Más de un centenar de vecinos del sector de Empalme Graneros conocido como Los Pumitas, en la zona noroeste de la ciudad, saqueó y destruyó al menos dos casas en las que presuntamente vivían narcos a los que iban dirigidos los balazos que la madrugada del domingo mataron a un nene de 11 años e hirieron a otros tres cuando festejaban un cumpleaños en la vereda.
La furia de los vecinos se desató al término del funeral de Máximo Gerez, el pequeño cuya vida se terminó abruptamente tras ser alcanzado por las balas que se generaron por una presunta interna entre bandas que se dirimen el negocio del narcomenudeo en la zona.
Tremendamente ofuscados, los vecinos comenzaron a apedrear una vivienda de dos plantas en la que aseguran viven transas que responden a un hombre conocido en la zona como “Salteño”, identificado por la justicia como Cristian Villazón, preso desde 2020 e imputado por el triple crimen ocurrido en febrero de aquel año en Empalme Graneros. En ese hecho fueron asesinados Cristopher Albornoz, su pareja Florencia Corbalán y Chelsi, la hija de 1 año de ambos. Cristopher era hijo de Miguel Angel “Caracú” Albornoz, condenado en junio de 2022 por narcotráfico.
Según los vecinos, “Salteño” continúa manejando el negocio del narcomenudeo desde la cárcel y está en conflicto con otra banda. Por esa disputa el domingo se desencadenó la balacera contra la casa en cuyo frente se encontraba jugando Máximo.
Así, tras el sepelio, una gran cantidad de gente comenzó a insultar a los transas y los piedrazos fueron en aumento. Cerca de las 13 y cuando el calor en la ciudad era por demás de intenso, la situación en el barrio se comenzó a desmadrar y se salió totalmente de cauce cuando uno de los presuntos transeros esgrimió un arma de fuego desde una terraza y realizó algunos disparos al aire.
La reacción fue inmediata. Una lluvia de piedras se desató en Cabal al 1300 bis y tuvieron como destino la casa en la que, según la voz vecinal, se vende droga. Hasta el lugar llegaron varios efectivos policiales que intentaron contener a la multitud, que visiblemente encolerizada arremetió contra las viviendas que sindicaron como búnkers de venta de drogas.
78975517.jpeg
Elocuente. Así quedó una de las viviendas tras el paso de la ira vecinal.
Foto: Virginia Benedetto / La Capital
Es más, a metros de la casa donde los transas esgrimían armas y se mostraban amenazantes, los vecinos incendiaron una moto que aseguraron es la que utilizaba la banda del “Salteño” para vender droga en el barrio y abastecer los búnkers.
El desmadre
Así, mientras las llamas consumían la motocicleta y la multitud reclamaba la detención de los narcos, la furia fue en aumento. Hasta el lugar llegaron cuerpos especiales de la policía que intentaron dispersar a los vecinos con balas de goma y gases lacrimógenos, pero todo fue en vano. Entre los heridos por la munición antitumulto estuvo el padre del nene asesinado, que tras velar a su hijo se sumó a la pueblada.
En un clima de extrema tensión la policía detuvo a dos hombres y dos mujeres apuntados por la gente como los transas y para sacarlos de las viviendas y evitar que fueran linchados por la irascible multitud fue necesario el accionar de varios agentes pertrechados con cascos y escudos.
Así, una vez que los detenidos fueron retirados de las viviendas la policía se alejó unos metros y la pueblada fue incontrolable. Hombres, mujeres y hasta chicos atacaron las propiedades con mazas, piedras y botellas. En minutos, una horda descontrolada vació las casas, las prendió fuego y demolió paredes y techos.
78975494.jpeg
Foto: Virginia Benedetto / La Capital
La gente se llevó los muebles, elementos de cocina, inodoros, televisores y hasta el tanque de agua. Nada quedó en pie en el marco de una furia social incontenible. “Hace años que los venimos denunciando pero no pasa nada. Todo sigue igual y ahora mataron un nene. Esto se tiene que terminar”, gritaba una mujer al tiempo que insultaba a los policías.
Fueron horas de extrema tensión. Tras destruir una casa de dos plantas en Cabal al 1300 bis se dirigieron a otra vivienda de la zona que identificaron como un búnker y también lo saquearon y destrozaron. Y otra vivienda de planta alta también corrió la misma suerte.
Así, Empalme Graneros vivió su día de furia, desafió a los presuntos narcos y caminó por esa delgada y peligrosa línea que suele llevar a la justicia por mano propia. ¿El motor? La bronca por la inacción judicial y estatal que derivó en la muerte a balazos de un nene de once años.