La ciudad

"Me colgué", la frase recurrente de los sub 30 que se vacunan por estos días en La Rural

Muchos jóvenes tardaron en anotarse. En general, van solos, preguntan si pueden tomar alcohol y algunos confiesan que sacaron turno después de que lo hicieron sus amigos

Lunes 19 de Julio de 2021

No hace falta mirar los documentos para darse cuenta a qué franja etaria se está vacunando desde este lunes en los pabellones de la ex Sociedad Rural del Parque Independencia. Son jóvenes, menores de 30 años, aunque algunos con unos pocos años más. A todos los inocularon con la vacuna china Sinopharm. En su mayoría informales, con zapatillas, no se despegan del celular mientras esperan, no van con acompañantes, ni preguntan, ni cuentan demasiado tras la explicación de las vacunadoras, lo que hace más dinámico el trámite .

Algunos con rastas, otros con los cabellos pintados, no faltan los que visten algún dato del club de sus amores en la ropa. Muchos y muchas confiesan desconfiar de las vacunas y ser "colgados". Sí, así respondieron varios cuando La Capital les preguntó por qué demoraron en pedir turno. Es más: en dos casos, los varones dijeron riéndose "ella no me anotó", refiriéndose a una novia y a una esposa sentada detrás de ellos en la cola para inocularse. Juventud divino tesoro.

"Lo de colgarse tiene una explicación", dijo el médico oncólogo Sebastián Torres, coordinador del dispositivo territorial del Ministerio de Salud de la provincia presente en el lugar.

"Cuando comenzamos a vacunar en noviembre y diciembre lo hacíamos con adultos mayores, sectores priorizados -salud, maestros y seguridad- y grupos de riesgo. Nadie pensó que llegaríamos a julio con 1 millón ochocientos mil vacunados y los jóvenes se quedaron tranquilos, creyeron que aún faltaba para llegar a ellos. Y luego les pasa lo propio de su edad: muchos se creen inmortales, inmunes, subestiman la situación, otros no, son muy responsables", señaló Torres, de 36 años y casi tan joven como los vacunados.

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"Yo soy una colgada en la vida", asumió Victoria Sara, de 30 años, docente particular de inglés y kiosquera. "No le di importancia cuando se empezó, y no estoy en contra de la vacuna, tengo esperanza, solo no lo sentí una prioridad. Ahora que estoy acá estoy ansiosa por ponérmela", confió.

Los sub 30 no llegan en silla de ruedas ni andadores, pero demostraron -en muchos casos- dar más trabajo para colaborar colectivamente en esta pandemia que los adultos mayores.

Hay que salir a buscarlos, con campañas, como la "Vacunate para volver a encontrarnos" que lanzó la Universidad Nacional de Rosario y hasta con beneficios, como los propuestos desde el Concejo Municipal, que implican descuentos en la gestión del carnet de conducir, en bares y la posibilidad de acceder al sistema de bicicletas públicas de forma gratuita. Eso sí, como contrapartida los jóvenes tendrían la obligatoriedad de presentar el certificado de vacunación para poder ingresar a espectáculos públicos masivos en general.

La idea es incentivar a que se inoculen contra el Covid-19 y fundamentalmente se cuiden y respeten los protocolos en espectáculos y reuniones masivas como la de este martes 20 de julio, en que comúnmente los más jóvenes cumplen a rajatabla con el rito de celebrar con amigos y amigas.

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"Con los jóvenes se tarda menos, se movilizan solos, les explicás una vez y ya está. Los adultos mayores necesitan escuchar qué les pasa, qué les dijo el médico y nosotros debemos escucharlos", dejó en claro la estudiante de enfermería Brisa Galfione, quien junto a Evelyn Lami se encargaron de vacunar a los y las jóvenes de la mesa 3 y de aclarar cuando les preguntaban que "sí" pueden tomar alcohol pero como siempre, "en su justa medida".

"Si mi amigo lo hizo, yo también"

Además de escucharse en más de una oportunidad que se habían "colgado" al momento de sacar turnos, varios dijeron que lo hicieron recién después que se habían vacunado los amigos y compañeros de trabajo. Algo que se puede leer como un rasgo de inseguridad o desconfianza pero que algunos lo analizan como ventaja.

Eso dijo Mariano Ostoya, trabajador en sistemas. "Tengo dudas, no creo en la vacuna". "¿Y por qué viniste finalmente?", quiso saber La Capital. "Porque hablé con mis amigos y todos se vacunaron". Solo uno de los diálogos.

"La semana que viene seguro vendrán más por este motivo, esta identificación hace que vengan a vacunarse y eso es lo importante. Las vacunas son todas buenas, todas lograron fase 3. Cuando vean que sus amigos están bien, vendrán. Dudan de cómo se elaboraron y su efectividad, pocos saben que la vacuna de la gripe tiene un 60% de efectividad sin embargo la gente se la coloca. Las vacunas no evitan que te contagies pero sí protegen de la mortalidad y la morbilidad", señaló Torres.

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De todos modos, también hay muchos casos en que se demoraron en sacar el turno porque se habían contagiado con el virus y debieron esperar el tiempo correspondiente para poder inocularse.

"Tuve Covid y la pasé muy mal. Y a mi papá casi tuve que internarlo", dijo Sebastián Insaurralde, un cadete de 35 años, vecino de barrio Rucci y gorra de Rosario Central que pidió que lo esperen para responder porque debía ponerse "una banda de ropa" para subirse a la moto.

A dos hileras de distancia, Juan Pablo Da Ponte de 30 años y con buzo de Newell´s es uno de los que culpa como chiste a su mujer por no haberlo anotado antes. "Tenemos cinco chicos y uno adoptado, estoy como para ocuparme de él", dijo siguiéndole la broma su pareja, Marcela López, de 34 años quien confesó: "No quería venir, lo hice por mi abuela y por mis hijos". Un comentario que deslizó solo como molestia ante el pinchazo y al traslado.

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Quien manifestó "miedo" con todas las letras fue Carina Vilches, una chica trans, costurera en un centro de día y más a la espera del cupo laboral que de la vacuna. "No sé por qué una escucha tantas cosas, me da miedo. ¿A vos no te hizo nada?", le preguntó a la fotógrafa al enterarse que le colocarían la vacuna china Sinopharm como a ella.

"¿La china nos ponen? Ah, ni idea, pero todo bien, cualquiera me da lo mismo: es lo que hay que hacer", dijo Tomás Martínez, un músico y empleado de una cocina, de 30 años y con largas rastas sobre las espalda.

No mostró esa aceptación Paula, una joven empleada de una escribanía, quien no quiso dar su apellido ni que le saquen fotos, ni a ella ni a su amiga con la que hablaba a varias filas de distancia.

"Yo vine por la Sputnik, esta dicen que no protege nada", aseguró antes de dejar en claro que también pertenecía al grupo de las "colgadas".

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Los que se mostraron confiados y seguros fueron dos amigos que se sentaron en la misma hilera, uno tras del otro. Y se reían mientras los vacunaban. Son Fausto Bonansea, de 30 años y desocupado y Ain Mora, un docente y becario del Conicet de la Facultad de Economía de la UNR, quien dijo por los dos: "Estamos totalmente a favor de vacunarnos".

Y a quien definitivamente se lo vio contento y "emocionado" fue a Fernando Fava, de 32 años, oriundo de Zavalla y estudiante de diseño. Si bien dijo haber estado desconfiado por lo rápido del proceso de las vacunas y preocupado por sus padres se vacunó sin más. "Les estoy mandando fotos a mis amigos. Y me voy a sacar una foto con la vacunadora, es más, hasta les traje bombones", dijo señalando una caja que tenía reservada para los agentes de salud. Un acto amoroso que según comentaron los vacunadores, "por suerte" se replicó en esta larga pandemia.

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