“Una pieza para mí sola”. “Un baño con bañera”. “Un jardín para
plantar rosas”. “Un techo de material y no de chapa”. “Más espacio”.
Estos son sólo algunos de los sueños que se escuchan por los pasillos del barrio toba de Travesía,
al noroeste de la ciudad. Adultos, adolescentes y niños le confesaron a La Capital qué
esperan del plan de 500 viviendas que construirán y habitarán ellos mismos y que se lanzó ayer en
un acto populoso y hasta con bailes típicos, tras un convenio suscripto entre el municipio, la
Fundación Madres Plaza de Mayo y la Nación. Ofició de anfitrión el intendente Miguel Lifschitz,
quien fue acompañado por la titular de la Fundación, Hebe de Bonafini, autoridades nacionales y
toda la barriada del lugar.
“Fue una fiesta”, aseguró Juan Carlos Medina al referirse al
acto. El hombre, oriundo de Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco), tiene 40 años, 5 hijos y dice que
por estos días su tarea es la de “vigilar el predio” donde se construirá su casa y la
de sus pares. Cuenta que vino de visita a esta ciudad en el 83, que su familia sólo sabía cosechar
algodón pero que cuando “eso” se terminaba “se pasaba mucho hambre”.
Recuerda que consiguió trabajo en Rosario y luego llamó a Victoria López, hoy su mujer, a sus
hermanos y a su madre.
Medina oficia de guía de este diario por los estrechos pasillos del
barrio con casas enumeradas a pincel. Posa con su familia frente a la vivienda que él mismo levantó
en sólo 4 días junto a su hijo (él lo llamará “chango”). La hicieron con ladrillos
huecos y chapa: una sola pieza en donde se confunden el dormitorio, la cocina y el baño. “Acá
no hay sombra, no se puede plantar nada; será bueno tener un jardincito”, dice su mujer, de
33 años.
Frente a ellos, en las casas 48A y 48E, separadas entre sí por hileras
de ropa tendida, viven Celestina Báez, de 23 años y Soledad Olivera, de 19. Madres pero “no
esposas”, deslizan. Entre las dos suman cuatro hijos que no superan los tres años. Desde hace
poco son beneficiarias de la Asignación Universal por Hijo y ahora están contentas porque también
contarán con una nueva vivienda. ¿Qué anhelan tener? “Un baño dentro de la casa para no
morirnos de frío en invierno”, dice Celestina. El plan habitacional prevé para ellas la
actividad de ayudantes de obra y mientras trabajen podrán dejar a sus chiquitos en la maternidad
que montará la Fundación “para que los hermanitos mayores no pierdan su infancia cuidando a
los más chiquitos”, según advirtió el apoderado de la entidad, Sergio Shocklender.
Los Barreto, de la casa Nº 29, interrumpen la mateada familiar por esta
nota. El, Roberto, de 37 años; ella, Roxana, de 32 y sus cinco críos. “Mire cómo vivimos,
todos apretados. Somos gente que podemos construir. ¡Si esta casa la levanté yo mismo! Ahora
tendremos una propia y digna, y por primera vez tendré un trabajo en blanco. Y lo mejor: perder el
miedo permanente al desalojo”, asegura Roberto.























