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Cuando la desidia le gana a la prevención

Muchas, muchísimas veces, hemos dicho que los siniestros de tránsito fatales son un cáncer constante en la Argentina.

Jueves 26 de Octubre de 2017

Muchas, muchísimas veces, hemos dicho que los siniestros de tránsito fatales son un cáncer constante en la Argentina. Por décadas, desde fines del siglo XX, han muerto más de siete mil personas al año en accidentes viales, incluso hubo picos de 10 mil. Independientemente de que en los casos que ocurrieron ayer en Andino y el lunes en San Lorenzo, milagrosamente, no hubo muertos, se debe prevenir y una forma es que no se brinden más ocasiones de riesgos que los que la imprudencia en sí origina. Un paso a nivel sin barreras, es eso, un riesgo, y hay miles así.

Para peor de males esto, como en muchos cruces de vías del país, no es nuevo; existe desde siempre. Donde ocurrió el choque de ayer se viene pidiendo una barrera hace décadas y se siguió reclamando tras el trágico accidente de mayo de 1992.

En la Argentina, la sociedad está dividida por diversos motivos, que no sólo pasan por temas políticos, también se divide en quienes piden y proponen simples soluciones, y los que dejan pasar décadas y no las implementan. Algunos dirán que es por los costos; no, no es así. Una vida vale mucho más. Cuánto cuestan los —sin exagerar— más de 200 mil seres humanos que fallecieron en los últimos 25 años en accidentes viales en la Argentina. Es alarmante, unos 23 muertos por día, en promedio.

Claro que las causas de un accidente son variadas, desde el mal estado de rutas, falta de más autopistas, congestión de camiones, alcohol, poca enseñanza vial, carencia de conciencia de muchos conductores que deben ganarle al apuro y no deben hablar por celular mientras manejan y, por supuesto, la imprudencia. La prevención es vital, y unas simples barreras en mucho ayudan. Lamentablemente la prédica cae en saco roto y los reclamos, por décadas, de los pobladores nunca se escucharon.

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