La Ciudad

Entornos sustentables: los cartoneros, esos "artesanos de la vida" que inventaron su trabajo

Muchos comenzaron a cirujear en 2001. Hoy, están organizados en cooperativas, trabajan con el municipio y sueñan con una planta recicladora

Sábado 01 de Mayo de 2021

“El Papa me dijo que éramos los artesanos de la vida, porque habíamos creado nuestro trabajo”, revela Mónica Crespo, la referente de la Cooperativa de Cartoneros Unidos de barrio Industrial, respecto del recuerdo que le queda de cuando visitó a Francisco en Roma en 2013. La historia del movimiento de carreros y cartoneros recicladores de Rosario, sin embargo, empezó mucho antes. Hay que remontarse al 2001, cuando su compañero Carlos Mieres decidió poner en marcha una nueva manera de trabajar tras conocer al referente nacional del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

La Cooperativa de Cartoneros permite a muchos respirar en la crisis actual, que trae muchos indicadores de arrastre pero sin duda fue profundizada por la pandemia, una crisis que sumió en la pobreza a un gran porcentaje de argentinos. A muchos no les quedó otra que salir a cirujear con carros tirados a caballo. Otros, en cambio, lo hicieron a pie. Hoy, esa economía informal intenta tomar forma organizada y registrada a partir de las cooperativas que hay en la ciudad y los centros de distribución de residuos reciclables del municipio, que tienen como objetivo brindar trabajo y asistencia a miles de familias de barrios populares de la periferia de la ciudad.

"Todo comenzó hace 20 años cuando se vino todo abajo, en el 2001, y la gente tuvo que inventarse un empleo y decidió salir a cartonear. En esa oportunidad conocí a Sergio Sánchez, referente nacional del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), quien vino con la idea de organizar el trabajo de los cartoneros para que tengan un poco más de sustento. En ese andar nos pusimos de acuerdo con la Federación Argentina de Carreros, Cartoneros y Recicladores (Faccyr) para salir de la pobreza y el desempleo y poder seguir subsistiendo dentro de la sociedad, para no quedar al margen", le cuenta Mónica Crespo a La Capital. El diálogo se registra en el interior de la cooperativa ubicada en Gabriel Carrasco al 2600, allí donde se termine el pavimento y se une con un tramo de tierra hasta las vías del tren, en el límite entre Empalme y Ludueña.

Mónica valora el hecho de haber podido inventar su propio trabajo, "con tiempo, con peleas, con desilusiones y problemas", admite. Por ejemplo, problemas "con las protectoras de animales, que defendían al caballo pero no al ser humano. Y les repetía lo mismo: no me imagino un país donde lo manejen los animales, aunque con el tiempo nos hemos transformando en más animales que ellos", sostiene.

A Mónica se le llenan los ojos de lágrimas cada vez que recuerda cómo tuvieron que pelear para demostrar que el reciclaje a partir de la recolección manual y cooperativa era una posibilidad. "En este andar pusimos una carpa cartonera frente a la Municipalidad y enseñamos el reciclado, fue muy bien vista por la gente que vivía en la zona, a quienes se les piantó un lagrimón cuando nos fuimos porque nos decían que nunca habían visto la plaza (25 de Mayo) tan linda y tan tranquila”, recuerda. En ese trayecto ganaron la chance de hacer una prueba piloto, la Municipalidad otorgó un porcentaje del dinero que necesitaban y reconoció a los cartoneros como recicladores, mientras que el otro porcentaje lo aportó la federación que los nuclea.

Los cartoneros, esos "artesanos de la vida" que inventaron un empleo

El encuentro con el Papa en el Vaticano

"Cuando me junté con el Papa en Roma, en 2013, me dijo: «Ustedes son artesanos de la vida, porque crearon su trabajo. Y siento que somos artesanos de la vida, porque en el último peldaño no nos queremos caer, queremos seguir adelante y aportar para esta ciudad, que no haya tanta contaminación «para cuidar la Madre Tierra», como nos dijo el Papa. Porque el cambio climático lo provocamos nosotros, enterrando nylon y plástico, que tarda mucho tiempo en desintegrarse y eso hace que las tierras no absorban y las inundaciones destruyan ciudades enteras", analiza Mónica.

La charla se entremezcla con el llanto de un bebé y el aroma de la comida que prepara un grupo de colaboradores. Es que en ese lugar no solo se acumulan pilas de cartones y otros elementos afines, también se preparan viandas de comida y merienda para los habitantes del barrio que no tienen recursos para poder cocinar en sus casas. “En esta pandemia llegamos a preparar 450 raciones diarias de comida y copas de leche durante la tarde”, detalla Mónica mientras los integrantes de la cooperativa llegan de su recorrido y se prenden alrededor de la mesa donde se realiza la nota.

"Elegí esto y lo hago con amor porque sé los compañeros que tengo. Hoy se me arrimó un pibe que se había armado un carrito para salir a cartonear. Me dijo: «doña, ¿cómo puedo hacer para trabajar?»”, se conmueve la referente cartonera al tiempo que lamenta que “hombres y mujeres que trabajaron en empresas hoy, con 45 y 50 años, queden afuera del sistema y no les quede otra que cirujear".

Los “negros” del carro y el caballo

Para muchos, se trata de un trabajo invisible, otros hablan con tono despectivo de quienes “revuelven la basura”, pero el trabajo de los carreros y cartoneros es una pieza fundamental que se torna una fuente de materia prima para otros recicladores como aquellos que trabajan en la reutilización de cartón, plástico y vidrio. Sin embargo, desde la Cooperativa de Cartoneros Unidos defienden a fuerza de trabajo y amor propio el recorrido a pie día a día y la relación con el vecino, por encima de las denuncias sobre el maltrato animal cuando la mayoría del recorrido se hacía con carros tirados a caballo (tracción a sangre).

"No se puede hablar de una ciudad de basura cero sin el reciclador al lado, porque sabemos de lo que hablamos, estamos especializados. La compañera dialoga con los vecinos, los asesora y acompaña. Lo que queremos es que en la ciudad haya menos basura y más trabajo, más reconocimiento para el compañero, pese a que siempre fuimos los negros del carro y el caballo. De todos modos, esta cooperativa siempre sobresalió, nunca tuvimos animales maltratados, pese a que nos consta que hay casos. Tenemos compañeros que hasta les hacían la cama todos los días al caballo", remarca Mónica.

El largo trayecto y las luchas que tuvieron que enfrentar ante los Estados municipal y provincial fue “de mucho dolor, además sabemos que estamos molestando a las grandes empresas recolectoras de basura”, sostiene.

Mónica asegura que las empresas de higiene urbana "piensan en el entierro y el cobro, pero ambientalmente nos están destruyendo. Por eso desde la Federación estamos pidiendo que sancionen la ley de envases para no contaminar, de la misma manera que las grandes empresas tienen que aportar recursos para el reciclado. Desde la federación estamos haciendo un trabajo muy minucioso".

El sueño de la planta recicladora

"Sabemos de lo que hablamos porque capacitamos a nuestras pibas como promotoras ambientales y luego dan charlas en universidades, escuelas y plazas para asesorar acerca del reciclado, mientras que los compañeros hacen un recorrido estipulado por el municipio tres veces por semana y nosotros estudiamos los barrios para hacer el recorrido y hablar con el vecino. Les presentamos al compañero para que no tengan miedo, ya que van identificados", explica Mónica. Todos los lunes, miércoles y viernes, desde la cooperativa sale una quincena de pibes y pibas a recorrer el populoso barrio que está detrás de la avenida Sabín y recorre una vasta zona para asesorar al vecino, mientras otros recolectan los residuos separados de origen para luego pesarlos y enviarlos a otra cooperativa ubicada en el barrio Cristalería.

"El vecino se prende muchísimo, creo que era la pata que le faltaba al reciclado, y eso hace que tengamos más de 700 casas que nos dan el material. Para nosotros es un logro. En la prueba piloto son 16 pero aspiramos a más porque queremos tener la planta recicladora, que le daría trabajo a un montón de compañeros que hoy están tirados en la calle. Además hay un reconocimiento: ellos tienen un sueldo, un seguro y que es un trabajo invisible que nunca se reconoció. Además, ahorramos trabajo y dinero en el entierro en los basurales, que ya de por sí es malo y contraproducente para el medioambiente", agrega.

Los otros luchadores

Los integrantes de la cooperativa comienzan su recorrida a las 8.30 y cerca de las 11 ya están de vuelta para pesar el cartón recolectado. Desde allí lo trasladan en dos camionetas hacia otra cooperativa que también sabe de luchas y de batallas ganadas para salir de la pobreza y formalizar su trabajo. Se trata de “Los luchadores 1º de Mayo”, una cooperativa formada por cinco hermanos y un primo (cuatro varones y dos mujeres). Allí esperan los hermanos Gaitán y un primo de ellos. Comenzaron en el 2001, cuando no les quedó otra opción que comenzar a cartonear para seguir subsistiendo. Recién en octubre de 2019, cuando el municipio inauguró el Centro de Recepción de Residuos Reciclables, ubicado en Candia y Pasaje 1332, en el barrio Cristalería, pudieron formalizar su situación laboral en otra prueba piloto.

“En esta cooperativa somos seis, comenzamos en Olivé y Cabal, en la puerta de mi casa”, señala Claudia Gaitán, quien preside la Cooperativa “Los luchadores 1º de Mayo”. El nombre no está colocado al azar. Tiene que ver con una verdadera lucha que pasó de tirar un carro a caballo a recolectar residuos reciclables en una combi.

“Venimos luchando para normalizar y recién hace dos años y medio pudimos”, destaca Claudia con alivio, mientras otro grupo de muchachos terminan de descargar los retazos de cartón y los apilan en un gran contenedor tras un proceso de limpieza y selección. Luego, se encargan de comercializarlo a otras empresas o recicladores.

“Los avances se ven porque de estar en la calle arriba del caballo pasamos a la combi”, valora Claudia para explicar que ellos reciben material de otras cooperativas y de recolectores informales y también realizan recolección en countries de Fisherton, sucursales de cadenas de supermercados y algunos dispensarios de la zona noroeste de Rosario, a partir de los contenedores naranjas de separación diferenciada. También prestan servicio puerta a puerta en clubes, escuelas y vecinales.

A su turno, Lucas López, asesor técnico de la Dirección de Residuos del municipio, explica que “el convenio es en conjunto con las organizaciones y la Municipalidad, en el cual se les paga por el servicio por recolección, manzana de recorrido y se les brinda ropa de trabajo”. Además, el municipio se encarga de colaborar con los gastos administrativos y asistencia a los recicladores que forman parte de la prueba piloto que lleva el municipio con los otros centros de recepción y tratamiento de reciclables, ubicados en bulevar Seguí 3964 y pasaje Ancón 2865. Y subraya: “La idea fue formalizar la venta de material porque la mayoría son ventas informales. Por eso la importancia de la cooperativa para normalizar su trabajo”.

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