Capítulo seis

La epidemia que no fue: una ciudad solidaria con Corrientes y Buenos Aires

El Rosario encabeza los socorros para Corrientes y será el mayor aportante relativo en la ayuda a Buenos Aires

Sábado 10 de Julio de 2021

Las pestes y la muerte parecen ser moneda corriente en las noticias de 1871 y a lo mejor no solamente la solidaridad con las víctimas de la fiebre amarilla haya movido al pueblo del Rosario a brindar las ayudas a su alcance. Sino también la conciencia de su posición geopolítica, del éxito de su política sanitaria y de un Gobierno nacional ausente.

Para febrero el cuadro en Corrientes es desgarrador. Gran parte de la población ha desaparecido, los médicos han muerto, la Municipalidad ha sido clausurada y las boticas han cerrado. El Rosario recurre a su sensibilidad y crea, se informa el día 25, una Comisión encargada de recolectar fondos para socorrer a los enfermos de fiebre amarilla en Corrientes.

Integran la Comisión de Socorros á Corrientes el juez de sección José María Zuviría, Ramón Contreras, Desiderio Rosas, el presbítero Milcíades Echagüe, el sargento mayor Juan F. Vargas, el capitán del Puerto Cecilio Echavarría, Julio y Telésforo Díaz, y el canónigo Martín Piñero. La preside Federico de la Barra con Nicanor González del Solar como secretario.

Al otro día comienza la publicación de la lista de suscripción de la Comisión de Socorros á Corrientes con los nombres de los aportantes. En un día se recaudaron 259 pesos bolivianos. Así como La Capital, los diarios La Tribuna y la Opinión Nacional ponen a disposición sus columnas para la publicidad de las actividades de la Comisión de auxilios.

La junta prepara a dos médicos, Francisco Gutiérrez de Casto y Santiago Bissegger (?), y un gran botiquín que serán enviados a Corrientes con todos los gastos “costeados por la generosa y humanitaria población del Rosario”. Únicamente solicita la colaboración del Gobierno nacional para que disponga de un vapor para llegar a destino. El Ministerio de Guerra responde que lo “siente en el alma” pero que no puede ayudar.

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Detalle de "Llegada a Montevideo de la epidemia en 1857", óleo sobre tela de 1859 de Luis Voena/ Museo Histórico Nacional de Uruguay.

Corroborado el nulo interés del Gobierno nacional, la cruzada solidaria rosarina por Corrientes trata de expandirse. Su presidente despacha cartas al padre Guardián del Convento de San Lorenzo, Fray Francisco Tavolini, para que estimule la caridad de ese vecindario, así como a “S. S. Ilustrísima señor Obispo Diocesano de Córdoba” y al Gobierno de Córdoba que colabora rápidamente con la Comisión, a través de su Ministerio de Gobierno, pues encuentra en ella “un centro al cual dirigirse con este objeto”. El ministro del Interior, Dalmacio Vélez Sarsfield, la felicita “por la noble iniciativa que han tomado en vista de las desgracias que pesan hoy sobre la provincia de Corrientes”. Pero no envía un peso. Los empleados del Ferrocarril hacen una colecta de 200 pesos y la donan a la Comisión.

En un editorial, el martes 28 de febrero La Capital cree que “tócale á la población del Rosario levantar la voz” para denunciar que Corrientes ha sido abandonada a su suerte por el Gobierno nacional: “Este abandono no tiene disculpa” ya que después de dos meses “ha sido convertida en un cementerio”.

El Gobierno nacional se da “por enterado” de la situación en Corrientes y envía a la zona a “un profesor de Medicina y los practicantes necesarios, cuyos sueldos se abonarán con el Tesoro Nacional. Le concede además a la autoridad local una suma de dos mil pesos fuertes para gastos extraordinarios” producto de la pandemia.

La colecta para los correntinos viene viento en popa. El cura Guardián de San Lorenzo remite el 6 de marzo a la Comisión la suma de 209 pesos y un real bolivianos, junto a una carta con un elogio “a la espresión del sentimiento caritativo de mis amiguitos queridos, niños y niñas de casi todos los Colegios de la ciudad sanlorencina” y con la lista de contribuyentes ya que ha sido un año “bastantemente escaso para ellos”. Para el 15 de marzo es el Colegio del Rosario el que hace una colecta entre sus alumnos y el director del establecimiento, E. Boeckelmann, remite a la Comisión 12,60 pesos reales.

En una editorial llamada “¿Qué es de Corrientes?”, el sábado 1º de abril La Capital aboga por el auxilio urgente a esa provincia sin “escusar á la autoridad Nacional el olvido criminal que parece haber hecho de ese pedazo de tierra Argentina”. Y se lamenta: “Nadie sabe si existe esa Provincia. Se ignora la suerte de esa población. No se conocen los estragos del flajelo; no se sabe si hay quién lo socorra, ni de las infelices víctimas de la fiebre (...) Pobre Corrientes !”. Asimismo llama la atención sobre la falta de solidaridad, al recordar que “dos pueblos te han enviado su óbolo. El Rosario y Córdoba, -¿y los demás? que hacen que no dirigen sus miradas á la que derramó su sangre por la paz de la Nación (...) ¿Donde está esa fraternidad que debe latir en todo corazón argentino por los suyos? ¿No es su sangre nuestra sangre?” Para concluir: “¿Corrientes no es digna de tener un vapor para auxiliar á sus hijos perseguidos por el flajelo? ¿No merece que le envíen médicos y boticarios? No tenemos palabras bastante fuertes con que condenar la indiferencia del gobierno en general”.

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La estatua del doctor José Ramón Vidal preside el Monumento a los mártires de la epidemia de la fiebre amarilla de 1871 instalada en la plaza La Cruz de Corrientes capital / ciudaddecorrientes.gov.ar

Entre tantas malas noticias, dos no tan malas. El domingo 2 de abril se confirma desde Corrientes el arribo de los auxilios enviados por la Comisión de Socorros del Rosario, que “han servido de poderoso lenitivo á aquella afligida población”. Y celebra: “Al fin escuchamos la voz de nuestros hermanos de Corrientes, cuyo éco doloroso se había perdido en las brumas del caudaloso Paraná”. Por su parte, el 15 de abril en una carta enviada a la Comisión de Socorros rosarina, el Geje Político de la ciudad de Corrientes felicita al médico Gutiérrez de Casto, “que envió la comisión con tanta oportunidad”, y quien “ha prestado y está prestando servicios preciosos á la humanidad”. La autoridad correntina afirma que “todo el que ha sido atendido por él ha salvado, y son muchos”. Desde 1931, una calle de la ciudad de Corrientes se llama "Héroes civiles" de la epidemia de 1871. El doctor Gutiérrez de Casto, enviado por el Rosario, figura en la lista.

Se instala una polémica en Córdoba cuando el periodismo denuncia que el Gobierno provincial no ha girado el dinero recolectado por la Comisión de Socorros á Corrientes a sus reales destinatarios, las víctimas de la fiebre amarilla. Si la autoridad “no ha concurrido con ese sufragio de la generosa población cordobesa, ¿para cuándo espera dar su aplicación á sos recursos según el espíritu y voluntad de los donantes? ¿Espera que hayan pasado las necesidades y las exijencias?”.

El foco en las víctimas porteñas

Pese a las marcadas diferencias con el Gobierno nacional y la rivalidad con la ciudad de Buenos Aires, y quizás envalentonado con el éxito de la campaña en favor de Corrientes, el Rosario comienza a movilizarse esta vez poniendo el foco en las víctimas porteñas.

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Para el diario Siglo de Montevideo, del 1º de febrero al 14 de abril han muerto en Buenos Aires 11.644 personas si se suma un 10% no contabilizado / Archivo Histórico Diario La Capital.

Atenta a la reunión que en la ciudad de Córdoba se realizará para constituir una comisión para tal fin, el martes 4 de abril La Capital recomienda canalizar la ayuda en forma conjunta con los cordobeses no sin aclarar: “No falta quien diga que no necesitan de nosotros. La desgracia necesita de los grandes y de los pequeños. No vamos á auxiliar á los poderosos; vamos á socorrer miles de familias pobres que quizá caen postradas en el lecho del dolor; estenuadas de hambre. Que caen bajo la saña feroz del implacable flagelo (...) Cumplamos este deber que nos impone la sangre, la religión y la humanidad”.

“En honor a la reputación filantrópica de que goza el Rosario, guiándonos por su espíritu progresista, y en el deseo de que formemos siempre á la vanguardia de los demás pueblos de la República”, el miércoles 5 de abril se abre en la ciudad una suscripción para ayudar a la Comisión Popular de Buenos Aires.

Están involucrados en la creación de una comisión de ayuda a Buenos Aires el “señor (Federico de la) Barra y otros caballeros”. Entre ellos, el propio Ovidio Lagos. La recolección de fondos debía comenzar el martes 11 de abril. Pero el presidente de la Comisión Popular porteña, Héctor Varela, le informa el lunes 10 en carta a Camilo Aldao o José Caminos que, “contando con los nobles sentimientos del Pueblo Rosarino”, ha designado a quienes deberán organizar la suscripción “nombrando al efecto á los Redactores de los Diarios, á los Señores (Luis) Lamas y Hunt, (Francisco) Weldon, Machain, Joaquín Fillol y VV. dos”, además, luego de Federico de la Barra. Se nombra presidente de la Comisión al Dr. D. Eugenio Perez, y colaboran D. Benjamín Ledesma, D. Lisandro de la Torre, D. José María Ruiz, D. Francisco S. Weldon, D. Ovidio Lagos, D. José de Caminos, D. Joaquín Fillol, D. Luis Lamas y Hunt y D. José Machain.

En esa misma carta fechada el lunes Varela agrega: “La situación aquí es espantosa. Ayer más de quinientos. Hay desolación”. Es más, se informa que “el General Mitre y su familia (han caído) enfermos”, que la Comisión de higiene porteña ha aconsejado “el desalojo de la ciudad” y que el Gobierno bonaerense ha declarado feriados los días que restan del mes.

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El Banco de Londres y Río de la Plata en construcción en 1870 y ya terminado en calle Puerto 155 (hoy San Martín al 900) / Museo Histórico Provincial Julio Marc.

La colecta se realizará a través de una suscripción abierta en el Banco de Londres y Río de la Plata a la que tributan los integrantes de la Comisión y de subcomisiones especialmente formadas, por ejemplo, las de la “Marina”, el norte, el oeste y el sud de la ciudad, de calle Mendoza y 3 de Febrero, de calle San Luis y San Juan, de calle Córdoba y Rioja, de calle Comercio y de las calles San Lorenzo y Santa-Fé. La Sociedad Damas de Caridad del Rosario también gestiona una suscripción.

Es vox populi que los más afectados son los extranjeros por sus malas condiciones de vida y por indicación del Cónsul de Italia Sr. D. Luis Potich, la colonia Italiana del Rosario se organiza en comisión “para recolectar fondos entre sus conciudadanos y remitirlos á Buenos Aires para socorrer á las familias pobres y víctimas de la enfermedad reinante”. Lo mismo hará la colectividad alemana del Rosario.

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La apelación universalista que hace La Capital en favor de la ayuda a las víctimas de la fiebre amarilla en Buenos Aires toma cuerpo en un ejemplo real del famoso crisol de razas en se convirtió luego la ciudad y la región. Se trata de la Colonia Bernestadt, cuyos integrantes “al desplegar la bandera de la caridad lo hacen sin distinción de nacionalidades”, ya que “en estos momentos no se trata de conocer la fe de bautismo de cada uno”.

Colonia Bernestadt había sido fundada en 1870 a 35 km. de Rosario como una estación en la expansión del Ferrocarril Central Argentino y un censo de la época describe la pluralidad de nacionalidades de las familias integrantes (de lo que hoy es la localidad de San Jerónimo Sud): son 76 familias, 23 francesas, 18 suizas, 13 argentinas, 11 italianas, 6 alemanas, 3 inglesas y 2 españolas. Entre ellas hay 55 familias de religión católica y 21 protestantes. Y no sin señalar que “las víctimas son en su mayor parte extrangeros”, se esperanza: “Esperamos pues, que las diversas nacionalidades que se ocupan de regojer fondos se reunan todas y formen una sola comisión con un solo y único objetivo. (...) Las poblaciones víctimas de los flajelos no tienen nacionalidad, y quien diga tal olvida el primer sentimiento que debe latir en el corazón del hombre, por el hombre que sufre”. Según informa el diario, algunos miembros de la Colonia Bernestadt, en gestos de “sublimes rasgos” y al no contar con “fondos” para la colecta, “han ofrecido parte de sus cosechas”. Se nombra a un “Sr. Petich” como posible representante de la comisión de Colonia Bernestadt.

La campaña solidaria en favor de los enfermos de fiebre amarilla en Buenos Aires se propaga. En su segunda reunión, la Comisión de Socorros á Buenos Aires del Rosario dirige cartas al gobierno de la Provincia y a la Municipalidad de Santa Fe para que se nombren sendas comisiones de ayuda.

Rápidamente la Comisión local hace un envío de cuarenta mil pesos, después otro de cincuenta mil y recauda diariamente unos mil pesos. El presidente de la Comisión Popular porteña, Héctor F. Varela, agradece a los rosarinos sus esfuerzos, entre ellos los de pobladores pobres, como en el caso de la señora Agustina Dobal, que donó a la Comisión “una pequeñez”, como ella mismo lo expresó, ya que es “muy poco lo que puede dar una persona que solo tiene su voluntad”. Tanta “humildad” y “ternura” han impactado a los miembros de la Comisión, dice La Capital.

El presidente de la HCM, Narciso del Castillo, envía a su par porteño una orden telegráfica del Banco de Londres por la suma de quinientos pesos fuertes “para que sea invertida en favor de la humanidad doliente flajelada por la fiebre reinante”.

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Billete de 1 Peso Plata Boliviana emitido en 1866 por el Banco de Londres y Río de la Plata del Rosario / billetesargentinos.com.ar

Más ayudas de acá y de allá

Los señores Ricardo Uranga, Francisco Gastiaburo, Antonio M. Juárez y D. Juan Armstrong fueron encomendados para la recolección de fondos de ayuda para Buenos Aires. Se han colectado 400 pesos.

Asimismo La Capital llama a los vecinos de la localidad de San Lorenzo a “hacer sentir su espíritu filantrópico” y concurrir “con su óbolo a la suscripción popular en favor nuestros desgraciados hermanos de Buenos Aires”, quienes responden reuniéndose en la Comandancia y nombrando al Fr. Francisco Tovolini como presidente de una subcomisión.

También se levanta una suscripción en el Puerto de Piedras (hoy Villa Constitución) que aporta en un “paquete sellado y lacrado” con “cien pesos y diez centavos bolivianos”. La recolección de fondos estuvo a cargo de “los señores don Jesús Salmoral, don José Pusterla, don Andrés Brochero y don Luis Fernández”. Ha actuado como emisario el señor D. Juan Arizego y se publica la lista con los colaboradores.

En diferentes cartas se anuncian apoyos a la Comisión de Socorros á Buenos Aires presidida por D. Eugenio Pérez. José María Cullen (ex gobernador de Santa Fe, hombre prominente y fundador de la primera empresa de navegación del río Paraná) dice que ya aportó a la delegación en San Lorenzo la suma de cien pesos bolivianos pero al considerar “un deber sagrado contribuir al alivio de nuestros hermanos que sufre” hará una contribución similar a la Comisión del Rosario. El Sr. D. José M. Echagüe ha recolectado en la ciudad de Santa Fe para el auxilio de Buenos Aires la suma de seiscientos pesos.

Pedro Correa (sería un respetado hombre de San Juan, soldado “valiente y justiciero” de la Independencia) también responde al llamado con otros 100 pesos bolivianos y una disculpa: “Ruego a Vd. quiera disculpar lo pequeña de la ofrenda en consideración á lo difícil de las circunstancias que atravesamos”.

Resuena también la carta del gobernador de Santiago del Estero, Alejandro S. Monte, del 25 de abril a la Comisión rosarina. El mandatario ha nombrado por decreto del día 24 “una comisión que colecte fondos entre el vecindario de la ciudad y campaña para auxiliar á la desgraciada Buenos Aires, á cuyos dolores no puede ser indiferente la provincia de Santiago”. El Gobierno santiagueño hará su aporte a esa colecta “en la cantidad que sus escasos recursos se lo permitan”.

“A pesar de su pobreza”, la provincia de La Rioja también se pliega a la cruzada por Buenos Aires convocada por el Rosario en una carta fechada el 25 de abril. La Capital aclara: “Si la Rioja es pobre y ocupa un rol tan secundario en la asociación, la culpa es de los Padres de la Patria que no se acuerdan de aquellos que más necesitan de los beneficios de la asociación política”.

La Provincia de San Luis decide sumarse con una suscripción popular a la contribución de sus ciudadanos en beneficio de la atribulada Buenos Aires.

Una carta fechada el 4 de mayo, el gobernador de Jujuy, Pedro J. Portal, se dirige al presidente de la Comisión de Socorros á Buenos Aires y, aclarando sobre los pocos recursos con los que cuenta, notifica que ha enviado 300 pesos a nombre del diario El Comercio de Buenos Aires.

Por su parte, el ministro general oficial 1º Ramón Rosquellas, en nombre del gobernador de Salta Benjamín Zorrilla, contesta en otra carta que en esa ciudad se ha formado una comisión, presta a levantar una suscripción.

En Tucumán también se constituyó una comisión y una suscripción popular y sus aportes han sido remitidos a la Comisión Popular porteña. Firman el envío, entre otros, Emilio Esteves, Francisco García y Federico Helguera.

Por su parte, en Montevideo varias mesas en el Mercado recogen “dádivas” de vecinos y puesteros, para una Comisión de ayuda que recolectará 300 mil pesos gracias a un certamen literario que tuvo lugar en el (teatro) Solís y “se anuncian varias funciones teatrales con el mismo loable objeto”. Tras el dinero, la Comisión Popular porteña recibe además “500 catres, 400 colchones y algunas almohadas” desde la capital oriental.

El Brasil hace lo mismo. El Emperador ha contribuido con nueve médicos que se trasladaron hacia la devastada ciudad, y a costa de la “fortuna particular” del Emperador, se han remitido drogas, boticarios y colchones que han arribado al puerto porteño en el buque Isabel.

Buenos Aires contagia lágrimas

Los médicos del Rosario, Dr. Deground y otro facultativo, “pasarán a Buenos Aires a ofrecer sus servicios profesionales. Honor á los que tal hagan, y Dios los proteja”. La apelación religiosa no parece estar demás cuando un telegrama de las 08:50 a.m. del 14 de abril le informa a Ovidio Lagos que su hermana Emilia está “muy enferma” y en otro de las 06:00 p.m. que ha fallecido. La correspondencia concluye: “Tened resignación. Todos pasamos por el mismo trance”.

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El encierro a causa de la peste es el tema de "Fiebre amarilla", un filme de 1982 de Javier Torre / Diario La Nación.

Y como si todo fuera poco el Sr. Presidente Sarmiento se reúne con el Gobernador bonaerense “para ocuparse de trasladar sus oficinas á la villa de Mercedes que es el punto aconsejado para tal efecto”, mientras Varela desde Buenos Aires menciona los fallecimientos del “Doctor Beascoeher, Doctor Fort, oriental corredor Reboul, Adolfo Argerich”. La propia esposa de Varela está infectada, “pero sin gravedad”.

El 19 de abril la Comisión Popular porteña condujo al Cementerio de la Chacarita, inaugurado cinco días antes, “los restos queridos de Adolfo Argerich. Héctor Varela pronunció un notable discurso. Los doctores Gómez y Gallarani abrazaron el féretro”.

La serie completa

Capítulo 1: Cómo zafó el Rosario de la fiebre amarilla en 1871

Capítulo 2: Noticias contradictorias crean un clima angustiante

Capítulo 3: Restricciones y efectos de la peste en el Rosario

Capítulo 4: Crisis económica y alcance de la política sanitaria

Capítulo 5: Quién era el Dr. Francisco Riva, un héroe local

Capítulo 6: Una ciudad solidaria con Corrientes y Buenos Aires

Capítulo 7: Una hazaña rosarina que se destacó cuando vino lo peor

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