Lunes 19 de Marzo de 2018

La innovación en educación no es necesaria para que las cosas cambien sino porque las cosas cambian. El mundo, los modos en que nos acercamos a él, los desafíos de aprendizaje que se nos presentan, interpelan a transformar la experiencia escolar, para hacerla más relevante, más significativa, más equitativa y justa, mejor. Para mejorar las escuelas hacen falta al menos tres condiciones:
1) Trabajar de manera integral. Hay que hacer muchas cosas y al mismo tiempo. Recoger las mejores prácticas, seleccionar con cuidado las experiencias que han sido probadas y hacerlas florecer en una visión coherente. Un curriculum integrado en el que se aprenda por proyectos, espacios pensados para aprender y enriquecidos con recursos y docentes preparados y entusiasmados.
2) Liderazgo y continuidad. La mejora requiere un liderazgo transformador, en la política educativa, en cada escuela, en cada aula, que sostenga la visión de la mejora en el tiempo.
3) Evaluar y corregir. La experiencia escolar en los estudiantes es amplia y compleja y no puede ser evaluada de manera parcial, sólo a través de los resultados en las materias. Si la estrategia de cambio es integral hay que desarrollar sistemas de evaluación a su altura.
Nada de esto se improvisa ni se despliega de un día para otro. La provincia de Santa Fe emprende esta suerte de "cambio del ADN escolar", esta alteración profunda de la matriz escolar antigua, porque fue creando las condiciones para hacerlo. Empezó hace tiempo diseñando cada una de las valoradas líneas de trabajo que hoy constituyen la trama del cambio y asume entonces la responsabilidad de articularlas.
Construir una cultura de mejora que necesariamente ha de ser colaborativa y comprometida con el largo plazo es lo que va a permitir hacer de cada escuela una buena escuela.


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