La Ciudad

Reabrió el mítico almacén de Entre Ríos y Cochabamba

Jorgito El Potro había cerrado sus puertas porque su dueño es paciente de riesgo. Ahora, su hija logró ponerlo en marcha

Miércoles 09 de Septiembre de 2020

Lo mejor que me puede pasar es ver la sonrisa de papá en un momento tan difícil como el que nos toca vivir”. Quien dialoga con La Capital es Cintia Saggal, médica del Hospital Roque Sáenz Peña e hija de Salvador Saggal, más conocido como “Jorgito, El Potro”, el histórico comerciante del almacén situado en la esquina de Cochabamba y Entre Ríos. El hombre se encerró en marzo para prevenirse del coronavirus, ya que es grupo de riesgo y el local bajó la persiana. Sin embargo, el esfuerzo de toda su familia y las ganas de seguir hicieron posible ahora su reapertura. “La última palabra la tiene Dios, hay que confiar y pensar para bien. Esta es la forma de poder salir adelante”, dice Jorgito, emocionado por ver su negocio con la puertas abiertas.

El almacén logra sacarle una sonrisa a quien transita por esa esquina. El Potro es una marca registrada de “marketing al paso”, con sus graciosos carteles en la calle. “Leche de vaca viuda, dos por noventa”. “Cerveza en lata, más fría que beso de suegra”, “hamburguesas de pollo divorciado”; son algunas de las ocurrencias que cualquier transeúnte puede leer al caminar por allí.

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El comerciante de 85 años, paciente con insuficiencia renal, fue distinguido por el Concejo en 2008 por su trato amable y calidez hacia sus clientes. En sus cruzadas solidarias a puro esfuerzo propio, se ha puesto al hombro colectas para hospitales o reparto de juguetes en el Día del Niño. Otros lo recuerdan por juntar enseres y ropa usada para los más necesitados. Una de las más recordadas fue la colecta para los inundados de Santa Fe, en 2003.

Hoy, las vueltas de la vida lo ponen en otro lugar. Desde su casa, en donde se encuentra “guardado” por el coronavirus, mira con orgullo cómo el almacén que lo hizo famoso, luce como nuevo.

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Y la historia la escribe ahora su hija Cintia. “Abrimos, y eso nos pone muy contentos. Ya pusimos los carteles y lo tengo a Jorgito que me saluda desde enfrente. Estamos en funcionamiento y en un momento tan difícil, lograr la sonrisa de mi viejo es hermoso. Por él, por el barrio que también está feliz”, dice la médica, que pese a todo su esfuerzo puesto en atender pacientes en la pandemia, juntó energías y de la mano de su marido e hijos le cumplen a diario el sueño a El Potro.

Emoción

En las horas previas a la apertura, todo era emoción y lágrimas. “Me ve papá y se emociona, y creo que fue lo mejor que pasó. Esta esquina tiene magia, esfuerzo, amor, solidaridad y hay que seguir mientras se pueda. Por el prójimo, porque los médicos hacemos muchas cosas por los demás sin pensar en una devolución”, se entusiasma Cintia. “La pandemia hizo que la gente reconozca la función de los médicos y ésto fue el legado de papá, darle para adelante y ayudar sin mirar a quien”, asegura.

La profesional de la salud aclara y subraya un punto: “Voy a acompañar a los que están en el negocio, ya que estoy activa en mi profesión y en este momento en que se requiere de personal médico yo tengo que estar presente. Voy a acompañar desde otro lado”.

Pese a su compromiso laboral con la salud, se sumó a la idea familiar de darle continuidad a un proyecto que su padre comenzó hace décadas en el corazón del barrio del Abasto.

En este momento en que el país explota, sigo apostando por el país, le doy laburo a la gente y pese a las críticas, es el país de mis hijos y el que tenemos que armar para su futuro. No importa si sos médica o almacenera, hay que apostar a dejarles algo mejor a ellos. Ahora esperemos que el barrio nos acompañe”, finalizó Cintia, quien entre risas y sollozos recuerda cómo de muy joven pintaba las pizarras con las ocurrencias de su padre.

“Me puse en la cabeza que así como mi papá está vivo, su almacén no puede morir”, apunta Cintia. Una aliciente, en medio del cierre de bares emblemáticos de la ciudad, mezcla de la crisis, la recesión y la pandemia. “Jorgito, El Potro, la leyenda continúa”, reza el letrero con fondo naranja y suena como un desafío a la desilusión.

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