"Los vecinos del barrio siempre recuerdan a Mugica, es un motivo de alegría y empuje que fortalece la lucha de la gente", dijo el sacerdote Guillermo Torres. El religioso trabaja en la parroquia Cristo Obrero, de la villa 31 de Retiro, la misma donde oficiaba el cura Carlos, hasta que fue asesinado por la Triple A el 11 de mayo de 1974, después de celebrar misa en Villa Luro.
"Para los sacerdotes de las villas, Mugica es un referente de quien sacamos fuerza", remarca Torres, quien ayer encabezó la misa realizada en su parroquia de la calle 5 y 8, del barrio 31 Carlos Mugica, como piden los vecinos que sea nombrado.
"En todos lados está vigente su presencia y opción por el pueblo, comprometido con el pueblo. Aquí hay comedores, guarderías e iglesias que llevan su nombre", dice Torres, de 44 años, a La Capital.
La memoria del religioso se acrecentó en la barriada luego de que el sábado 9 de enero de 1999 una gran movilización de pobladores, sacerdotes y organizaciones populares acompañó el traslado de los restos de Mugica, desde el cementerio de la Recoleta a la capilla Cristo Obrero.
Nacido el 7 de octubre de 1930, en una familia de alcurnia, Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe conoció en la pastoral para los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires a los jóvenes peronistas que luego formarían la agrupación Montoneros.
Además, en 1968, al viajar a Francia para profundizar sus estudios, conoció al padre Rolando Concatti, uno de los fundadores del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Luego viajó a Madrid, donde se acercó a Juan Domingo Perón. Pero luego llegaron sus diferencias con la cúpula católica de la época y las discrepancias con el ministro José López Rega, quien lo amenazó varias veces.
Desalojo. El cura Guillermo Torres resalta que "Mugica luchó en la resistencia al de-salojo que intentaban realizar en una zona tan cercana a la terminal de ómnibus".
"Pero con su fuerza y la lucha de los pobladores ya el lugar no es una villa sino un barrio, que ellos mismos levantaron. La mayoría son albañiles y las mujeres trabajan en casas particulares. También hay cartoneros, y funciona una sala de salud que depende del Hospital Fernández. En tanto, los chicos estudian en dos escuelas públicas cercanas", relata el sacerdote, que desde 1999 oficia misa en el lugar.
"En la zona hoy viven unas 30 mil personas, muchas de países limítrofes y del norte argentino, tenemos tres templos y en uno solo hay 300 chicos haciendo la catequesis. También colaboran con los tres sacerdotes que estamos en el lugar 80 jóvenes, de los cuales unos 50 son catequistas en el barrio", explica.
"Ahora es casi imposible el desalojo, habría que mover a 30 mil personas, y hay un decreto de 2001, que ordenaba la entrega de tierras a sus habitantes, pero nunca se llevó a cabo. Además, hay un compromiso de las autoridades de implementar mejoras, se empezó con el agua corriente, que en algunas zonas era traída en camiones para llenar unos tanques. Para el gas se usan garrafas y el servicio de luz es muy precario", explica Torre.
El asentamiento, conformado en 1930 en una zona aledaña al puerto y a las estaciones ferroviarias importantes, está cerca de la terminal de micros y abarca unas 14 hectáreas, que son apetecidas por los inversores inmobiliarios por su valor estratégico.
Misas y actos. En la iglesia San Francisco Solano, de Mataderos, en cuya vereda fue baleado, ayer se ofició una misa. Además, hoy la Cancillería lo evocará con un acto presidido por el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, amenizado con la Misa para el Tercer Mundo, escrita por Mugica.
Y en Villa Luro también lo recordará el padre Domingo Bresci, ex secretario del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Paco y amenazas
“El problema que llegó al barrio es el paco. Los curas villeros proponemos una pedagogía del acercamiento a los chicos”, dice el padre Guillermo Torres. Pero, tras un documento sobre el flagelo de la droga, algunos curas, como el padre José María Di Paola, fueron amenazados por narcotraficantes.