La ciudad

"Yo vi a los asesinos de mi marido"

Lo asegura Nieves, la viuda del secretario adjunto de la UOM Rosario Teodoro Ponce, acribillado por Montoneros en 1975.

Domingo 24 de Febrero de 2019

"Yo vi a los asesinos de mi marido. Estaban en dos autos y se los notaba nerviosos. Jamás me imaginé lo que iba a pasar después", dice Nieves, la viuda del secretario adjunto de la delegación Rosario de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Teodoro Ponce, quien fue acribillado a balazos hace 44 años en el barrio Lisandro de la Torre por una agrupación que se identificó como Evita Montonera.

   Ponce, cuyo nombre lleva hoy el camping de la UOM en Soldini, tenía por entonces 49 años y dos hijas. Había conocido a Nieves 19 años antes, cuando ella lo vio subir al estrado en una reunión de jóvenes de una iglesia evangélica y quedó enamorada a primera vista.

   Hoy, 44 años después de aquella fatídica mañana del 21 de febrero de 1975, la mujer recuerda cada instante previo al crimen. La memoria no le juega ninguna mala pasada a pesar de sus 92 años. Dialoga con La Capital pero se excusa de las fotos.

   "La noche anterior él estaba muy ocupado. Me acuerdo que teníamos una reunión familiar y él se escapó de un encuentro que tenía en Luz y Fuerza para venir a brindar. Estuvo un rato y se fue", asegura.

   En efecto, eran jornadas convulsionados para el gremialismo en un país gobernado por María Estela Martínez de Perón, que días antes había convocado a una gran paritaria nacional para discutir salarios.

   Aquel 21 de febrero, Ponce llegó de madrugada y se despertó temprano. Era viernes. En la casa de la calle Gorriti al 800 reinaba el silencio. Nieves preparó el desayuno. "Recuerdo que había veda de carne, por lo que yo me tenía que ir a hacer las compras y él me iba a acompañar", rememora.

   Sin embargo, salió sola. "Me dijo que me fuera porque se tenía que quedar a esperar un llamado telefónico", indica.

   No habían pasado muchos minutos de las 8 de la mañana. Nieves salió a la calle y reparó en la presencia de dos autos con gente que se movía, a su entender, de modo nervioso. "Yo vi esos autos y a los asesinos de mi marido. Estaban nerviosos. Había un auto en la avenida (Alberdi) y otro por la cortada", aseguró.

La emboscada

Ponce salió a las 8.40 y caminó rumbo a la avenida Alberdi hacia una estación de servicios donde tenía estacionado el auto. Sin embargo, algo advirtió al llegar a la bocacalle. "El conoció a uno de los que le tiraron. Un testigo dijo que lo escuchó decir: «Negro, ¿vos?»", asegura Nieves.

   El gremialista intentó huir pero fue acribillado a balazos. Sus asesinos esgrimieron ametralladoras nueve milímetros. Los testigos hablaron de dos vehículos: un Fiat 125 blanco y una pick up, y apuntaron al menos a cuatro hombres armados entre los atacantes.

   El primer balazo le dio en una pierna cuando Ponce volvía sobre sus pasos e intentaba regresar a su casa. Los tiros se sucedieron. Cuatro más le impactaron en el pecho cuando buscaba refugio en un negocio de venta de aves que funcionaba en Gorriti al 900. En la calle todo era confusión. Los balazos ingresaron también en el comercio e hirieron en las piernas a dos clientas mientras el gremialista caía al trasponer la puerta de ingreso. Un tiro de gracia en la cabeza terminó con su vida al instante. Los agresores escaparon.

   "Una señora me paró y me dijo: «¿Viste lo que le pasó a tu vecino». Yo regresaba de hacer las compras y no entendía nada. Hasta que supe que no era un vecino. Habían matado a mi marido", señala Nieves hoy, 44 años después y en la misma casa a la que regresó destrozada aquella mañana de febrero de 1975.

   Horas más tarde, un llamado a este diario alertó que junto a un confesionario de la Catedral se encontraban unos mensajes de los autores del atentado. Allí, un grupo denominado Evita montonera se adjudicó el crimen de Ponce. La investigación nunca llegó a buen puerto. El crimen quedó impune.

El rescate de Carlos Araya
Horas de después del asesinato de Teodoro Ponce, un llamado anónimo alertó a La Capital que en un confesionario de la Catedral había un comunicado donde un grupo denominado Evita montonera se adjudicaba el crimen. Allí también se dieron detalles del rescate de Carlos María Araya, un hombre que se encontraba detenido en la sede de la Policía Federal, en 9 de Julio entre Ayacucho y Colón. De acuerdo a las crónicas de la época, Araya se había enfrentado con la policía cuando el 12 de febrero de 1975 fue interceptado en un auto en Zeballos y Laprida e intentó huir. Tras su captura, se sucedieron distintos atentados. Un día antes del asesinato de Ponce, fue liberado por un grupo que llegó hasta la delegación de la Federal y redujo a sus custodios. Fue capturado tiempo después y engrosa la lista de detenidos desaparecidos.
Tres años después, secuestraron a su hija
La ola de violencia que azotó al país desde 1975 hasta fines de la última dictadura cívico-militar no sólo se cobró la vida del secretario adjunto de la Delegación Rosario de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Teodoro Ponce. Tres años después de su crimen, una de sus hijas, Angela Noemí, fue secuestrada y desaparecida junto a su marido.
   "Angela trabajaba en el Banco Provincia. Hoy hay una placa que la recuerda en el cruce de las peatonales, junto a otros empleados bancarios que desaparecieron", dice su madre, Nieves.
   "A Angela se la llevaron junto con el marido el 5 de julio de 1978", recuerda. "A la casa de mi hija los testigos dijeron que llegó un auto con un grupo de personas y se los llevaron a los dos. En la casa quedó sólo su hija, que por entonces tenía 14 meses", suma.
   Según asegura, la desaparición "nunca se esclareció" y su abogado recibió amenazas para que dejara de investigar.
   Así las cosas, una organización denominada Evita Montonera se adjudicó el asesinato de su marido en 1975 y nunca se supo quién secuestró e hizo desaparecer a su hija y su yerno, en julio de 1978.

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