La Ciudad

Nilda de Siemienczuk y los comentarios como un ejercicio de memoria colectiva

Los intercambios on line de opiniones, correcciones y emociones son una saludable manera de construir identidad

Domingo 18 de Julio de 2021

Los periodistas están muy atentos a los comentarios que se enrolan debajo de sus notas. Excepto con los violentos y destructivos de siempre, el ejercicio de intercambio de opiniones, correcciones y emociones es una saludable oportunidad que las nuevas tecnologías ofrecen en pos de construir identidad y mejorar la calidad de la información circulante.

El pasado domingo La Capital on line publicó la nota “Nilda de Siemienczuk cumple 90 años y confiesa cuáles son sus platos preferidos y los que no” y la generosa respuesta de los lectores, sobre todo en la plataforma Facebook con 3500 likes y más de 500 comentarios, se convirtió en un emotivo ejercicio de memoria colectiva.

La más utilizada de la ristra de comentarios es sin dudas la palabra “gracias”, seguida de “felicidades” y “feliz cumpleaños”. En medio de los innumerables y coloridos stickers, emojis e imágenes celebrando los 90 años de Nilda, la gratitud parece ser sólo eso, pero no lo es. Agradecer es una forma de reconocer que necesitamos de los demás. Y en medio del ritual de preparación de los alimentos, el salvavidas estaba siempre en una humilde lista de ingredientes y consejos con la firma de la señora de Siemienczuk.

Quizás sea interesante preguntarse por el origen de la receta: viene de los medios de comunicación. Son tiempos de diario, radio y una televisión en pañales. Además del diario La Capital y La Tribuna, hay en Rosario tres radios AM (LT3, LT8 y LT2) y tres canales de TV. El Canal 8 transmite programación diferida desde la tarde y se ve a veces, desde 1964 el Canal 5 tiene programas locales pero se ve más o menos, y desde 1965 el Canal 3 tiene una imagen espectacular pero repite con un día de atraso la programación del Canal 13 de Buenos Aires, por lo menos hasta 1967.

No obstante, Nilda no desarrollaba su trabajo únicamente en los medios. Con los productos y las marcas que la auspiciaban recorrió con sus presentaciones cuanto teatro o club de Rosario se conozca, y viajó por toda la región visitando ciudades y pueblos, donde se la esperaba con ansiedad y cariño. Las lectoras recuerdan su paso, por ejemplo, por Berabevú, Correa y Casilda, o por San Nicolás y Leones, en las provincias de Buenos Aires y Córdoba.

No faltan los mensajes de reconocimiento a su labor docente en su propia escuela gastronómica de calle Mendoza y sus alumnas sólo tienen palabras de agradecimiento. También se destacan comentarios de varones, quienes también gustan de la cocina, y claro, han recurrido a la sabiduría de Nilda.

La cocina y los afectos

También se rescatan otras prácticas propias de las tecnologías disponibles. Nilda aparecía en la tele y, obvio, lo primero que informaba era cuál sería el plato del día. Los lectores recuerdan las libretas de recetas escritas a mano, y a los más chicos y no tanto tratando de copiar los ingredientes y las medidas a la velocidad de la dicción de la ecónoma. Son momentos entrañales que se compartían con madres y abuelas.

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Atiborrados de información pública, esto es de lo que nos concierne a todos, los comentarios permiten aunque sea bosquejar la intimidad en la cotidianeidad de los rosarinos, es decir, aquello que sucede detrás de la puerta de ingreso al hogar.

Así, pareciera que los lectores consideran a la cocina como un ámbito de intercambio afectivo. Allí se experimenta con ingredientes y medidas, y se producen exquisiteces para compartir con otros integrantes de la familia. Y lo más significativo, por años y años.

La cola para las recetas

Si la receta quedaba renga había salvación. Para los años 60 la fotocopiadora es casi un bien industrial, es un aparato caro, es de uso y service intensivo, exclusivo para grandes empresas y comercios. La Sociedad Cooperativa de Tamberos de la Zona de Rosario o Cotar, como se la conocía popularmente, auspició durante muchos años a Nilda, y su sede céntrica, en Tucumán y Mitre, se convertía en La Meca de aprendices de cocina cuando se realizaba allí el reparto de las copias de las recetas promovidas por TV. Se describen las largas filas que decenas de señoras y señoritas formaban desde temprano para hacerse de la ansiada hoja de ruta culinaria.

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La Sociedad Cooperativa de Tamberos de la Zona de Rosario o Cotar en su sede céntrica de Tucumán y Mitre / Archivo Diario La Capital.

Las recetas son el nexo entre Nilda y sus seguidores. La “exactitud” en las medidas parece ser el gran secreto a voces que garantiza “excelentes resultados” y si de ranking se trata, según los lectores de La Capital, el lemmon pie parece ser la receta magistral de Nilda.

La lectora María Florencia Rivero deja explícita la cuestión y presume de su lemmon pie hecho con la receta de Nilda, y sin saberlo, el mismo día de su cumpleaños. “Hoy justamente hice su lemon pie... Sin dudas la mejor receta”, asegura. Para otra lectora es “el mejor del mundo” y otra lo lleva más allá: “El mejor lemmon pie del universo”.

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Así queda el famoso lemmon pie de Nilda, según la lectora María Florencia Rivero, recién sacado del horno / Facebook - La Capital.

Se encaraman en el top ten detrás del lemmon pie, la masa de panqueques que “no falla jamás”, la masa para tartas, la pasta frola, los alfajores de maizena, las tartas de ricotta y de manzanas con crema pastelera que “es única”, y la torta invertida de manzana. También el vitel toné, el “exquisito” pollo relleno y los ñoquis con masa bomba.

Hoy las recetas de Nilda están obviamente en las redes. Existe un perfil en Facebook que se llama "Cocinando con la señora de Siemienczuk", su administrador aclara que no es la más popular de las ecónomas, y allí se intercambian pedidos y respuestas. También hay otro pequeño perfil que se denomina "Quién no creció viendo a Nilda de Siemienczuk?".

El libro, un objeto preciado

Otros mensajes refieren al don de gente de la ecónoma y a su siempre amable relación con sus televidentes, oyentes y lectores. Su emoción al ser interpelada por personas jóvenes, quizás evidenciando no sólo su vigencia sino la transmisión intergeneracional de aquello que se considera precioso y digno de ser heredado: el libro de cocina.

El libro de Nilda es definido como un “manual” de recetas, elevado a la categoría de “hermoso tratado” de cocina y, teléfono para los editores: los reclamos sobre la imposibilidad de adquirir sus publicaciones en las librerías son muchos. Y hay hasta quien pregunta si alguien quiere venderlo. No obtuvo respuesta.

Y como en la vida real, el reparto de los bienes post-ruptura suele ser conflictivo. No falta quien se entristece por haberlo perdido tras una separación, mientras que otro le reclama a su ex el tesoro perdido. Nada menos que el libro de Nilda. "Cocodrilo que duerme...", recibe como mordaz contestación.

Varios mensajes refieren asimismo a la enorme cantidad de años de apropiación de las publicaciones, ya que algunos "se abren solos", otros deberían ser sustituidos por el desgaste del uso y otros mantienen el aura de sus antiguos propietarios, integrantes de la familia. También hay libros históricos comprados en aquel año dorado de 1972 cuando se vendieron unos 15 mil ejemplares, su mayoría en la Exposición Rural, y otros que con el tiempo se valorizarán aún más pues tienen la rúbrica y dedicatoria de Nilda.

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Algunos lectores hablan de la alegría hogareña cuando empezaban los micros diarios y otros de un infantil enojo, a la espera de los dibujos animados de la tarde tomando la leche, recuerdo hoy convertido en una feliz nostalgia. Y queda explícitamente en evidencia la impronta de Nilda y los medios de comunicación en la vida de las personas en dos envíos, uno donde una chica dice haber sido influenciada por Nilda para elegir su profesión de nutricionista, y otro de quien es tocaya de la estrella televisiva y cuando era chica y le preguntaban su nombre respondía: "Nilda, como Nilda de Siemienczuk".

Sin embargo, los mejores recuerdos sobre Nilda y sus platos están relacionados a la infancia, al hogar, a la felicidad de compartir la vida y la comida. Y así como una lectora le hacía de joven comprar los ingredientes a su madre y hasta los utensilios que usaba Nilda, otras dos la imitaban jugando a ser ella mientras "cocinaba con arena, pasto y tierra".

"Por fin una nota de un personaje icónico de la ciudad, gracias La Capital", dice finalmente un lector dando en el clavo de la magnitud de la figura de Nilda de Siemienczuk y de su inserción en el cotidiano de los rosarinos y en la historia de la ciudad. Tal vez aún un pobre reconocimiento para la autora de "la Biblia de la cocina", un "libro milagroso".

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