Cómo no esperar llantos, alguna frase temeraria y escenas cargadas de dramatismo e indignación, si ayer, cuando se organizó la primera marcha de silencio por la tragedia de calle Salta al 2100, habían pasado apenas 16 días del desastre. Cómo explicar los rostros de dolor de quienes caminaron a lo largo de una populosa cuadra, en silencio, con velas, pancartas y fotos de sus muertos, si aún las causas de la explosión que mató a 21 personas, dejó a decenas de heridos y familias con lo puesto, no tiene explicación. Cómo no escuchar la palabra "justicia" cuando la investigación recién comienza, los responsables podrían ser muchos y las heridas están en carne viva.
A pesar de las pérdidas irremediables y la sinrazón, familiares de la víctimas, amigos y vecinos que sólo estuvieron allí para dar su apoyo, caminaron anoche desde el Monumento, por la peatonal, hacia la sede de Litoral Gas (Mitre 621). Y ya convocaron a una nueva marcha para cuando se cumpla un mes de la explosión: será el próximo 6 de septiembre.
A una hora de la partida, sobre la puerta de bronce de la empresa quedó un collage con las fotos de los fallecidos, como testimonio de la procesión y el reclamo.
Hugo Montefuso, Estefanía Magaz, Débora Gianángelo, Carlos López, Maximiliano Vesco y Santiago Laguia, fueron sólo algunas en nombre de todos. Quedaron también en el aire los gritos "fuerza familias" y "fuerza Rosario". Los aplausos cerrados de respeto y compromiso. Y, entre tantos carteles, se destacó uno, simple y sintético, que sin embargo tiene la furia de una condena social: "La especulación mata", se leyó.
Algunos se animaron a calcular que la concurrencia fue de 2 mil personas. Pocos o muchos, lo palpable es que el luto sigue en pie y anoche se sintió así. La voz firme de Carlos, el padre de Santiago Laguia, que prácticamente fue quien ordenó la caminata, fue una muestra. "A pesar del dolor marchemos en paz y en silencio. Que no haya ningún exabrupto, repitamos esta marcha en un mes, seamos más", dijo vistiendo una remera con la cara de su hijo, toda una marca de quienes conocieron a este estudiante de Medicina oriundo de Pergamino y de quienes lo buscaron cuando aún se creía que había salido con vida del derrumbe.
Cargada con la bronca que genera la indignación, Gladys, la mamá de Carlos López, advirtió que matará a quien sea si no le dan una respuesta y no condenan a los culpables. "Si no actúa la Justicia, actuaré por mano propia", dijo quebrada la mujer. A su lado, su hija y hermana de Carlos, pedía que se investigue a la administración del edificio siniestrado que, según ella, aún no dio explicaciones por una "larga deficiencia en el servicio de gas" que padecieron todos los que allí vivían.
Abrazada de sus nietas y a lágrima viva, la mujer de Domingo Oliva, no dejaba de recordar los últimos minutos en que vio a su marido.
"Me acompañó a la puerta del edificio, le di un beso y nunca más lo vi hasta que me lo devolvieron en un cajón. Alguien tiene que decirnos qué pasó", rogó la mujer.
También al duelo se sumó el hermano de Estefanía Magaz, quien sosteniendo su foto en la mano y sin vueltas dijo: "Nos cagaron la vida a todos, no queremos un subsidio de 20 mil pesos".
Paso a paso también se las vio a las amigas de Débora Gianángelo, la chica de Arteaga que estudiaba abogacía en Rosario. Levantaban un cartel de cartulina rosa con la foto de su amiga rodeada de corazones. Y los familiares y amigos de Maximiliano Vesco hacían lo mismo con varias de sus fotos. Una noche que confirmó que, para muchos, el duelo recién comienza.