El Foro de Periodismo Argentino (Fopea) expresó su preocupación por la alarmante situación que se vive en Rosario por la ola de amenazas y atentados que tuvieron como blanco a funcionarios políticos y judiciales y, en el último tiempo, a trabajadores, solo para infundir terror en la sociedad. Este martes se sumó un mensaje intimidatorio dirigido a los periodistas dejado en un supermercado chino de la zona este de la ciudad.
En un comunicado hecho público este miércoles, titulado "Alarma en Rosario: nuevas amenazas del crimen organizado al periodismo", Fopea señala que ve con preocupación que la ciudad nuevamente se vea "paralizada por las amenazas y ataques del crimen organizado contra toda la ciudadanía, pero en particular contra los periodistas". Y añade: "La escalada violenta pone en riesgo la integridad física y psíquica de nuestros colegas, amenaza la libertad de prensa y de expresión y atenta contra el ejercicio del periodismo y el derecho a la información de la población".
"En este contexto de alta volatilidad, los periodistas que reflejan estas historias están en constante amenaza", destaca la entidad, dedicada a la promoción del periodismo de calidad y la defensa de la libertad de expresión. Y añade: "Los periodistas denuncian graves falencias a la hora de brindar garantías para el ejercicio de la profesión y de seguridad para la población en general. Además, respecto del avance de las bandas narco sobre el espacio público, es sabido que esto no sería posible sin la complicidad de elementos de la política, las fuerzas de seguridad y la Justicia".
La comunicación concluye con una cita del maestro del periodismo Javier Darío Restrepo, en la que se refirió a la violencia narcoterrorista en Colombia y México y subrayó decir que el gran objetivo que tienen estos grupos es inhibir a la sociedad a través del miedo. Por eso, “la voz de un delincuente cuando amenaza, no debe tener eco en los medios de comunicación”.
La violencia narco en Rosario
Esta semana vivió momentos de extrema tensión después de que un chofer de la empresa de colectivos Movi hallara en una de las unidades un cartón con un mensaje amenazante. Después, desde un automóvil lanzaron frente al barrio Cerrado Funes Hills Miraflores una cartulina con una intimidación dirigida a la familia de Ángel Di María y la noche siguiente, con el ambiente convulsionado por las amenazas al transporte urbano, se dio una seguidilla de ataques e intimidaciones a colectivos que provocó un paro de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) que paralizó la ciudad.
Las intimidaciones se dieron en el marco de la ola de violencia que le costó la vida a Marcos Daloia, el colectivero de 39 años de la línea K fuera baleado en la cabeza el pasado jueves 7 de marzo cuando cumplía su recorrido en México y Mendoza, en la zona noroeste de Rosario. Murió tres días más tarde en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca).
El ataque contra Daiola se dio después de que ejecutaran a sangre fría a dos taxistas -Héctor Raúl Figueroa, de 43 años, y Diego Alejandro Celentano, de 32 años-, ambos baleados cuando estaban trabajando y con el mismo modus operandi: les dispararon con balas de la policía de Santa Fe y en el lugar de los crímenes dejaron abandonada una zapatilla.
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El colectivo de la línea 130 fue baleado en la punta de línea en barrio Acindar el pasado 22 de enero.
Foto gentileza Darío Uliassi
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La ola de violencia siguió con el crimen del playero Bruno Bussanich, de 25 años, que fue asesinado cuando estaba trabajando en la estación de servicio ubicada en Mendoza al 7600, en la zona norte de la ciudad. Fue acribillado por un pistolero solitario que llegó y escapó del lugar del crimen a pie. El homicidio, que quedó registrado por las cámaras de videovigilancia del negocio, sacudió al país.
El comunicado completo de Fopea
ALARMA EN ROSARIO: NUEVAS AMENAZAS DEL CRIMEN ORGANIZADO AL PERIODISMO
Desde Fopea vemos con preocupación la situación que enfrentan las y los colegas rosarinos. Nos solidarizamos con ellos y les brindamos nuestro acompañamiento.
El Foro de Periodismo Argentino vemos con preocupación que Rosario nuevamente es paralizada por las amenazas y ataques del crimen organizado contra toda la ciudadanía, pero en particular contra los periodistas. Como ya hemos dicho, la escalada violenta pone en riesgo la integridad física y psíquica de nuestros colegas, amenaza la libertad de prensa y de expresión y atenta contra el ejercicio del periodismo y el derecho a la información de la población.
En este contexto de alta volatilidad, los periodistas que reflejan estas historias están en constante amenaza.
Los periodistas denuncian graves falencias a la hora de brindar garantías para el ejercicio de la profesión y de seguridad para la población en general. Además, respecto del avance de las bandas narco sobre el espacio público, es sabido que esto no sería posible sin la complicidad de elementos de la política, las fuerzas de seguridad y la Justicia.
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El ataque contra el colectivo de la línea 143 Negra.
La depuración del Estado de quienes lo corrompen desde adentro como también la investigación de la huella financiera que deja el dinero sucio son medidas vitales para impedir un mayor avance del narcotráfico. En esa tarea, el rol del periodismo profesional se vuelve imprescindible.
Desde Fopea vemos con extrema preocupación la situación que enfrentan los colegas rosarinos. Nos solidarizamos con ellos y les brindamos nuestro acompañamiento, al tiempo que instamos a las autoridades de la Provincia de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario a que extremen las medidas para proteger a los periodistas.
Asimismo, pedimos a todo aquel que tenga cualquier grado de responsabilidad a la hora de emitir una noticia, que el afán de obtener una primicia no lo convierta en un elemento funcional al crimen organizado.
Las fotos de las notas con amenazas que dejan los narcos no agregan información a la población y pueden en cambio ser mensajes que los delincuentes quieren hacer llegar más allá de su espacio cercano, a aliados, funcionarios o bandas rivales. No contribuyamos a su difusión desde los medios periodísticos ni las redes sociales.
En igual sentido, la reproducción de imágenes de asesinatos, como las que se vieron últimamente en todos los medios, no agrega valor informativo y solo genera morbo. Además, jerarquiza al delincuente en los círculos del crimen y puede llevar a un peligroso efecto imitación. Recordemos también que muchas veces el horario en el que se producen los ataques está relacionado con la especulación sobre su repercusión mediática.
Tener en cuenta estas cuestiones para no amplificar el terror que buscan imponer los narcos es lo mínimo que se puede hacer en solidaridad con los colegas en la primera línea de riesgo.