El derecho alimentario para hijos de padres separados es, desde siempre, un punto conflictivo en el marco de los juicios de divorcio, pero se agudizó a partir de la crisis derivada de la restricciones por la pandemia. Los convenios se caen, hay que reformularlos y se multiplican los reclamos. Y aunque desde siempre existió un universo de morosos crónicos, muchos padres atraviesan complicaciones laborales que desembocan en los incumplimientos con los niños.
La problemática fue analizada por dos juezas de Familia y dos abogadas especialistas. Las profesionales explicaron que se observa un aumento de reclamos atados a la pérdida de fuentes de trabajo y a la informalidad, y señalaron que hasta hay ofrecimientos de “pago en especies”. Y se apela a demandar a los abuelos de los niños, padres de los incumplidores. “A veces sentimos que administramos miseria”, graficó con extremo realismo una de las magistradas.
Las complejidades que derrama la pandemia sobre la realidad de las familias se observa diariamente en el Poder Judicial. En los despachos de las juezas Valeria Vittori, integrante del Tribunal del Familia Nº 5, y de su colega, Andrea Mariel Brunetti, del Colegiado Nº 7, recaen múltiples problemáticas, muy diversas, con un arco de matices que impacta con más o menos angustia a todas las partes: a los de menores recursos y a los de posiciones más holgadas.
En ese contexto, y en particular sobre la tramitación de los alimentos, Vittori reconoció que se agudizaron las dificultades. “Estamos observando que los padres, o quien carga con la obligación, se quedan sin actividad laboral, lo cual disparó el reclamo hacia los abuelos”, describió sobre un recurso al que no se apelaba con tanta frecuencia.
Eso indica que la obligación no es exclusiva de los “alimentantes” que firmaron el convenio, sino que se puede trasladar subsidiariamente (así lo marca el Código Civil) a familiares directos, como los abuelos, que deben afrontar la mantención de sus nietos porque los hijos no cumplen; porque no pueden o porque quieren.
“Es una situación crítica; hablamos de gente que cobra pensiones o jubilaciones mínimas, muchos son vulnerables que hacen frente a medicamentos. Por eso nuestras decisiones deben ser equilibradas. Está claro que la pandemia repercute y se caen los convenios. Hay muchos personas ligadas al rubro gastronómico, de eventos, de peluquerías, salones de fiestas, cuyo trabajo disminuyó terriblemente y eso impacta”, indicó.
Según la ley, el pago de alimentos se puede formalizar en dinero o “en especies”. Esta última alternativa también creció a la par de la crisis económica. Y allí afloran los acuerdos y la buena voluntad de las partes para aceptar que de alguna manera se garantice el derecho al sustento de los niños.
“En las audiencias se proponen opciones, depende del grupo social. Se pueden plantear cambios de escuela, pagos en especies o compensaciones por una tarea. Lo de los abuelos es un ejemplo. La verdad es que en algunas oportunidades sentimos que administramos miseria”, describió Vittori con franqueza.
Los matices
La mirada de la jueza Andrea Brunetti no es tan alarmista. Se sustenta en su experiencia cuando litigaba como abogada especialista en derecho de familia, y ahora en su rol de magistrada. “En alimentos siempre hubo un porcentaje de incumplimientos. Los índices de denuncias se mantienen más o menos en los mismos parámetros, pero es verdad que hay matices”.
Explicó que al momento de fijar la cuota “el método más eficaz es cuando el aportante tiene un empleo formal y recibo de sueldo”. No obstante, advirtió sobre una realidad que tiene dos caras: “Hay mucho empleo no registrado, o en la informalidad, entonces no se pueden deducir cuotas; y otros cuyos emprendimientos no tienen regulación fiscal, que no tienen bienes a su nombre. En esos casos se puede recurrir a las sanciones”.
Cuando en octubre de 2010 ejercía como abogada, Brunetti fue la primera profesional que obtuvo un fallo que impidió a un padre salir del país por haber incumplido con el pago de la cuota alimentaria de su hijo.
“Son medidas que avala la jurisprudencia. También se puede ordenar que no le renueven la licencia de conducir. A veces es difícil dar eficacia a las resoluciones de alimentos. Cuando se ordena a las empresas la retención de haberes, algunas son reticentes, pero deben saber que son subsidiariamente responsables”, alertó.
Según su mirada, los incumplimientos de la manutención no aumentaron por la pandemia. “Nadie incumple por perder un trabajo, lo hacen de cualquier manera y desde siempre”. E introdujo el concepto de solidaridad familiar: cuando ante la falta de pago la contraparte puede demandar a un familiar directo que subsidiariamente debería afrontar esa obligación, como en el caso de los abuelos.
En ese punto, aclaró que “existe cierta confusión. El Código Civil anterior regulaba que se podían hacer dos juicios: uno al padre alimentante ante el incumplimiento, y otra demanda por separado contra sus ascendientes. Pero a partir de la reforma del Código que rige desde 2015, el reclamo se condensa en un solo juicio en forma conjunta, para evitar complicaciones procesales”.
“Hubo rubros que fueron muy golpeados”
Daniela Gufantti es presidenta de la comisión de Derechos Humanos para Niños, Niñas y Adolescentes del Colegio de Abogados de Rosario. Según su experiencia, producto de la crisis económica “muchos hombres se están quedando sin trabajo, y eso se traduce en el incumplimiento de los acuerdos logrados”.
“El alimentante plantea que sus ingresos son fluctuantes, hay mucha desocupación y eso influye. Hubo rubros muy golpeados, y esa gente está complicada. Igualmente el convenio se puede reformular, y muchos piden cumplir en especies”.
“No le pagues a la niñera, yo lo cuido, lo llevo y la voy buscar a la escuela”. “Dejo de pagar la empresa de medicina, nos atendemos en la red pública”. “Pidamos el cambio a una escuela pública”. Gufantti narró que esas redefiniciones y otras más apremiantes son las que se plasman en los expedientes de Familia para resolver la cuota alimentaria.
“El objetivo es colaborar con el sostenimiento del niño o niña, pero esos cambios a veces acarrean cuestiones complejas. Por ejemplo: un nene que debe adaptarse a otros compañeros por un cambio de escuela, a veces resulta angustiante”.
Y observa que todo el tiempo “la inflación juega un papel determinante, porque hay que hacer presentaciones para deducir erogaciones y actualizaciones. Cuando el aportante tiene recibo de sueldo se pacta porcentaje, pero hay muchos suspendidos. Y en el caso de los monotributistas, se deben hacer reajustes”.
“El alimentante dice entender pero aclara que no le alcanza para vivir. Se están haciendo muchos trámites por cuestiones de alimentos, a veces la gente los inicia con un abogado, pero los termina en las defensorías públicas porque no le dan los costos para litigar”, describió finalmente la profesional.