Desde compra de equipamiento con mayor eficiencia energética a reemplazo de materiales y reutilización de insumos para evitar la generación de residuos. Ya son 238 las empresas que buscan certificarse a través de la elaboración de planes para colaborar con el medio ambiente. Ese es el número de compañías que se adhirieron voluntariamente, desde su creación en 2017, al programa municipal de Buenas Prácticas Ambientales (antes, dividido en los programas Sello Verde y Clubes Verdes). El trabajo se centra en los mismos ejes que el Plan Local de Acción Climática: energía, transporte y residuos. Los proyectos son variados: adquirir maquinaria que sea más eficiente en el consumo de energía, incorporar energías renovables, reutilizar insumos para disminuir la generación de residuos y reconfigurar sistemas de logística para reducir el uso de combustibles.
El programa está a cargo de la Dirección de Acción Climática de la Secretaría de Ambiente municipal. Con el mismo se busca optimizar los procesos de producción y la prestación de diversos servicios a través del análisis del uso de la energía, materiales o insumos. Además, se revisa cómo se producen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y cómo se gestionan los residuos.
Casi la mitad de las empresas adheridas son comercios, aunque los rubros son variados: fábricas de alimentos, servicios privados, gastronomía, metalúrgicas, talleres mecánicos, concesionarias, clubes, sindicatos y laboratorios clínicos.
La adhesión al programa llegó a tener su punto más alto en 2019, cuando 115 empresas solicitaron ser parte. La pandemia volvió estos indicadores casi a cero, ya que en 2020 se inscribió sólo una empresa, en 2021 se sumaron 15, en 2022 16 y en lo que va de este año ya van 15 firmas adheridas. Hasta ahora se certificó a 37 entidades que cumplieron los requisitos necesarios para conseguir esta validación.
Las empresas que quieran formar parte del programa deben inscribirse en la página de la Municipalidad. El primer paso es verificar que la firma o institución cumple con la normativa ambiental para, después, firmar una carta de compromiso entre el municipio y las autoridades de la institución. Luego se realiza un relevamiento y agentes municipales entregan un informe para que los responsables de la firma redacten un plan de trabajo, que puede tener objetivos anuales o semestrales. Estos plazos servirán para que equipos técnicos vuelvan a los establecimientos en esos períodos a verificar el cumplimiento de las metas y en caso de que las mismas se logren, puedan otorgar el certificado de cumplimiento de buenas prácticas ambientales.
Visión a largo plazo
La firma Caplast se dedica a fabricar componentes para electrodomésticos con un proceso de inyección de plásticos. Su titular, Rubén Capuano, contó a La Capital que fueron la primera industria plástica en Rosario en incorporar máquinas que se destacan por la eficiencia energética: mientras que las antiguas cuentan con un sistema hidráulico que bombea aceite constantemente, las nuevas funcionan por una combinación eléctrica y electrónica del motor y ahorran electricidad (por no usar la bomba en todo momento, sólo cuando la máquina se usa) y agua (necesaria para enfriar el sistema hidráulico de las viejas máquinas).
“Tenemos siete máquinas, la más vieja tiene seis años y la más nueva, seis meses. Cuestan entre un 25 y un 30 por ciento más que las hidráulicas convencionales y el ahorro lo amortizás en no menos de ocho o nueve años, pero creo que esto no se mide en el efecto económico inmediato sino en que es un sistema más amigable ya que gasta menos energía y colabora con el medioambiente”, señaló Capuano.
No desconoce la situación en la que se encuentra la industria, en tela de juicio por la contaminación por plásticos. En la última recolección y clasificación de residuos del río Paraná de la campaña Más Río Menos Basura del Taller Ecologista, el 70% de las 200 bolsas de residuos que se juntaron eran plásticos (botellas, materiales descartables y envoltorios). “Al procesar plástico somos muy cuidadosos porque somos los primeros que tenemos que prestar atención. Estamos en el ojo de la tormenta por los irresponsables que tiran los residuos donde no deben”, manifestó.
A menor escala, explicó que dosificaron el uso de las luces en la oficina, lugares donde generalmente están encendidas todo el día a pesar de que no haya personal trabajando: “Es algo tan simple que parece una tontería, pero en la vorágine de todo el día no se tiene en cuenta”.
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Capuano comentó que hace bastante tiempo que, particularmente, se interesa por cuestiones medioambientales. Así gestionó, en 2006, la plantación de 3600 árboles en el polígono industrial Ovidio Lagos. Y contó que de tanto juntar semillas de palmeras de Oroño y de casuarinas del parque Independencia para germinarlas, terminó donando 40 árboles al club Universitario por intermedio de la Municipalidad: “Este plan permite interconectar actores que, quizás, no se tienen en cuenta. No teníamos dónde plantar esos árboles y la Secretaría (de Ambiente) nos conectó con el club para donarle los ejemplares”.
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Foto: Héctor Rio / La Capital
“Con acciones puntuales, aunque sean pequeñas, se va logrando una mejora constante”, afirmó, para agregar que ya presentó una idea a autoridades municipales para interactuar con clubes y escuelas y llevarles semillas a los chicos para que puedan plantar árboles.
Iniciativa propia
El gimnasio Humano Fitness se encuentra en los galpones del ferrocarril de calle Pueyrredón al fondo. Su titular, Mariano Di Marco, explicó que se sumaron el año pasado al programa y que las propuestas para colaborar con el medioambiente arrancaron “desde el minuto cero”.
“Somos un gimnasio de clases grupales y algo de musculación. Desde que arrancamos, vimos que en el lugar teníamos facilidades para armar algo sustentable y le metimos desde el armado del galpón”, detalló.
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Foto: Héctor Rio / La Capital
Ni bien acordaron su llegada a esas instalaciones, los galpones estaban deteriorados. Pero vieron una oportunidad y pidieron ayuda a una ingeniera ambiental para ver qué opciones podían incorporar. Así, reemplazaron las chapas tradicionales por elementos translúcidos para que la iluminación en el frente y en el techo sea constante, algo que permite que, en días de sol, no haya ni una luz encendida durante buena parte del día.
Agregó que el gimnasio cuenta con ocho portones, que aportan ventilación cruzada y climatización sin gastar energía eléctrica, separan los residuos y cuentan con un recolector de agua de lluvia, con el que riegan las plantas. “También tenemos un termotanque solar, para las duchas de los vestuarios, y fomentamos el uso de la bici”, añadió.
Di Marco explicó que las ideas y acciones son orgánicas y que lo hacen por gusto: “Lo que podemos hacer, lo hacemos por iniciativa propia, porque nos gusta”.