El 13 de enero de 1873, cuando la ciudad tenía apenas 25 mil habitantes y dos décadas de vida, un grupo de 60 vecinos entre los que se contaban Camilo Aldao, Carlos Casado, Ovidio Lagos, Casiano Casas, Ciro Echesortu y Lisandro de la Torre (padre) creó el Club Social de Rosario. Se trata de una de las instituciones de su tipo más antiguas de la ciudad, y que ha mantenido actividad ininterrumpida a lo largo de 150 años.
Si bien el aniversario se cumple este viernes, la idea es que las conmemoraciones se extiendan a lo largo de 2023, adelantó el presidente del club desde hace 17 años, Juan Barberis. Entre esas ocasiones, para celebrar se destaca la inminente presentación de un libro que está preparando el escritor e historiador Sebastián Alonso con los antecedentes institucionales, a su vez muy interrelacionados con los avatares de la ciudad.
“Cuando el club nació habían terminado hace poco las guerras intestinas en el país y había un llamado a la civilidad con los primeros pasos de la Constitución Nacional”, recuerda Barberis e inscribe el nacimiento de la entidad en esa etapa histórica.
Luego, el club fue acompañando el crecimiento de Rosario, apunta el dirigente y en ese sentido ilustra que fue en su seno que se sumaron voluntades para lo que luego se materializaría como el hospital del Centenario, o que se realizó por primera vez una comunicación telefónica urbana, entre el Hotel Imperio y la sede del club.
El momento de apogeo fue la década del 30 del siglo XX, cuando se construyó el edificio de Mitre 848 especialmente para las actividades sociales de la entidad, con proyecto de los arquitectos De Lorenzi, Otaola y Rocca, hoy propiedad del Sindicato de Seguros. Desde 1953 las reuniones se realizan en Santa Fe 880 y los socios conservan la costumbre de asistir con saco y corbata, así como la apuesta a “la sociabilidad, la amistad y la empatía”, comenta Barberis, además ex concejal.
En su edición del 14 de enero de 1873, La Capital dio a conocer la novedad de la fundación del club. A partir de entonces, la actividad siempre se mantuvo: desde bailes de disfraces a propósito de los carnavales a encuentros de amigos, prácticas de esgrima, juegos de billar, bridge y ajedrez, a festejos patrios y visitas de presidentes de la Nación. “Es un mérito en la Argentina, en un mundo que atravesó pestes, guerras, interrupciones constitucionales”, finaliza su presidente.