La ciudad

En Venezuela era abogado, pero en Rosario trabaja como cadete

Edgar Domínguez llegó a ser apoderado del Banco Central de su país. Dejó todo y emigró. Ahora, con cada pedido también deja su currículum

Viernes 03 de Mayo de 2019

Un abogado venezolano que llegó a ocupar un puesto importante en el Banco Central de su país, en Rosario trabaja como cadete. Aprovecha sus recorridos por la ciudad para ofrecer sus conocimientos como profesional e intentar mejorar su situación, que más allá de todas las dificultades, es mucho mejor que en Caracas.

Edgar Alberto Domínguez tiene 42 años y desahuciado por la situación de su país, en 2017 decidió emigrar. Renunció a su cargo de apoderado en el Banco Central de Venezuela, dejó a su madre enferma y se subió a un avión rumbo a Argentina. Su sueño es traer a su mamá y brindarle aquí la asistencia que necesita.

"Detrás de este volante se encuentra un profesional venezolano, abogado (...) que por la terrible crisis (...) que afronta mi país, me vi obligado a emigrar, dejando en pausa una toga, una familia, una vida", escribió Domínguez en un pequeño papel que comenzó a repartir por la ciudad cada vez que lleva un pedido.

Tiene dos especializaciones en derecho y era uno de los apoderados legales del Banco Central de Venezuela, una de las instituciones públicas más importantes de ese país. Sin embargo, su sueldo era de 11 dólares por mes.

"No me alcanzaba para vivir, no lograba comprar las medicinas básicas que necesitaba mi mamá y ni soñar con darse un lujo, como por ejemplo ir al cine, es algo que no podés ni pensar. La vida es costosísima en Venezuela y tenés que estar midiéndote todo el tiempo", contó con el acento propio del país caribeño.

Estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela y a los 25 años empezó a trabajar en el Banco Central.

Todos los sábados, los dedicaba a deambular por las farmacias de Caracas con el claro objetivo de poder conseguir los medicamentos que su madre necesita.

"En Venezuela lo peor que te puede pasar es enfermarte, porque no hay medicinas, ni insumos en los hospitales. Acá atenderte en un centro de salud pública es un lujo. Ustedes no se dan cuenta", confió.

Como en Venezuela era empleado público, contaba con ciertos "privilegios".

"Uno de esos privilegios era la posibilidad de conseguir una bolsa de alimentos (obviamente pagándola) para la que había que hacer una cola de más de 12 horas. Era denigrante", recordó en diálogo con La Capital.

A las carencias económicas se sumó la crisis de valores.

En su trabajo la presión ideológica se hizo cada vez más fuerte y tras 17 años no pudo soportarlo más. "No podías pensar distinto al régimen chavista. Te obligaban a ir a las marchas y a cursos de adoctrinamiento", relató el profesional .

"Llega un momento en que tu ética, tus valores y tus principios se ven demolidos. Te das cuenta de que no querés eso para tu vida. Uno quiere ser libre y vivir en democracia", subrayó.

"Te terminás sintiendo un preso en tu propia casa y todas las circunstancias que ves y vivís te causan mucha aflicción", reconoció el abogado, quien sufrió una profunda depresión. La enfermedad fue el detonante para pensar en emigrar y dejar su país.

Lo pensó mucho porque no le gustaba la idea de dejar a su madre sola, pero tampoco veía otra salida. En 2017 se subió a un avión y dejó todo: su país, su familia, su trabajo, su toga, su vida.

"Pude venir a Argentina porque tenía amigos que me pagaron el pasaje. En Venezuela nadie accede a comprarse un boleto de avión", contó el abogado que llegó a Buenos Aires, pero prefirió instalarse en Rosario.

Mientras empezó con los trámites para obtener la ciudadanía comenzó a buscar trabajo y consiguió un empleo en una peluquería canina. Al poco tiempo logró otro puesto en una empresa de delivery donde trabaja actualmente. Comenzó haciendo los traslados en bicicleta, pero hace pocos meses consiguió una moto. "Ya no tengo 20 años", acotó.

Cada día recorre la ciudad llevando pedidos a distintas zonas y aprovecha para dejar a los clientes un pequeño papelito donde explica su situación.

Una de las clientas fotografió el papel y lo subió a las redes. Desde entonces, no para de recibir mensajes con distintas ofertas. Su WhatsApp es 341-3765123.

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