"La paredes limpias no dicen nada", reza un grafiti popular. Pero, como sucede con las personas, tras la hojarasca se dejan ver historias y algunas hasta tienen que ver con La Capital. La Facultad de Humanidades de calle Entre Ríos 758, muestra por estos días un frente limpio porque se está refaccionando el clásico edificio que albergó al Colegio de la Santa Unión de los Sagrados Corazones antes de convertirse en casa de altos estudios. En esa fachada, hoy pulcra, supo leerse por años la frase del historiador romano Tácito: "Los romanos crean un desierto y lo llaman paz", y adentro, en el balcón de la Escuela de Bellas Artes, tras un trabajo de recuperación edilicia y de la memoria, volvió a verse la pintada "Facultad C.Razzetti" referida a la primera víctima en manos de la Triple A.
Ambas leyendas fueron declaradas patrimonio histórico por parte del Consejo Directivo de la facultad. Además, ambas fueron incorporadas por la Municipalidad de Rosario al programa “Marcas de memoria”, un mapa interactivo de la ciudad que geolocaliza huellas dejadas por las luchas relacionadas a los derechos humanos y la memoria.
Para entender por qué se escribieron esas palabras en la pared, qué tiene que ver una de esas leyendas directamente con este diario, por qué se borraron y por qué volverán pronto a leerse y ser parte del patrimonio de la ciudad, La Capital dialogó con el decano, Alejandro Vila, quien adelantó que ambas al igual que el edificio estarán públicamente listos aproximadamente en abril próximo.
"La frase de Tácito encabezó una solicitada firmada por un grupo de docentes que renunció y denunció, con sus nombres y apellidos, el atropello de la Noche de los Bastones Largos durante la intervención del gobierno de facto de Onganía en 1966. Eso se publicó durante el decanato del renunciante Adolfo Prieto y como homenaje, en 1984 y en plena democracia, al calor de la barbarie de Videla, se reescribió en el frente de la facultad durante el decanato de Fernando Prieto, electo desde esa fecha hasta 1994", dice Vila.
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La fatídica Noche a las que refiere el actual decano ocurrió el 29 de julio de 1966, a un mes de instaurada la dictadura militar autoproclamada "Revolución Argentina". El oresidente de facto Juan Carlos Onganía había firmado el decreto 16.192 con el que suprimía el gobierno tripartito y la autonomía de las universidades nacionales, que regían desde finales de la década de 1950.
Por la libertad de enseñar
La solicitada con la renuncia indeclinable de un grupo de docentes que habían obtenido su cargo "por concurso y/o designación interina del Consejo Directivo en la por entonces Facultad de Filosofía y Letras" se leyó en este diario el 7 de septiembre de 1966 en pleno Onganiato.
En su primer párrafo se expresaba que el 14 de agosto de ese año el grupo había anunciado que no se reintegraría a sus tareas docentes si el Poder Ejecutivo de quien dependían rectores y decanos no rechazaba todas las renuncias de los docentes que habían protestado por los desmanes policiales en las facultades de Buenos Aires, tal como lo había expresado Bernardo Houssay en entrevista con el presidente de facto.
En otros párrafos se denunciaba la agresión armada contra los estudiantes, cesantías ideológicas de docentes y bandas fascistas colaborando como delatores con la policía. Y se da cuenta de una situiación similar en la Universidad del Litoral , de la privación psicológica y la libertad para enseñar. Y finalizaba remarcando que los firmantes se sumaban a otra decena de docentes que habían adoptado la misma decisión y se leían las rúbricas de Ramón Alcalde, Angel Capelietti, María Teresa Carrara, José María Gutiérrez Márquez, Mario Lopez Dabbat, Gabriela Lavarello, León Pérez, Elsa de Pedrazzoli, Susana Petruzzi, Adolfo Prieto, Carmen Sgrosso, Beatriz Rabaza, Zulema Solana, Sofía Slullitel, Nicolás Tavella, Pedro Oscar Yañez, Celia Warner de Guevel y Reyna Pastor de Togneri.
Pero esta solicitada había sido precedida por otra, publicada el 13 de agosto del mismo año bajo el título "Ante la situación universitaria" donde se describía y denunciaba el "avasallamiento de la autonomía universitaria" y se advertía la renuncia de los profesores titulares y adjuntos que figuran en el documento anterior, más personal de institutos y auxiliares docentes.
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El mural de los estudiantes
El mural pintado con nafta por estudiantes y militantes en 1973. Luego fue tapado por el gobierno de facto pero volvió a emerger y homenajea al asesinado dirigente peronista, farmacéutico y bioquímico, Constantino Razetti.
La pintada fue realizadaa por estudiantes y militantes, en 1973. Razzetti fue asesinado por la Triple A, frente a su casa en San Lorenzo 2674 cuando volvía de una cena en Alberdi junto a militantes y gremialistas. Había adherido al movimiento surgido el 17 de octubre de 1945, fue apresado por la Revolución Libertadora de Aramburu y Rojas y cesanteado en todos los cargos públicos que había ganado por concurso. Los que tomaron la decisión adujeron “incapacidad científica e inmoralidad política”.
Cuando quedó en libertad a principios de los años 60, con el peronismo proscripto, Razzetti fue uno de los cofundadores de San Cristóbal Seguros, al mismo tiempo que comenzó a brindar sus servicios profesionales como bioquímico a diferentes obras sociales de los sindicatos. También fue uno de los fundadores del Instituto Antirrábico de Rosario y de la Escuela “Luis Braille” para chicos ciegos.
"Esa intervención en su homenaje fue realizada en una asamblea en los años 70 que perduró mucho tiempo. Cuando ingresé a la facultad no se veía prácticamente. Luego, el impacto del tiempo hizo que comenzara a brotar y distintas organizaciones estudiantiles han ido generando estrategias para recuperarla y hacerla visible. Es un mural de reconocimiento a la trayectoria de Razetti, al calor de la lucha de los años 70, y también vinculada a las acciones militantes en pos de políticas de memoria a lo largo de las décadas", señaló Vila.
La presentación al Consejo Directivo fue realizada por la Dirección de Derechos Humanos y pluralismo cultural de la facultad que reaviva así la memoria dese las paredes, qué pintadas, dicen y mucho.