La Ciudad

"Nadie te prepara para ver a tu hijo en una incubadora apenas nace" 

Vanesa Fresno es la mamá de Matías, que nació en forma prematura, hace 20 años. Hoy recuerda ese momento crítico con mucha emoción. Cree que debería haber más información y educación sobre los partos que se adelantan

Jueves 19 de Noviembre de 2020

Matías tiene 20 años. Cursa el profesorado de Educación Física, participa de un programa de radio, le gusta el deporte. Nadie podría sospechar que ese chico al que se lo ve atlético, alto, fuerte, nació con apenas 1 kilo 800 y pasó los primeros 23 días de su vida en terapia.

En la Semana del Prematuro (una conmemoración establecida por Unicef desde 2009) su mamá, la fotógrafa Vanesa Fresno, revive aquella experiencia que los marcó a ambos y que también dejó huellas en toda la familia.

Vanesa está convencida de que se necesita más información sobre las implicancias que tiene el nacimiento de un niño en forma anticipada y que esa experiencia durísima en la que después de parir te separan de tu hijo, y volvés a verlo a través del vidrio, en una incubadora, repleto de cables, necesita de una red de apoyo y contención psicológica con la que aún no se cuenta en la mayoría de las neonatologías.

El 8 de mayo de 2000, después de una caída, Vanesa fue a una guardia para controlarse y detectaron que su presión arterial estaba por las nubes. Tenía fecha de parto el 3 de julio.

Un par de meses antes los valores de su presión ya habían empezado a cambiar por lo que estaba bajo seguimiento estricto. Pero ese día directamente se dispararon.

La dejaron internada e intentaron "madurar los pulmones" de su bebé. Había que esperar todo lo posible, sin que ninguno corriera riesgos. Pero 48 horas después las cosas se pusieron más difíciles y aunque Vanesa se sentía bien, los médicos entraban a su habitación con caras de "está pasando algo malo" y le informaban que los análisis estaban mal, muy mal.

Así ingresó de urgencia al quirófano y el 10 de mayo, casi dos meses antes de lo previsto, Matías vino al mundo.

"Me lo pusieron un ratito encima del pecho. Recuerdo que logré apoyar mis labios en su carita mínima, arrugada. Esa sensación todavía me acompaña", cuenta Vanesa, a quien ingresaron en terapia intensiva porque su salud se había complicado. El diagnóstico de ella había sido preeclampsia (una afección provocada justamente por la elevación de la presión arterial de la embarazada que puede poner en riesgo su vida y la de su bebé).

image (26).jpg

Recién cinco días después la llevaron hasta la neonatología a ver a su hijo. "¡Era tan chiquito! Su cabeza entraba en mi mano", recuerda.

Como tantas madres y padres que atraviesan esa fuerte experiencia, ella relata con mínimo detalle todo lo que pasó durante casi un mes. Una realidad completamente distinta a la que había imaginado, a la que "nos venden", donde la familia vuelve feliz a su hogar con un bebé sano, hermoso, y solo hay felicidad. "Es muy difícil de explicar lo que se siente. Una entra como en un mundo paralelo donde cada día es eterno, donde las noches sin tu hijo se hacen interminables. A mí me dejaban entrar dos veces al día a verlo y al principio sólo podía ingresar las manos por unos huecos que tienen las incubadoras. Ese era todo el contacto posible".

Ser prematuro en la Argentina

En la Argentina nacen unos 20 bebés prematuros por día. De los que pesan menos de 1 kilo y medio, uno de cada dos, no sobrevive, según registros de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación (datos de 2015).

La prematurez es la primera causa de mortalidad infantil en nuestro país.

Sin embargo, la supervivencia de estos chicos se fue incrementando, y mucho, gracias a los avances en neonatología, tanto en lo que hace a tecnología como en relación al conocimiento médico. Actualmente hay prematuros de 500, 600, 700 gramos que superan las dificultades extremas. Los nacidos con muy bajo peso tendrán un seguimiento médico y controles por muchos años, algunos de por vida. Y ahí se abre todo un mundo, del que se habla poco y que implica un cambio enorme en una familia.

El peso al nacer, que es clave en la evolución de esos bebés, es el gran tema en las neonatologías.

"Nosotros sabíamos que cuando llegara a los dos kilos, si no se presentaba ninguna complicación, nos lo daban. Cada día era llegar y esperar el parte médico. ¡Subió 40 gramos!, entonces, con el papá de Matías sacábamos cuentas de cuánto nos quedaba ahí. Pero al día siguiente, el cimbronazo. Bajaba 50 gramos, y el mundo parecía derrumbarse", recuerda Vanesa, quien asegura que las noches, sobre todo, alejada de su hijo eran terribles. "Yo no quería irme del sanatorio, no quería dejarlo aunque no pudiera entrar. Era desesperante. De hecho, una ahijada que había nacido cuando yo estaba embarazada, estuvo en neo. La íbamos a visitar (a través de un vidrio te dejaban verla) y yo pensaba: si me pasa algo así no me mueven de al lado de mi hijo con nada".

Sin embargo, cuando van pasando los días "empezás a entender que el proceso puede ser muy largo, que necesitás descansar para producir leche y llevársela a tu bebé, que vos también venís de una situación difícil por la que pasó tu cuerpo, tu cabeza, y aunque duela y mucho, aceptás esas condiciones, y confiás o confías en los médicos y las enfermeras porque tu hijo queda en sus manos".

"A Matías le ponían una especie de corderito, adentro de la incubadora, para que esté más calentito. Y con esa tela me lo dieron envuelto las primeras veces que puede sostenerlo en mis brazos. De a poco sacamos el corderito y lo pude acercar a mi piel. Esa sensación, ese olor son cosas inolvidables", cuenta la mamá.

Otro recuerdo grabado a fuego es el de la leche que brotaba de su pecho cuando ya estaba en su casa, mientras su hijo seguía internado. "Aún siento ese aroma, y tengo muy presente ese momento de sacarme leche. Una situación indescriptible, de mucha soledad en un punto, donde intentás seguir conectada con tu hijo aunque estés a 10, 20 ó 30 cuadras", sostuvo.

Al día 23 de la internación, y sin saber que ese iba a ser el momento de salir juntos por la puerta del sanatorio, a Vanesa y a su pareja les avisaron que Matías tenía los esperados dos kilos y que los controles estaban bien, por lo que podían irse. "Yo tenía tanto miedo. Era un bebé tan pequeño. Por un lado no veía la hora de salir de ahí y al mismo tiempo me quería quedar porque sabía que estaba re cuidado. ¿Qué iba a hacer yo con un nene tan chico? ¿y los virus y las bacterias en casa? ¿y si necesitaba algo de urgencia? El estrés es terrible".

image (27).jpg

Esta semana, Vanesa Fresno, que trabaja en el diario Infofunes, subió a sus redes una foto de aquellos días. En una se ve a Matías en la incubadora, las mediecitas mínimas que le quedan grandes, los ojitos achinados. En la otra, ella lo sostiene y lo mira con una sonrisa inmensa. La bata azul de la madre, la sonda en la cara de Matías...

Los días en neonatología, un lugar que no es otra cosa que una terapia para bebés cuya vida está en riesgo, no se olvidan nunca. "Hoy, 20 años después, y mientras lo miro desde abajo porque mide 1 metro 80, lo agarro con fuerza y le digo: mi prematurito".

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS