15 años, 15 voces

Un debate no solo de mujeres, porque "los trans también abortan"

Miya Vargas milita en el colectivo travesti trans Rosario y la Casa de las Locas y estudia enfermería

Sábado 19 de Diciembre de 2020

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15 AÑOS, 15 VOCES - La Capital

Michelle Vargas, aunque todos la conocen como Miya, no transitó siempre con la naturalidad que lo hace hoy los pasillos del Concejo Municipal, donde trabaja, ni tampoco los espacios de militancia. Reconocerse como sujeto político capaz de dar pelea por sus propios derechos y los de otros en diferentes colectivos travestis trans primero y organizaciones políticas después fue un proceso que llevó tiempo. Fue en el camino en el que aprendió a romper con la idea de que solo la marginación y la opresión por parte del Estado, en cualquiera de sus expresiones, era el destino del colectivo de mujeres y varones trans que padecen, lo que llaman el "travesticidio social" y aún en 2020 tienen una expectativa de vida que no supera los 40. Así, primero dio batalla por el matrimonio igualitario, después por la identidad de género y ahora lo hace por el aborto legal seguro y gratuito. “Porque las personas trans también abortan”, dice dejando en claro que la pelea por la interrupción voluntaria del embarazo no es solo un problema de la salud de las mujeres, algo que empezó a enunciarse hace no tanto tiempo al hablar de un derecho de las “personas gestantes”.

La puerta de ingreso a ese aprendizaje en la política y la militancia fue una reunión en el Centro Cultural La Toma, donde comenzó a participar en 2010. “Ahí me acerque y empecé a entender que podía militar, supe que las personas travestis y trans tenemos los mismos derechos que otras personas -recuerda-. Fue a partir de entonces que aprendí que podíamos pensarnos como sujetos políticos, capaces de ocupar espacios en la política, en las organizaciones y en los colectivos, y que no teníamos que vivir relegadas”.

La comunidad travesti trans fue su primer espacio de militancia, pero no el único. Se acercó más tarde al Movimiento Evita, donde participó algunos años. Reivindica la voz propia que el movimiento travesti trans fue adquiriendo en los últimos años a lo largo y ancho del país.

“Antes era silencioso, otros hablaban por nosotros y ahora lo hacemos por nosotras mismas, llevamos nuestra agenda de políticas públicas y queremos ser parte del diseño de esas políticas”, agrega.

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Las resistencias, señala existieron y existen, y no sólo apunta a los sectores más conservadores. “Siempre están los que no quieren que estemos en la conducción de organizaciones y proyectos políticos -indica-. Incluso dentro de los feminismos hasta el 2016 tuvimos que dar batalla con las propias compañeras cis haciendo entender al colectivo del movimiento feminista que sin las identidades no binares no es feminista sino excluyente”.

También el aborto

Si bien se define “abrazando todas las luchas sociales”, Miya tiene como estudiante de enfermería una mirada especial y específica en lo que es el acceso a la salud y a los derechos sexuales y reproductivos (y no reproductivos). “Entiendo bien la desigualdad que existe allí entre los diferentes sectores sociales, donde no todos tienen las mismas posibilidades y las mismas herramientas a la hora de hacer frente a una relación sexual, del mismo modo que hay desigualdades en el acceso a los sistemas de salud”, recalca.

A esa idea de “justicia social” se suma su convicción sobre la autonomía de los cuerpos: “El aborto ante un embarazo no deseado es una decisión propia de quien está en ese lugar, jamás podría interpelar a alguien por eso porque es como si me interpelaran a mí por mi identidad y por las decisiones que tomo sobre el mío propio”, sostiene.

Lo cierto es que hasta hace no tanto tiempo el aborto era un problema de la salud de las mujeres, sin embargo Miya insiste en la posibilidad de visibilizar que “dentro de colectivo trans hay identidades sexogenéricas y subjetividades, como son las identidades no binares y los varones trans, que también tiene la capacidad de gestar y por ende, deben tener el derecho a decidir si gestar o no”.

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Lenguaje y educación sexual

La centralidad del lenguaje en la batalla por los derechos no es nada menor y así lo marca. “Tenemos que dejar de pensar en las mujeres cis al hablar del derecho al aborto”, dice remarcando el “cis” que refiere a la concordancia entre el sexo biológico de la persona y su identidad de género autopercibida.

Del mismo modo que deja en claro su oposición de hablar de “mujeres y disidencias” y explica: “Es mujer, yo me siento mujer y hablando de mujer deberíamos estar contenidas todas. Por eso también creo que es toda la una conquista haber escuchado en el debate del Congreso hablar de «personas gestantes» porque el lenguaje es fundamental y la sociedad heteronormativa y cis tiene que entender no todas las mujeres son cis, que existen otras identidades y subjetividades, así como también está bueno poner nombre y visibilizar a las identidades no binares y varones trans”.

Para eso, Miya considera clave y exige la aprobación en la provincia de la ley de Educación Sexual Integral (ESI), un proyecto que por segunda vez fue aprobado en la Cámara de Diputados y este año los senadores no debatieron. “Es una herramienta central para que el cambio sea real, si no es una batalla vacía”, afirma apelando a la “voluntad política” del Senado y agrega: “No por nada el lema de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto es «Educación Sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir»”.

Este artículo forma parte de la serie "Aborto: 15 años, 15 voces" que publica La Capital en el marco de los 15 años de la articulación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y en el escenario actual de debate en el Congreso de la Nación de los proyectos de ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

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