Para entrar al Liceo Aeronáutico Militar de Funes, uno se desvía de la Avenida Fuerza Aérea y entra en el predio a través de un gran portón de doble acceso, de forma cóncava con dos aleros largos, precedido por un cartel de hormigón que anuncia a la Fuerza Aérea. Apenas cruzar las rejas de la puerta, quien ingrese se topará hacia su derecha con un gran avión: un Mirage M-IIIC con una historia de resiliencia que encuentra a la Guerra de Malvinas con el conflicto de Yom Kipur, a un hijo con su padre y a la cultura medio oriental con la occidental. El mismo que finalmente recobró su valor y su identidad el pasado domingo.
Ezequiel Martel es personal civil de la Fuerza Aérea, egresado del Liceo Militar y el responsable de “picar cabezas” para que el proyecto de restauración y puesta en valor del Mirage 715 que engalana el parque frontal del Liceo fuera una realidad: “Fue como cuando comprás un auto, te lo grafitearon todo y tenés que volverlo a dejar como antes”.
El avión de guerra observa desde hace décadas cómo las promociones del Liceo llegan, transitan y egresan. Desde su llegada, la aeronave vivió tres restauraciones, donde los equipos lo pintaron capa sobre capa de pintura sobre el camuflado original con el que la nave llegó a Argentina.
El escuadrón 55
Las Fuerzas Armadas argentinas compraron en 1966 una cuadrilla de 26 aviones Mirage V al ejército de la República de Israel. Esos aviones fueron vendidos luego de su participación en la guerra del Yom Kippur, un enfrentamiento bélico que cobra una cierta actualidad en estos días, ya que se trató de una arremetida árabe organizada entre los estados egipcio y sirio contra el joven país judío.
Los aviones Mirage IIIC llegaron a Argentina con la intención de ser utilizados como fuente de repuestos para los aviones similares de la flota de la Fuerza Aérea Argentina. "Acá somos todos gauchos y decidieron ponerlos en vuelo", contó con sorna Ezequiel a La Capital, haciendo énfasis en que los aviones ya eran viejos en aquella época.
Las aeronaves fueron puestas a punto, con el esquema original camuflado en colores arena y verde, ya en período de democracia luego de 1984. Cinco de ellos fueron enviados a Río Gallegos y los restantes a Mendoza. Allí, constituyeron un escuadrón especial: el Escuadrón 55, en honor a los 55 pilotos argentinos que murieron en la Guerra de Malvinas. La cuadrilla emprendió el vuelo con el lema: “Fe, Prudencia y Coraje”
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Foto gentileza de Ezequiel Martel.
El personal civil recuerda que, como coleccionista, la insignia bordada del Escuadrón 55 es “una figurita difícil”, y relató cómo un día por Internet pudo encontrar un escudo original cuyo vendedor "no sabía lo que estaba vendiendo. Se lo saqué de las manos". Martel es un aficionado a las figuras alegóricas de la Fuerza Aérea por su formación, pero sobre todo por su vínculo con su padre.
Rubén Héctor Martel, padre de Ezequiel, era de Reconquista y piloto del Hércules C-130 que fue derribado el 1º de junio de 1982 a 70 kilómetros de Malvinas por un cazabombardero inglés Sea Harrier. Murió a los 35 años. Es un héroe de guerra, y uno de los 55 pilotos homenajeados en la denominación del escuadrón del cual formó parte el Mirage M-IIIC Shahak Matrícula C-715. El mismo que está exhibido en la entrada del Liceo.
El avión de un dólar
Ezequiel llegó al Liceo Aeronáutico Militar en febrero de 1996. Para esa instancia, el avión ya estaba fuera de servicio y colocado en la explanada delantera del predio. El joven recuerda que al llegar, la aeronave estaba pintada con un esquema experimental en dos tonos de celeste que no tenía relación con su aspecto original. Luego de hacer su periodo de adaptación, las autoridades de la institución tomaron la iniciativa de devolverlo a una fachada similar a la original: “Lo pintaron de cualquier cosa. Le hicieron un camuflado que no tenía nada que ver con el esquema original”.
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En 1999, el cadete de 5° año Martel comenzó a demostrar su fanatismo por el avión: “El avión en sí es un tesoro. De toda esa tanda de aviones que les compramos a los israelíes, había dos que tenían la mayor cantidad de (aviones enemigos) derribados. Uno que había derribado a 13 y otro que había dejado fuera de combate a otros 15 aviones egipcios enemigos en la guerra del Yom Kippur”.
Durante la década de 1990, las Fuerzas Aéreas de Israel solicitaron la recuperación de uno de los dos aviones comprados en su momento por Argentina, con la intención de exponerlo en un museo de guerra. Martel relató a este diario que la Fuerza Aérea nacional no tuvo inconveniente y le vendió la aeronave a precio simbólico: las autoridades israelíes pagaron el precio de un dólar al Estado argentino por la emblemática aeronave, el avión de los 15 derribos en el campo de batalla contra los árabes.
Actualmente, el Mirage IIIC - 713 reposa como una atracción de historia bélica, con la bandera argentina y el escudo del Escuadrón 55 en su casco y los símbolos egipcios y sirios en memoria de sus enemigos caídos, destacando su papel.
"Nunca al avión, en estos treinta años, le pusieron la matrícula", dijo exaltado Ezequiel. Con el paso de los años, el egresado del Liceo Aeronáutico acumuló ganas, ansiedad y voluntad para la restitución, hasta que un día presentó el proyecto al director de educación de la institución militar.
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Foto gentileza de Ezequiel Martel. El egresado del Liceo posa frente al avión, finalmente restaurado
“Fue como devolverle su identidad al avión”
Martel egresó del liceo en 1999, y vive en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero nunca dejó de ofrecer sus servicios al colegio militar. Desde el momento cero en el que el joven supo del Mirage 715, siempre quiso devolverle su gloria.
"Siempre trato de hacer cosas para el Liceo. Hace un tiempo doné un uniforme de papá, que está exhibido en la sala histórica de Malvinas", contó Ezequiel, y añadió: "Me faltaba el Mirage. Y muchos años tuve esa espina. Y un día dije «éste es mío»". Obstinado y decidido, Martel se presentó frente a las autoridades del instituto y solicitó ayuda para poder restaurar y poner en valor el Mirage que durante décadas estuvo en el patio del liceo: "El primer paso fue poner los tanques que cruzaban el avión abajo. Todo el mundo piensa que son bombas, pero son dos tanques de 1.300 litros. El que está hoy como director de Educación fue piloto de Mirage. Entonces empecé a picarle la cabeza, me acerqué a visitarlo varias veces y le dije que necesitaba su ayuda"
Para su sorpresa, el brigadier aceptó de buena gana encarar el proyecto y llamaron a Tandil, donde se ubica la base aérea donde volaban las aeronaves, y mandó a traer los tan preciados tanques. Una vez colocados, faltaba que el avión recibiera la puesta en valor. Para eso, Martel solicitó la asistencia de los diferentes directores del liceo, quienes estuvieron de acuerdo y se contrató a un equipo especial de Río Cuarto, donde una base de fuerza se encarga de todo el mantenimiento de los aviones de combate: "También hacen tema de pintura". Martel envió los planos de cómo se tenía que pintar el avión y en menos de una semana los técnicos devolvieron al Mirage IIIC - 715 a su vieja gloria. El avión estaba listo.
El proyecto tuvo la venia de las autoridades, pero sin el acompañamiento de los padres de los cadetes el trabajo se habría vuelto cuesta arriba: "Me acompañaron los padres de dos cadetes actuales del Liceo. Me acompañaron con todA esta movida. Un amigo en Tandil que tiene una gráfica me diseñó todos los moldes para todo lo que teníamos que poner en el avión para pintar. Y si bien me hizo precio al momento de pedirle un presupuesto, los pagó el papá de uno de los cadetes". Ese mismo padre, cuenta Ezequiel, pagó la pintura, el thinner y los rodillos.
“Fue devolverle la identidad del avión, quería devolverle el nombre. Nadie sabía que era 715”, contó Ezequiel emocionado, y agregó: “Cada avión tiene una matrícula. El avión en el que muere mi papá, la matrícula era TC-63. Y hoy en día está en el fondo del océano con los siete dentro. El objetivo fue siempre hacer algo por los demás".
El pasado martes 12 de diciembre, Ezequiel comenzó los trabajos de elaboración de las terminaciones sobre el casco del avión. Sin almorzar, sin descansar, le dio los toques finales, y el domingo 17 de diciembre colocó con sus propias manos la matrícula del avión, el cual llevaba innominado más de treinta años, y el escudo del Escuadrón 55, el cuerpo de aviones de la Fuerza Aérea que homenajea a los 55 aviadores argentinos que cayeron en la Guerra de Malvinas, entre ellos su padre.