BEn el imaginario popular, Tucumán está asociada invariablemente a la escena histórica en la que los delegados de las Provincias Unidas del Río de la Plata se reunieron en la famosa "casita" para declarar la independencia de Argentina el 9 de julio de 1816. "La Casa Histórica de Tucumán, no la casita", corrigen con insistencia los locales a los turistas. Lo cierto es que Tucumán es mucho más que eso.
Hay múltiples ofertas turísticas que la provincia "jardín de la república" propone: valles calchaquíes, yungas, sitios arqueológicos, parques y reservas, diques, ferias, museos, entre tantas otras cosas. Y también hay alternativas mucho menos conocidas de turismo en el aire tucumano: se puede sobrevolar la selva en parapente en el cerro San Javier y además disfrutar una vista privilegiada de planetas y estrellas desde el Observatorio de Ampimpa.
Volar sobre la selva tucumana
El momento de más adrenalina es la preparación. Cuando el instructor explica las reglas, coloca el arnés y lo revisa dos veces, cuando anticipa lo que ocurrirá, esos minutos previos al despegue. Las mariposas en la panza se aceleran cuando se empieza a bajar corriendo el cerro con las correas puestas, que resisten y tiran para atrás. Extrañamente, en el momento del "gran salto", cuando los pies se despegan del piso y dejan de tocar el césped, cuando el parapente se despliega, la adrenalina desaparece y es reemplazada por la calma. Serán unos diez minutos de vuelo tranquilo sobre la selva tucumana, con algunos giros suaves en busca de vientos que acompañen el trayecto. Mientras el turista "flota", el viento le acaricia la cara, a los costados se ve todo verde, y abajo, pequeña, se observa la ciudad.
Loma Bola es uno de los centros de vuelo más populares en América latina. Son varios los motivos: es un centro accesible al que se llega en auto (otros no son tan fáciles de llegar), tiene infraestructura para que el visitante se sienta cómodo (bar, baños, internet, entre otras cosas) y las condiciones de vuelo suelen ser buenas durante todo el año.
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Loma Bola, en Tucumán, es uno de los centros de vuelo más populares en América latina.
Foto: Maximiliano Fanelli
En Loma Bola trabaja un grupo de pilotos biplazas certificados, muchos de ellos pioneros en esta actividad y con más de 20 años de vuelo. "Tenemos el mejor despegue de Argentina", aseguran. A diferencia de otros centros donde se hace parapente, el despegue y el aterrizaje se hacen en césped. No se salta sobre un "abismo" ni al "vacío", se salta sobre una ladera de montaña.
Cualquier persona sin experiencia puede hacer parapente, al menos en este sistema de pilotos biplaza. El piloto queda detrás del visitante, guiando sus movimientos, acompañando el vuelo. "Han subido con nosotros nenes de 5 años y hasta abuelas de 94. Incluso personas con discapacidad motriz, aunque no tenemos aún el equipo especial, lo estamos consiguiendo", comenta Sergio Bujazha, team manager que hace décadas trabaja en el tema. "Lo que ves en el horizonte es lo que hemos recorrido en parapente, vamos al sur y también al norte. Hasta Tafi del Valle hemos ido volando", resalta.
"Volamos todos los días, la duración promedio del vuelo son 15 minutos. Vas a 200 ó 300 metros del suelo. Llegamos hasta 35 kilómetros por hora aunque arriba se siente lento", explica. Hay dos opciones. Se puede volar sobre la selva y volver en círculo para aterrizar en el mismo lugar donde se partió. Otra alternativa es volar y descender al pie del cerro, donde el centro tiene un vehículo que permite recuperar en un rato los kilómetros de altitud perdida.
Este año se realizó en Loma Bola el Campeonato Mundial de Parapente, con unos 150 participantes de 37 países. Una de las primeras actividades en las que participaron los extranjeros, luego de los cierres por pandemia. El circuito del competitivo puede durar entre 2 o 3 horas, se recorren unos 80 kilómetros. El sistema es simple: el que llega primero a la meta, gana.
20° Encuentro Nacional de Parapente Loma Bola.
La luna, las estrellas y los planetas
Es increíble la cantidad de estrellas y planetas que se pueden ver desde el Observatorio de Ampimpa. A simple vista incluso. Aunque claro que se pueden observar con mucho más detalle con el sofisticado telescopio disponible. Esta noche, Venus y Saturno se destacan entre multitud de puntitos blancos en un cielo oscuro con apenas algunas nubes. Aunque el protagonismo se lo lleva una luna bien redonda que todos intentan fotografiar. Y también está la otra postal, la que se observa en la tierra: multiplicidad de lucecitas distribuidas a lo largo del valle Santa María.
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El Observatorio de Ampimpa está ubicado a 2540 metros de altura sobre el nivel del mar, rodeado por montañas.
Foto: Maximiliano Fanelli
"Tu ventana abierta al Universo", se presenta el Observatorio de Ampimpa. Está ubicado a 2540 metros de altura sobre el nivel del mar, rodeado por montañas, a unos 50 kilómetros de Tafí del Valle y unos 150 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Fue edificado hace 37 años en tierras de los Amaicha, pueblo originario que las cedió para su uso.
"Es un balcón natural al valle de Santa María, enfrentando a las sierras de Quilmes. Desde aquí se pueden observar simultáneamente Tucumán, Catamarca y Salta", asegura Alberto Mansilla, director del Observatorio, quien marca con su brazo la orientación en la que se encuentra cada una de las provincias mencionadas. "Estamos a 500 metros de altura sobre el valle, estos metros son cruciales para tener una buena calidad de cielo, porque no tenemos contaminación lumínica y tampoco nos afectan los vientos", destaca. Hay yapa: está instalado en una región semidesértica, con un promedio mínimo de apenas cinco días de lluvia al año.
Mansilla cuenta que el Observatorio nació en 1985 en el marco de la campaña mundial de seguimiento al cometa Halley. "Nacimos como institución científica, pero aún sin programa orgánico siempre atendimos a estudiantes. Cuando registramos la falta de educación científica en astronomía nos reconvertimos, giramos el perfil, empezamos a trabajar para que los chicos dejaran de odiar la matemática y la ciencia", precisa.
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La vista de la luna desde el Observatorio de Ampimpa, en Tucumán.
Foto: Maximiliano Fanelli
El Observatorio organiza desde hace treinta años campamentos científicos para estudiantes de todas partes del mundo (ahora, la espera de que se vuelvan a habilitar tras la pandemia) y acepta visitas educativas diurnas de colegios (ya en funcionamiento). Todas estas actividades se coordinan con los establecimientos educativos. "Los chicos desarrollan juguetería, diseñan, calculan, construyen y lanzan cohetes de combustibles sólidos que llegan hasta 2 kilómetros y caen con paracaídas", cuenta Mansilla.
Pero también está abierto al público en general. Incluso, tienen espacio de alojamiento para 40 personas y lo ofrecen con desayuno (hace poco abrieron una casa de té). Trabajan también con agencias de turismo para recibir a grupos que realicen trekking en la zona, en donde abundan los atractivos naturales. A los visitantes se les proponen observaciones (se está por instalar un telescopio que triplica en potencia al actual), pero también visitas al parque temático Intihuatana y al Sendero temático del Bing Bang, ambas propuestas con recorrido autoguiado.
Un dato no menor: desde la entidad organizan viajes científicos. Fueron en contingente a registrar el último eclipse solar en diciembre de 2020, en la Patagonia. Ahora, convocan en mayo de 2022 a observar el eclipse lunar en Ampimpa. Y tienen, incluso, una invitación más potente: "cazar auroras boreales" en Islandia. Organizan tours de 12 días a Europa programados para 2023.