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Para 1986, el inicio del encuentro se hacía el jueves correspondiente a la semana del arranque con una concentración de las colectividades en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia (hoy, Centro Cultural Roberto Fontanarrosa). Desde allí, partía el desfile de delegaciones que terminaba en el Parque Nacional a la Bandera, dejando formalmente inaugurado el encuentro. Un año después, en 1987, aparecieron las primeras réplicas de monumentos de otros países (el Partenón y la Torre de Pisa, como ejemplos) y ya llegaban diplomáticos desde Buenos Aires para ser parte del evento: La Capital dio cuenta, por entonces, de la llegada del secretario y subsecretario de la Embajada de la Unión Soviética en Argentina.
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Foto: Archivo La Capital
En 1988, apenas tres años después de la primera edición, el encuentro subió un escalón tras ser declarado, por la administración del entonces presidente Raúl Alfonsín, como Fiesta Nacional y Encuentro de Colectividades.
La comida, como cada año, fue la protagonista y los chilenos fueron por todo: construyeron un horno de barro en el lugar del stand sólo para la fiesta, con el que cocinaron y vendieron 3.000 empanadas en seis días.
La década del 90 y la masificación
El inicio de los 90 marcó, en Colectividades, el debut de la carpa de Argentina. Tenía dos pisos y ofrecía un variado recorrido por la cultura nacional.
Atentos a la masificación del encuentro, en 1991 las Colectividades tomaron el formato temporal que se mantiene hasta hoy ya que pasaron a durar nueve días.
Las escenografías tuvieron un rol protagónico, ya que al Partenón griego y la Torre de Pisa en Italia se sumaban réplicas de los molinos de viento holandeses y hasta un torii japonés.
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Foto: Archivo La Capital
El dato de color de ese año es que la Unión Soviética participó con ese nombre a días de su disolución definitiva.
Coyuntura internacional difícil
La gente acompañaba y las colectividades, también. Para 1992 las asociaciones, centros y agrupaciones llegaban a 44 y en menos de diez años se duplicó la cantidad de participantes. Y a más protagonistas, la probabilidad de que la coyuntura se colara en el Parque Nacional a la Bandera pasó a ser mayor.
En 1993, la Guerra de los Balcanes llevaba más de dos años de desarrollo y en Colectividades se sintió. En la edición de ese año, el stand croata-esloveno anunciaba que iba a exhibir menos material cultural de sus tierras. “Por las obvias razones de la guerra, no disponemos de material para difundir nuestra cultura. Estamos muy limitados porque Croacia no puede enviarnos material como ocurría en otras épocas”, manifestaban.
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Foto: Archivo La Capital
En esa edición, los integrantes de la colectividad contaban a este diario las complicaciones cotidianas de cambiar varias veces de nombre en poco tiempo: “Éramos el Centro Yugoslavo y ya pasamos por cuatro nombres. Y no nos podemos llamar así porque ese nombre pertenece ahora a la República de Serbia y Montenegro”.
La edición más desopilante: pulpos al agua
Un año más tarde, en su edición del 11 de noviembre, La Capital contó una “inusual desaparición” en la fiesta: 18 kilos de pulpo del stand de Galicia que se iban a usar para cocinar paella.
La anécdota ya es parte de la ciudad. Un malentendido hizo que un trabajador del stand tirara ese ingrediente clave al río Paraná tras confundir una supuesta orden. “Sacá los pulpos del freezer y tiralos al agua”, es la indicación que se escuchó en la carpa, según el diario de entonces. La confusión surgió, tal vez, por la proximidad del stand con el río.
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Foto: Archivo La Capital
La historia no termina ahí. A raíz de la nota de La Capital, cientos de personas se acercaron al otro día al puesto de Galicia para conocer la anécdota contada por sus protagonistas. La noticia llegó, incluso, a medios internacionales.
La versión de la colectividad gallega indicaba que todo surgió por un “custodio” del stand al que se le encargó que tirara un paquete de mondongo al río. Uno de los cocineros, antes de irse, le sumó otra orden: que saque los pulpos del freezer y los tire al agua. Según la colectividad, el hombre entendió que los mismos tenían igual destino que el mondongo.
Al año siguiente, los propios cocineros, durante el primer día, se tomaron con humor la anécdota: “Sembramos los pulpos que tiramos al río y estamos cocinando la cosecha”.
Para el olvido
El desfile de las colectividades por la peatonal es tan típico como la fiesta misma. A finales de octubre de 1995, las delegaciones que marcharon desde plaza Pringles a la Municipalidad arrancaron con alegría la marcha pero terminaron en decepción.
Al llegar al Palacio de los Leones, ningún miembro del Poder Ejecutivo los recibió como se hacía tradicionalmente. Y para sumar malestar, el Concejo decidió no tratar la cesión del 2% sobre el gravamen a espectáculos públicos para destinarlos a paliar la organización de la fiesta. Todos los años, el encuentro contaba con tres meses de esa porción de impuestos, pero ese año fue la excepción.
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Foto: Archivo La Capital
El día del inicio de la fiesta, minutos antes del comienzo de la 11ª edición, un apagón masivo dejó si luz a buena parte de Rosario y localidades vecinas. El arranque pudo concretarse recién a las 23 tras dos horas a oscuras. A pesar de todo, la gente se quedó esperando.
La edición de ese año no tuvo discursos de apertura. Los organizadores pidieron un minuto de silencio por las víctimas de la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, Córdoba, ocurrida el 3 de noviembre de 1995.
Cambios de sedes y fechas
El estado en el que queda el Parque Nacional a la Bandera tras la Fiesta de Colectividades es algo que algunos sectores han puesto en análisis en diversas ocasiones.
En los últimos cuatro años del siglo anterior hubo propuestas públicas para cambiar de sede al encuentro, aunque todo quedó en la nada. El primero que aventuró algo así fue el entonces concejal Jorge Boasso, quien deslizó la posibilidad del entonces Patio de la Madera (hoy Mercado del Patio).
Fiel a su esencia, la fiesta incorporó un stand del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (Cemla) que puso en marcha el Servicio de Información Inmigratoria para proporcionar datos sobre las 4 millones de personas de diversas nacionalidades que llegaron al país entre 1882 y 1925.
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Foto: Archivo La Capital
La repetición del mal tiempo en las aperturas era algo de lo que la gente se quejaba cada año. Se llegó a contemplar un cambio de fecha considerando que noviembre es plena primavera y temporada de lluvias por excelencia, por lo que se mencionó la chance de pasar todo para la primera quincena de diciembre. Esto ocurriría, recién, en 2004.
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El final del milenio venía con un nuevo intento de traslado, esta vez hacia la ex Rural, también fallido. Años posteriores volvería a plantearse esta situación
Cervezas en disputa
Alemania tuvo asistencia casi perfecta en las 39 ediciones de la Fiesta de Colectividades, a excepción de una: la de 2002.
Ese año, la colectividad se bajó del encuentro por un motivo insólito pero entendible: por cuestiones de contrato, la comisión organizadora obligaba a los stands a vender cerveza Brahma como única opción.
“Prohibirnos el chopp a los alemanes es como decirles a los españoles que vendan vino Toro en cajita”, dijo el entonces presidente del Círculo Cultural Argentino Alemán, Carlos Siebenrock, como respuesta al entonces presidente del Ente Turístico de Rosario (Etur), Raúl Garo, quien había dicho días antes que Alemania no se presentaba por “problemas económicos”.
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Foto: Archivo La Capital
“No tenemos nada en contra de Brahma, pero es insólito que nos prohíban exhibir la bebida de nuestro origen” dijo Siebenrock.
En esa edición y la del año siguiente se empezó a notar una merma en la asistencia. Mientras que todos los años se hablaba de un millón de personas, empezaron a aparecer cifras que mencionaban entre 500 mil y 650 mil concurrentes.
Recuperación de público
La menor cantidad registrada de asistentes a las Colectividades en las páginas de La Capital fue en la edición del 2008, con 300.000 personas. La novedad por esos años se dio en 2006, con algunas colectividades que abrían desde el mediodía.
Los concurrentes volvieron a volcarse al Parque Nacional a la Bandera pasado el 2010 y cada año se superaba en asistentes, acercándose al millón.
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Foto: Gustavo de los Ríos / La Capital
Hacia 2014, una iniciativa en el Concejo buscaba implementar el cobro de una entrada que se terminó convirtiendo en un bono voluntario y una de las atracciones principales quedó en la historia: los fuegos artificiales de comienzo y final de la fiesta, con motivo de la sanción de la ordenanza que prohíbe su uso en la ciudad.
Embajadores
Desde 2017, la figura de la Reina de Colectividades quedó en el pasado y fue reemplazada por la de los Embajadores.
Ese año, la Subsecretaría de Políticas de Género de Santa Fe promovió una iniciativa para recomendar a cada municipio la eliminación de los concursos de belleza por considerar que cosifican a la mujer. Rosario no dudó al respecto y se adhirió.
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Foto: Virginia Benedetto / La Capital
“Es una actividad que merecía un recambio. El tema de los Embajadores permite que pueda ser cualquier persona de la colectividad que tenga una trayectoria destacada, que la conozca muy bien. Se apuesta más a lo cultural y al propio desarrollo de la colectividad", agregó el entonces secretario de Turismo municipal, Héctor De Benedictis.
Este año, el 39° Encuentro y Fiesta Nacional de las Colectividades de Rosario comenzará con un día de retraso por las lluvias y vientos que azotan la región. El predio podrá ser visitado todos los días a partir de las 19; de domingo a jueves, hasta las 0.30; y viernes y sábado hasta la 1:30. Cada jornada trae consigo la oportunidad de sumar anécdotas y recuerdos a la fiesta de la ciudad.