"Empalme Graneros queda siempre muy lejos", dice el mítico dirigente barrial Osvaldo "Lalín" Ortolani en el primer piso de la nueva vecinal, sobre calle Juan José Paso. A apenas 20 cuadras de allí queda Los Pumitas, el asentamiento donde en marzo, en medio de una de las cotidianas balaceras de la zona, mataron de un balazo a Máximo Jerez, un nene de 11 años de la comunidad qom. En esos márgenes "que contienen, pero que la ciudad también los vuelve contenedores de lo que no sirve", como señala Ortolani, justamente se habló este jueves de la extrema situación de violencia que atraviesa Rosario. Extrema, porque con una tasa de 24 muertos cada 100 mil habitantes no sólo cuadruplica las mediciones de los municipios más calientes del conurbano bonaerense, sino que además sextuplica la media nacional.
Los registros rosarinos de la última década, no sólo de los muertos, sino también de consumo de sustancias, se conversaron en el marco de la presentación del libro "Rosario, un sueño de paz. Informes sobre la trama narco que azota Santa Fe y a toda la Argentina", que el abogado porteño Ariel Larroude presentó en la vecinal durante la mañana y, por la tarde, en la Estación Fluvial.
El abogado, experto en seguridad, asesor del gobierno nacional entre 2020 y 2022, y parte de una organización no gubernamental que sostiene en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) un Observatorio de Política Criminal, comenzó hace dos años a relevar el que para los porteños aparece como el "fenómeno Rosario". Eso que pareciera por momentos que justamente sólo pasa acá y que tuvo, tras el crimen de Jerez y el aluvión de medios de nacionales en la ciudad, una de las máximas exposiciones.
"En CABA tenemos potenciales Rosario", dice el analista cuando desglosa los datos de los barrios de la capital y homicidios que allí se cometen: ocho de cada diez se dan en las comunas del sur (las más pobres) y en la mayoría de los casos, como en la ciudad, se producen por conflictos vinculados a la narcocriminalidad.
Sin embargo, la cantidad de muertos que tiene Rosario "es exorbitante", afirma Larroude y recuerda que la ciudad cerró el 2022 con un récord histórico: una tasa de homicidios de 24 muertos por cada 100 mil habitantes, distribuidos equitativamente en todos las barrios, con una única excepción del centro, y ajustando la mirada en los sectores más pobres.
"El fenómeno lleva ya diez años", dice el especialista para dejar en claro que no es una novedad y para explicar la desmesura de los números, los comparó.
"Las cifras de Rosario sextuplican la media nacional, que es de 4 homicidios por cada 100 mil habitantes, pero además cuadriplica la media de los municipios más calientes del conurbano bonaerense", señaló. Y alertó que a tres meses y medio de terminar el 2023, la ciudad ya tiene un racconto de 200 muertos, lo que la pone a poca distancia de volver a romper un nuevo límite el próximo 31 de diciembre.
Orden violento y propuestas
La cantidad de armas de fuego circulantes (el 95 por ciento de los homicidios se cometen con armas de fuego, algo que Larroude afirma "sólo sucede en Rosario"), el incremento del consumo de sustancias y el "orden violento" que se instaló en la ciudad, que hace que los "jóvenes resuelvan los conflictos a los tiros, como no sucede en otras ciudades del país" son para el analista puntos clave a tener en cuenta a la hora de analizar las salidas.
El aumento de los consumos llega de la mano de un negocio que mueve en el país entre 700 y mil millones de dólares al año. Datos del Sedronar que citó durante la presentación muestran que el uso de marihuana entre los adultos de entre 18 y 65 años se duplicó de 3,2 a 7,8 en el período que va de 2010 a 2017 y volvió a casi duplicarse y alcanzar el 15 por ciento en 2023.
Lo mismo sucedió en el caso del consumo de cocaína, que se duplicó 0,7 a 1,5 entre 2010 y 2017 para luego triplicarse y crecer al 5 por ciento en 2023.
Y en paralelo al orden violento, no omitió plantear la "naturalidad con la que empresarios de la agroindustria" comparten brokers financieros con quienes lavan el negocio del narcotráfico.
Intervenir Rosario
Las propuestas también son parte del libro, como una forma de no tirar la piedra y esconder la mano. En ese sentido, el especialista puso en cuestión el artículo de la Constitución provincial que no permite la reelección del gobernador, ya que "cualquier política en seguridad debe sostenerse por lo menos seis u ocho años".
Sin embargo, fue más allá, consideró necesario "intervenir Rosario a partir de la ley de seguridad interior", afirmó que "ya no pueden convivir más en el territorio fuerzas federales y provinciales" y señaló fundamental llevar adelante "un desarme".
Sobre la ley de drogas, tampoco ahorró críticas. No sólo la definió como "obsoleta", sino que además señaló que hace que el 60 por ciento de los procedimientos que se llevan adelante en la Justicia sean por tenencia para consumo personal y simple. "Dos figuras que no le tocan un pelo al narcotráfico", indicó.