La ciudad

Lifschitz inició su segundo mandato con un tono de fuerte optimismo

El intendente Miguel Lifschitz inició ayer su segundo mandato en un clima festivo y optimista, fuertemente impactado por las otras dos asunciones que a nivel nacional y provincial, ayer y hoy, trazan un nuevo mapa político. En dos actos sucesivos, uno en el Concejo Municipal y otro en el Centro Cultural Parque de España, Lifschitz delineó los ejes de su futura gestión...

Martes 11 de Diciembre de 2007

El intendente Miguel Lifschitz inició ayer su segundo mandato en un clima festivo y optimista, fuertemente impactado por las otras dos asunciones que a nivel nacional y provincial, ayer y hoy, trazan un nuevo mapa político. En dos actos sucesivos, uno en el Concejo Municipal y otro en el Centro Cultural Parque de España, Lifschitz delineó los ejes de su futura gestión, no olvidó los logros ni las materias pendientes de la anterior y mostró su convicción de que Rosario mantendrá las mejores relaciones con la flamante presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y el gobernador que hoy asume en Santa Fe, Hermes Binner.
  Se diría que el intendente estaba exultante. Al ingresar ayer al Concejo, flanqueado por compañeros de militancia como Binner, Juan Carlos Zabalza y Rubén Giustiniani, Lifschitz recordó que cuando asumió por primera vez como funcionario municipal, hace 18 años, “jamás” imaginó que llegaría a ser intendente “y mucho menos por segunda vez”. Un hecho que definió como “un orgullo y un privilegio”.

A Buenos Aires. Los tiempos de cada acto estuvieron perfectamente calculados para que el intendente pudiera viajar a Buenos Aires junto a Binner para participar de la asunción de Cristina. La buena sintonía política con el gobierno nacional quedó reflejada en ese gesto, así como en sucesivos tramos de su discurso.
  El encargado de tomar juramento al intendente fue el presidente del Concejo, el también socialista Miguel Zamarini. Ante él, Lifschitz juró “por la Constitución nacional, la vigencia del sistema democrático, el pueblo, la patria y el honor”. Fuertes aplausos, a barra llena, cerraron el ritual.
  Luego Lifschitz pasó revista a lo que calificó como dos hechos históricos: la asunción de Cristina en la Presidencia, “la primera mujer electa por la voluntad popular para ejercer esa función”, y de Binner en la Casa Gris, otro hecho inédito en la Argentina, con un socialista al frente de “una de las provincias más importantes del país”.
  Optimista como nunca, el intendente afirmó que la presidenta asumió “en condiciones y con expectativas muy favorables y positivas”, al punto de que habría “que buscar bastante atrás en la historia para encontrar un escenario tan propicio”.
  Como desafíos a nivel nacional, mencionó la necesidad de “consolidar el proceso de desarrollo económico y de recuperación de la Argentina”, generar un marco de grandes acuerdos, trazar políticas de Estado con objetivos a 10 o 20 años y “promover la cohesión social con políticas activas fundadas sobre todo en la educación”.
  En Santa Fe, dijo, también se esperan “cambios”. Por ejemplo, para que su posición de “vanguardia en el desarrollo económico” se traduzca también en una vanguardia “en el desarrollo social, de la salud, la inclusión, derechos humanos, educación, el hábitat digno, la innovación y modernización del Estado, y la integración del interior provincial”, algunas de las asignaturas pendientes.
  Y a nivel local, justamente la arena donde el Ejecutivo municipal no puede sino ejercer un rol protagónico, Lifschitz prometió “seguir trabajando en los mismos ejes y líneas” que “han caracterizado el desarrollo, el progreso y la transformación de la ciudad en la última década”.
  Esa renovación urbana, aseguró, tendrá “no una sino muchas caras”. Entre ellas, una continuidad en la recuperación de la costa para usos públicos, pero también —y este punto fue reiterado en su discurso— en obras de infraestructura para todos los distritos que incluyan, por ejemplo, saldar la increíble deuda en materia de saneamiento que la ciudad mantiene, "en pleno siglo XXI", con miles de sus ciudadanos.

  Lifschitz vaticinó que Rosario seguirá siendo un "actor importante a nivel nacional y provincial", por lo que mantendrá un "diálogo directo" con la presidenta y el gobernador.

  En materia institucional, confió en que durante los próximos cuatro años la ciudad logre su plena autonomía y una nueva carta orgánica local.

  Todo su discurso estuvo apoyado en el hecho de que, por primera vez desde el retorno de la democracia, Rosario y Santa Fe compartirán signo político. Lo que permitirá "coordinar planificaciones en todos los campos, incluidos los servicios esenciales, la educación, la seguridad, la salud y la vivienda, a las que definió como "grandes demandas sociales".

  En todo momento, y con una inocultable ausencia de autoridades provinciales de primer nivel, los actos de asunción y toma de posesión de cargos del nuevo gabinete municipal (ver infografía en página 10) tuvieron clima de fiesta. Y más allá de que fue una coalición la que llevó a Lifschitz y Binner a sus respectivos puestos, la fiesta fue socialista.

 

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