo sucedido con aquel avión TC-48 que se esfumó como por arte de magia. La lucha de los familiares nunca se acabó y persiste porque el fin es encontrar una respuesta a una pregunta eterna: "¿Qué pasó?".

La triste historia se remonta al 3 de noviembre de 1965 (55 años, 4 meses y 18 días) cuando el avión TC-48 que transportaba a cadetes de la Escuela de Aviación Militar partió desde El Palomar y, luego de varias escalas, se perdió todo tipo de rastro en Centroamérica, más precisamente en la zona de la Cordillera de Talamanca, Costa Rica. Desde aquel entonces la lucha de los familiares se hizo cuesta arriba y siempre dudaron de la información que brindó la Fuerza Aérea, donde primero se dijo que había caído al mar -se mostraron imágenes de salvavidas rescatados del agua como para mitigar el dolor de las familias y era falso- y después en tierra. En lo que hubo coincidencia entre los familiares de las víctimas es que el avión partió con algunos desperfectos, pero hasta el momento nunca se pudo establecer con total certeza. Porque surgieron muchas mentiras en torno a este episodio, seguramente con el fin de desviar la atención y esperar que el tiempo haga su trabajo. Es decir, que los familiares de las víctimas se cansaran y desistieran de la búsqueda de la verdad. Error, porque la pelea continúa.

"Las locas del 48", así fueron bautizadas las mujeres que pidieron -y aún lo siguen haciendo- explicaciones. Una de ellas es Cecilia Viberti, hija de uno de los pilotos del avión, Esteban José Viberti, y que está radicada en Funes.

Cecilia tenía 9 años cuando junto a su mamá y hermanos estaban viendo una novela en El Palomar, donde vivían. De repente se cortó la programación y se informó sobre la desaparición de un avión. Su madre quedó impactada. No era para menos porque se trataba del que piloteaba su esposo, Esteban José Viberti. "A partir de ese momento comenzó a sonar el teléfono y no paraba de hacerlo", recordó Cecilia en diálogo con La Capital.

Nunca se imaginaron la intensidad del sufrimiento que se inició a partir de ese momento y que aún persiste. Cecilia construyó su vida, tuvo tres hijos -vivió en Córdoba, en Italia, en Rosario y actualmente en Funes- y ahora disfruta de sus tres nietos, pero nunca dejó de luchar por saber la verdad ante tantas mentiras que se dijeron. Muchas de ellas que surgían desde la Fuerza Aérea, la que "tendrá que dar respuestas si se logran encontrar los restos del avión y de los desaparecidos".

Transitar la vida con esa "cruz de dudas" durante tantos años no fue nada sencillo. La pregunta siempre fue exactamente la misma y repetida durante 55 años: "¿Qué pasó?". No recuperará a su padre, pero sí podrá sanar su corazón sabiendo la verdad de lo sucedido en aquel siniestro. Tan simple, pero tan difícil de conseguir. Los años transcurridos así lo demuestran y las incógnitas del porqué aún no se supo nada se multiplicaron con el paso del tiempo.

"A mi madre es un tema que le duele mucho y no quiere hablar de eso. Siempre me apoyo en la búsqueda, pero se mantiene en su postura de no saber nada porque le hace mal", contó Cecilia, quien se dedicó al comercio y cuando vivió en Italia se transformó en la primera importadora de zapatos para bailar el tango. "Me fue muy bien gracias a eso" y hoy le quedó alma de tanguera, tal como a uno de sus hijos.

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En el medio de las investigaciones que se realizaron durante este largo período aparecieron algunas versiones que nunca terminaron de confirmarse. Una de ellas lo tuvo como protagonista al “Indio Porfiador”, un indígena que aseguraba que había encontrado partes del aparato y que mató a algunos cadetes que sobrevivieron al impacto de la caída para robar sus pertenencias. Lo dicho por el aborigen quedó como uno de los tantos mitos que se tejieron en torno a este caso y que se publicaron en diferentes medios. Aunque para Cecilia este es el punto por el cual se elevaron las esperanzas por encontrar la verdad.

"El dato del indio permitió encontrar, con la tecnología utilizada, que hay siete anomalías en esa zona en cuestión. Y la tribu de los indios está ubicada a 5 kilómetros donde posiblemente cayó el avión", relató.

Este viernes se inicia la expedición hacia la zona, pero "los indios ya se enteraron y avisaron que no van a dejar entrar a nadie. Esa zona fue declarada sagrada. Pero por algo no quieren que nadie vaya, quizás porque saben que saquear es algo malo que hicieron sus antepasados y cargan con esa cuestión".

Cecilia, que hace más de tres décadas realiza una investigación activa, dijo que "los integrantes de la expedición irán con el fin de dialogar y convencer a los indios de que los dejen hacer su trabajo. No hay nada contra ellos porque fue hace mucho tiempo. Lo bueno es que dentro de la comitiva hay un indio y quizás él pueda convencerlos".

No existe optimismo ni pesimismo en esta nueva búsqueda por encontrar el avión y los restos de los tripulantes, más aún por todo lo transitado y los intentos frustrados que hubo durante tantos años. Pero hay indicios de que esta vez podría descubrirse la verdad. De ser así, todo está preparado para analizar los restos de las personas e identificarlas. Y, en consecuencia, cerrar una historia que aún no tiene final.

La expedición

Este viernes comenzará la expedición terrestre privada que se introducirá en la Cordillera de Talamanca en Costa Rica en busca del "TC-48", el avión de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) que desapareció sin dejar rastros el 3 de noviembre de 1965. "El avión transportaba 68 militares (incluidos 54 jóvenes cadetes) entre la Base de la Fuerza Aérea Howard (Zona del Canal de Panamá en 1965) e Ilopango, el aeropuerto internacional de San Salvador, en El Salvador. Y la misma durará diez días. Ella es posible gracias a la convergencia de medios y voluntades de tres grupos en tres países diferentes", reza el comunicado al que tuvo acceso este medio.

"Durante más de 30 años -agrega Viberti-, el colectivo de TC-48 (familiares de las víctimas) ha participado y financiado expediciones de investigación en Centroamérica y ha compartido con exploradores e investigadores sus valiosos datos, testimonios y documentaciones. En Suiza, la asociación missing.aero trabaja de forma independiente desde 2017 para crear un nuevo state of the art para la búsqueda de aviones perdidos. El TC-48 es una de las seis misiones emprendidas para desarrollar nuevos útiles y métodos de búsqueda. Para esta expedición en la Cordillera de Talamanca, missing.aero proporciona resultados de sus investigaciones, incluidas simulaciones de trayectoria de vuelo y análisis de imágenes satelitales para guiar al personal en tierra".

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Con toda o poca información que fue recogida durante largos años se espera que esta vez sí se logre dar con el avión desaparecido y así comenzar a dilucidar el enigma sobre el accidente que se cobró tantas víctimas. Y que de esta manera los familiares encuentren una respuesta, la que vienen pidiendo hace más de cincuenta años.

Cecilia habló de las siete anomalías detectadas por missing.aero y "en una zona de interés (ZI) de unos 2 km de diámetro, donde convergen testimonios, cálculos de trayectorias y escenarios de crash. Los análisis de imágenes infrarrojas térmicas e hiperespectrales adicionales confirman la presencia de estas anomalías en el ZI. La zona, en un contexto topográfico muy accidentado y deshabitado, está cubierta por un bosque tropical inextricable cuyo dosel se eleva a más de 50 metros de altitud. En el estado actual de nuestra investigación, la verificación de las anomalías en esta ZI solo se puede hacer pie a tierra y machete en mano”, indica el parte dado a conocer.

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