La ciudad

"Lo único que queremos es el bienestar de mi hijo", dijo el padre del polista

Lo hizo luego de que la esposa del joven que quedó cuadripléjico fuera acusada de facturar millones a una prepaga por servicios no prestados

Jueves 31 de Mayo de 2018

"A esta altura, para nosotros lo importante no es lo económico, sino la salud". El que habla es Eduardo Ballesteros, el padre del polista que en 2010 tuvo un accidente al caer de una yegua y hoy está cuadripléjico. El caso se reactivó a partir de que ayer se supo que la esposa del joven, titular de la curatela, le facturó millones a una prepaga por servicios que no se prestaron. El papá de Ignacio contó además que la pareja de su hijo quiso divorciarse y hubo una disputa de bienes, por lo que el hombre insistió sobre la mujer: "Que reflexione y haga su vida. Nosotros lo único que queremos, es el bienestar de mi hijo".

A partir del dramático accidente de hace siete años y medio, la esposa del polista logró su traslado a Rosario. Una vez en la ciudad, acondicionó una vivienda en el barrio San Eduardo, donde dispuso equipamiento necesario para la internación domiciliaria con terapeutas que asistían a Ignacio día y noche, y facturaban sus honorarios. Luego de presentar un amparo judicial en la prepaga Osde, Gisella, su mujer, consiguió que esa prestadora de salud le cubriera, por reintegro, todos los servicios.

Con la curatela correspondiente, el caso estuvo atravesado por la mención mediática de propiedades y bienes que el joven supo cosechar gracias a su carrera como polista y empresario criador de caballos, actividad que desarrolló hasta que sufrió el accidente en Duggan, a 18 kilómetros de San Antonio de Areco, en la provincia de Buenos Aires.

Mientras tanto, los padres visitaban a su hijo hasta que en una oportunidad notaron la ausencia de Gisella y terminaron certificando que había realizado un viaje al exterior, entre el 5 y el 12 de diciembre.

Y más aún, en enero pasado, Ignacio fue internado en grave estado en el Sanatorio Parque con un cuadro de neumonía. Disgustados, los padres del polista interpusieron una denuncia por abandono de persona. El fiscal de la Unidad de Investigación y Juicio, Fernando Dalmau, tomó el expediente y luego de acopiar evidencias y entrecruzar información convocó a una audiencia imputativa a Gisella (en libertad) como articuladora de las maniobras de facturación de servicios terapéuticos por los que habría recibido el dinero, pero, en muchos casos, no habrían sido efectivamente prestados, según la acusación que recayó también sobre 13 profesionales de la salud.

Según las estimaciones, la joven presentaba facturas por cerca 450.000 pesos al mes a la prepaga (en todo 2017 fueron 4 millones 800 mil pesos), una cantidad que sumaría varios millones desde 2012.

Como si esto fuera poco, en noviembre del año pasado, la esposa del deportista contrató una abogada con el fin de negociar el divorcio. "Ella (la profesional) nos llamó para decirnos que tomó el caso con la única condición de llegar a un acuerdo económico para que mi hijo esté con nosotros (los padres residen en la provincia de Córdoba) a fin de este año, separación legal mediante", dijo Ballesteros a La Ocho.

Y relató también que la historia es "larguísima", por lo que pidió "que se resuelva" lo antes posible, dentro del lento camino de la Justicia. Así, insistió: "Acá lo importante es la salud de Ignacio, que su esposa se quede con el patrimonio, a pesar de que son todos los bienes de mi hijo". No obstante, habló de la necesidad "de contar con algo" para seguir peleando por su vida y su recuperación en la medida de que alguna vez la prepaga pueda llegar a desistir de brindar la actual prestación.

Calidad de vida

Lo cierto es que, a raíz de las prestaciones facturadas pero no llevadas a cabo, "Ignacio pudo haber ganado calidad de vida", sostuvo el papá. De hecho, consideró que "muchas de las terapias no se cumplieron".

Tras siete años y medio, Ballesteros mencionó también que, a instancias de él y su familia, se logró la participación de médicos de Francia y del equipo del neurocientífico Facundo Manes, entre otros especialistas, quienes sugirieron acciones concretas para el paciente, que "su esposa nunca concretó".

Por eso, el hombre cerró con dolor: "Debimos haber colaborado entre todos; eso es lo que nos aconsejaron desde el principio. Hoy Ignacio está internado en una institución de San Jerónimo, donde ella va de vez en cuando sólo una hora. Le queda sólo el título de esposa. Espero que reflexione".

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