En la década del 60, Rosario llegó a tener seis líneas de trolebuses, 72 kilómetros de tendido aéreo y siete subestaciones para alimentarlos. Ahora, en el Concejo buscan reflotar un proyecto que tiene por objetivo volver a plasmar esa gran red de troles. La idea es optimizar el funcionamiento de la línea K, volver a poner en la calle los coches de la Q y sumar dos líneas nuevas: la I y la M, para unir la ciudad de norte a sur.
La propuesta busca sentar las bases para la creación de un plan maestro de trolebuses para Rosario, con el objetivo de establecer un modelo de movilidad sustentable y sumar una nueva oferta de transporte que una a la ciudad en sus cuatro puntos cardinales.
El proyecto ya había sido presentado a fines de 2019 por el entonces concejal Eduardo Toniolli, pero nunca llegó a tratarse y perdió estado parlamentario. Ahora, la concejala del mismo sector político del actual diputado nacional, Silvana Teisa, reflotó la iniciativa, que cobra mayor relevancia aún después de la interrupción del recorrido de la línea Q por los desperfectos en el sistema de batería de las unidades.
En rigor, Teisa ya había desempolvado la propuesta en marzo del año pasado, cuando aún pesaba la emergencia en el sistema de transporte público, lo que obligaba a pensar sólo en atender la coyuntura. De allí que la medida no prosperó.
Según advirtió, "el año pasado no se pudo tratar ningún tema en relación al transporte. Pero ahora, con el fin de la declaración de emergencia y la situación de la línea Q que dejó en evidencia la necesidad de extender el tendido eléctrico por avenida Francia, decidimos retomar el tema y empezar a impulsar su debate ni bien comencemos el año legislativo, la semana próxima".
La iniciativa destaca los beneficios ambientales del transporte eléctrico (menores emisiones contaminantes, empleo de energía procedente de recursos renovables, reducción de los niveles de ruido) y propone fuentes de financiación para incrementar las líneas de transporte eléctrico.
En síntesis, se trata de “planificar medidas a largo plazo para posibilitar una movida sustentable para Rosario y la región metropolitana”, explicó la concejala.
Punto por punto
La propuesta contempla la mejora del funcionamiento de la línea K y su extensión hasta Wilde y Eva Perón. Según apunta, si bien la calidad del servicio es buena, las unidades cuentan ya con 28 años de uso (superando el límite de su vida útil) y no ofrecen accesibilidad para personas con movilidad restringida ni tienen climatización interior.
Además, advierte, la dotación de la flota es menor a la exigida por los pliegos vigentes, es decir 25 unidades operativas en lugar de las 17 que se emplean actualmente en horario de invierno.
En cuanto a la línea Q, cuyos recorridos quedaron suspendidos hace casi dos semanas, prevé evaluar la factibilidad de instalar el tendido eléctrico por avenida Francia (considerando el monto de inversión, costo y período de amortización en comparación con los costos de reposición de las baterías de las unidades semiautónomas que se retiraron del servicio) y la ampliación de la flota, sumando siete unidades.
También contempla desarrollar en detalle un plan de puesta en marcha de las líneas “I” y “M”, incluyendo recorridos, cantidad de unidades titulares, de reserva y distribución de frecuencias, para cubrir el corredor norte-sur y faculta al Ejecutivo a gestionar préstamos específicos para la construcción de infraestructura y equipamiento para el servicio de trolebuses.
Además, propone un esquema de acción conjunta con la Empresa Provincial de la Energía (EPE) a fin de perfeccionar el régimen tarifario hoy vigente. Y reducir en la medida de lo posible el costo de la energía eléctrica para empleo en el sistema de transporte público de la ciudad.
Un transporte con historia
La red de trolebuses de la ciudad se inauguró el 24 de mayo de 1959. Según señala Mariano Antenore, especialista en la historia del transporte local, en la década del 60, cuando este servicio de transporte alcanzó su mejor época, llegó a contar con seis líneas que cubrían un recorrido de 72 kilómetros, 60 coches y siete subestaciones para alimentar el sistema.
Por entonces, la línea G cubría el trayecto entre San Martín y Saavedra y la Estación Terminal de Ómnibus “Mariano Moreno”; la H unía la plaza Sarmiento con el límite de Granadero Baigorria; la I iba desde la plaza Sarmiento a la Alberdi; la J se extendía entre San Martín y Muñoz a la estación Rosario Central; la K desde Pellegrini y Necochea hasta Mendoza y Nicaragua y la L desde Pellegrini y Necochea hasta la Estación Rosario Oeste.
En 1967 se fusionaron G y J dando origen a la línea M.
Doce años después, en 1979 se privatizó el sistema y se empezó a escribir el final de la red de trolebuses. En 1980 se fusionaron la H y la M, quedando la M entre San Martín y Muñoz hasta Rondeau y Martín Fierro. Y en 1984 se sacaron los troles en la M y se pusieron los colectivos que actualmente cumplen los recorridos de la línea 103.