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Inminente purga del Papa a la Iglesia chilena por los abusos sexuales

Al menos cuatro obispos serán separados de sus cargos. Mientras, se confirmó un encuentro de Francisco con víctimas del sacerdote Karadima

Domingo 15 de Abril de 2018

La carta que el Papa envió a la Iglesia chilena esta semana, reconociendo sus "graves errores" en el manejo de las acusaciones por encubrimiento contra el obispo Juan Barros, derivaría en la remoción de "al menos" cuatro obispos. Mientras tanto, desde Roma, ayer se confirmó que el pontífice recibirá en 15 días a tres víctimas de abusos del párroco Fernando Karadima.

Según fuentes vaticanas, en el marco de la llegada a Roma de la conferencia episcopal chilena prevista para la tercera semana de mayo podrían darse los alejamientos de los obispos Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Andrés Arteaga y el propio Barros, el acusado de haber encubierto los abusos por los que Karadima fue condenado en 2011.

Los cuatro obispos se consideran parte del círculo íntimo de Karadima y podrían dar un paso al costado en los próximos días, luego de la carta de Jorge Bergoglio en la que convocó a la jerarquía eclesial chilena para discutir los pasos a seguir tras el escándalo heredado de la década pasada que se convirtió en un dolor de cabeza para el pontífice.

Al cardenal Riccardo Ezzati, arzobispo de Santiago, se le aceptará la renuncia "por límites de edad", para quitarlo sin deber acusarlo de ser uno de los responsables del desastre.

En tanto otro acusado, el nuncio apostólico Ivo Scapolo (embajador del Papa en Chile) será llamado a Roma.

Por último el cardenal emérito de Santiago, su amigo Francisco Errázuriz, de 84 años, también responsable aunque niega sus culpas, presentará su dimisión como miembro del grupo de nueve cardenales que le ayudan al Papa en la reforma de la Curia y de la entera Iglesia, el G9.

Por otro lado, como La Capital informó ayer, tres de las víctimas de los ataques sexuales de Karadima en la parroquia El Bosque del centro de Santiago serán recibidos por Francisco a fin de mes, según confirmó Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes, en declaraciones a la prensa.

De acuerdo a las declaraciones que hizo desde su residencia en Nueva York, Cruz aceptó la invitación hecha por el Vaticano para visitar a Bergoglio el sábado 28 y el domingo 29 de abril junto a los también víctimas Andrés Murillo y James Hamilton.

Cruz señaló que hablará con el Papa sobre "el abuso y horror del encubrimiento" que los líderes de la Iglesia han cometido por décadas, y cómo han desacreditado y difamado a las víctimas, al tiempo que destacó como el pontífice "abrió sus ojos a la realidad...de las miles de vidas que han sido crucificadas" por curas, luego de las dudas iniciales.

Las tres víctimas también se reunirán con el reverendo Jordi Bertomeu, quien junto al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, preparó el informe de 2.300 páginas sobre el supuesto encubrimiento de Barros que le entregaron al papa y que originó el cambio de posición de Francisco.

Tras la carta convocando a la Iglesia y abriendo la invitación a las víctimas, la conferencia episcopal chilena reconoció "dolor y vergüenza porque, a pesar de las acciones realizadas estos años, no hemos logrado que las heridas de los abusos sanaran en los corazones de muchas víctimas y siguen siendo una llaga abierta".

El arzobispo emérito de Santiago, cardenal Francisco Javier Errázuriz, intentó despegarse del escándalo y afirmó que "era casi imposible tener una visión realista de lo que ocurría en la asociación de sacerdotes y laicos que inspiraba Karadima" luego de que Francisco denunciara la "falta de información veraz y equilibrada" que tuvo en el caso Barros.

Las declaraciones de Errázuriz provocaron malestar en el Vaticano por haberse desligado de la responsabilidad de brindarle mala información a Francisco pese a que fue arzobispo de la capital chilena entre 1998 y 2008 y que desde 2013 es parte del C9.

"En lo que me toca, reconozco que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada", aseguró el pontífice en la carta a los obispos tras el análisis de la misión del fiscal vaticano Charles Scicluna.

Francisco dio un giro para salvarse del desastre, luego de su peor gira apostólica

Francisco casi descendió a los infiernos de sus propios errores durante el viaje en enero último a Chile, que fue la peor gira apostólica de los cinco años de su pontificado. El error fatal lo cometió en las últimas horas de su visita, antes de cruzar la frontera hacia Perú, al ejercer una cerrada defensa del obispo Juan Barros de la diócesis sureña de Osorno.

"Traiganme una prueba", le contestó ofuscado a un periodista, al parecer convencido de que todo se trataba de calumnias contra Barros, a quien él designó como obispo de Osorno en enero de 2015.

Barros fue estrecho colaborador del Gran Satán de la historia, el padre Fernando Karadima, acusado por un grupo de víctimas que eran jóvenes de las clases altas chilenas, de haberles cometido toda clase abusos sexuales.

Francisco recibió de inmediato el reproche de su amigo, el cardenal franciscano Sean Patrick O'Malley, el prestigioso obispo de Boston, que lo esperaba en Perú, segunda etapa de su gira latinoamericana. O'Malley había recibido hacía tiempo una carta de la víctima Juan Carlos Cruz, que entregó al Papa.

La intervención del cardenal norteamericano hizo que en el avión, el Papa pidiera perdón ante los periodistas por haber pedido "pruebas" a las víctimas y no "evidencias".

O'Malley y Francisco tuvieron un encuentro a solas en Perú que frenó el camino al desastre para el propio Papa.

Cuando llegó a Roma, Francisco anunció que convocaba al mayor experto en casos de abusos sexuales de la Iglesia, el obispo de Malta, Charles Scicluna, para que viajara a Chile y recogiera testimonios de las victimas de Karadima y de otros casos graves, como los abusos sexuales en las escuelas de los Hermanos Maristas. Las conclusiones de monseñor Cicluna fueron devastadoras. Consignó al Papa un informe de 2300 páginas con 66 entrevistas a las víctimas y a personajes de la Iglesia chilena involucrados.

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