Para algunos, las calles son apenas escenario de grandes o pequeños acontecimientos. Para otros, las calles hablan de quienes las recorren y las hacen propias. Más cerca de los segundos que de los primeros, vecinos e instituciones del barrio República de la Sexta presentaron "Florecen murales en la Sexta", un proyecto para intervenir con colores las calles de un barrio recostado en el Paraná, repleto de matices sociales y con mucha historia para contar.
En la plaza López ya quedan pocas flores, los vecinos de uno de los espacios verdes más antiguos y bellos de Rosario llevan varios años reclamando la poda de los árboles que sombrean sus calles internas y la renovación de los canteros.
El paredón del club Unión y Fuerza, de Berutti y Cerrito, tampoco tiene muchos colores. Allí funciona Orillas, una ONG que hace de la educación bandera para que niños y jóvenes del barrio puedan amasar un proyecto de vida. Y, entre otras muchas propuestas, sostiene un taller de murales del que participan decenas de pibes de entre cinco y 18 años.
Las dos instituciones y funcionarios del Distrito Centro y de la Universidad Nacional de Rosario presentaron la propuesta para crear un circuito de murales por el barrio, con la idea no solo de recuperar mediante intervenciones artísticas los espacios públicos, sino también "crear lazos de unión entre vecinos, suturando realidades y necesidades diferentes", afirman sus organizadores.
Modelo para armar
La Sexta es como un enorme rompecabezas que crece entre el centro y el sur de la ciudad. Los límites del barrio se extienden entre la avenida Pellegrini y el bulevar 27 de Febrero, San Martín y el río Paraná. En esa geografía conviven nuevos edificios, productos del boom inmobiliario, casonas de valor patrimonial, el complejo universitario conocido como La Siberia y asentamientos irregulares que desde hace dos años resisten la urbanización de la zona.
Según destaca el historiador Miguel de Marco (h) en una publicación sobre los orígenes y los barrios de Rosario, La Sexta creció en las últimas tres décadas del siglo XIX, en forma contemporánea a la expansión por sus calles de los primeros tranvías de tracción a sangre que unían el centro con el extremo sur del municipio, y se intensificó al habilitarse la estación del Ferrocarril Central Córdoba, en 27 de Febrero y Juan Manuel de Rosas.
Sobre su nombre hay distintas versiones. De Marco lo relaciona con un grupo de vecinos inspirados por Quinquela Martín, que en 1943 acuñó el concepto de “la República de la Boca” como espacio de la identidad.
Pero hay otras versiones. Algunos vecinos lo llaman "República Liberada de la Sexta" y lo vinculan a la residencia peronista y el protagonismo de la zona sur rosarina en los enfrentamientos posteriores al golpe de Estado del 55. Otros aseguran que el nombre está ligado a la antigua comisaría sexta de la ciudad o a la particularidad de ser cuna de los "seis grandes" clubes de básquet de la ciudad.
Un barrio de laburantes
Marisa Castagno es arquitecta y vive en el barrio "de toda la vida". Define La Sexta como "un barrio de laburantes, con historia de resistencia, que apuesta a la identidad barrial para lograr la integración".
Hace dos años, junto a un grupo de vecinos de la plaza López empezó a reclamar mejoras para revertir el estado de abandono de ese espacio verde. Lo hicieron a través de un grupo de Facebook que se demonimaba como "Amigos de la plaza López", con el tiempo el nombre quedó casi instituido y es como una carta de presentación en las reuniones de los consejos barriales del Centro Municipal de Distrito Centro.
La plaza es una de las más antiguas de la ciudad, allá por 1800 era el solar del Mercado de Frutos de la provincia. Después mutó en un corral destinado a la provisión de caballos y mulas para abastecer a las tropas nacionales en la Guerra del Paraguay. También supo alojar corridas de toros hasta su prohibición.
Es también, señala Castagno, uno de esos espacios a los que la pandemia obliga a repensar sus usos. "Con la crisis sanitaria, los chicos que antes estaban en la escuela o en los clubes, volvieron a la plaza. El protagonismo de los espacios públicos en la crisis santiaria es todos un tema para los arquitectos, son lugares muy activos que demandan otras obras y presupuestos para su mantenimiento", destaca.
Con los juegos clausurados, los niños encontraron en la fuente central un buen lugar para las escondidas, explica, y se anima a imaginar que la construcción huérfana de chorros de agua desde hace 20 años pueda ser uno de los espacios a intervenir con los murales.
El recorrido
Pero ese, recién será uno de los últimos puntos del recorrido de unas seis obras a cielo abierto que comenzarán a plasmarse en las próximas semanas, cuando la situación sanitaria lo permita. La primera de las pintadas será en el paredón del club comenzará en el club Unión y Fuerza, donde funciona Orillas. La ONG creada hace diez años por un grupo de estudiantes de la UNR, con voluntad de cambiar el futuro de los chicos del barrio.
Carolina Roldán fue una de las primeras en llegar con un tablón y un par de caballetes al club del barrio. "Eramos estudiantes y veíamos muchas cosas que nos molestaban muy cerca de la facultad, así que nos pusimos en acción para tratar de generar oportunidades para los jóvenes del barrio", recuerda.
Actualmente, cuando la crisis sanitaria lo permite, sostienen propuestas de apoyo escolar, fotografía, cine, rap y arte, desde donde soñaron el proyecto "Florecen murales en la Sexta".
"Lo pensamos como una manera de que los vecinos puedan apropiarse del espacio público y recuperar su identidad, trabajando en conjunto, en forma solidaria con otros", explica.
Las flores de este trabajo, dice, se verán recién sobre el final de la primavera. Sus frutos, quizás demanden un tiempo más.