Un centro de salud de un barrio de Salta se convirtió en escenario de un hecho que escandalizó a los pacientes, un médico y una enfermera mantuvieron relaciones sexuales sobre una camilla en la sala de pediatría mientras los padres esperaban con sus hijos para ser atendidos. La situación, que generó una denuncia contra los protagonistas y la puesta en marcha de una investigación por parte del Ministerio de Salud salteño, devela una realidad que suele ser un secreto a voces: en hospitales y sanatorios las prácticas sexuales son frecuentes.
De la cuestión se ocupó el periodista Martín De Ambrosio, autor del libro "Guardapolvos, sexo y mentiras de hospital", quien a través de doce testimonios hace reflexionar al lector sobre la trascendencia que cobra la sexualidad en ámbitos rodeados de enfermedad y muerte y donde los cuerpos son siempre protagonistas.
Respecto del hecho que conmovió a los salteños, De Ambrosio dijo que el escándalo se desata porque "no se priorizó la atención sobre el desenfreno sexual, sobre todo teniendo en cuenta que los pacientes eran niños" y agregó: "No debería suceder, pero la realidad demuestra que no siempre es así".
En diálogo con La Capital desde Buenos Aires, el periodista, subeditor de Perfil, miembro de la Red Argentina de Periodismo Científico y autor de varios libros, entre ellos "Guardapolvos..." (editado por Planeta en 2012) destacó que las historias que refleja su trabajo "muestran que la realidad es mejor que la fantasía; todos saben que las guardias, las largas noches de vigilia y el contacto cercano de los cuerpos en los hospitales propician la intimidad, aunque con sus particularidades".
—La sexualidad dentro del ámbito hospitalario sigue siendo un tema tabú, o sólo mencionado como chiste o desde el morbo. Muchas personas se sorprenden cuando un hecho así sale a la luz.
—No sé si el tema está tan oculto. En el plano discursivo quizá no. Pero eso era justamente lo que yo quería: salir de ese plano de lo que podían haber sido poco más que leyendas urbanas y hablar con testigos presenciales o protagonistas de los hechos y que ellos, los médicos y los sucesos, tomaran la palabra. En algún momento se evalúa si lo que sucede a menudo amerita alguna sanción disciplinaria (como lo que ahora se discute en Salta) pero la respuesta que me dieron en su momento fue «¿Y quién los va a sancionar?, si los que dirigen hospitales son antiguos médicos que también pasaron por la misma». Hay una complicidad general que sólo se deschava por inquinas personales. Aunque mi opinión no es lo que importa, tiendo a pensar que está bien que suceda y casi nunca el hecho amerita una sanción.
—El libro muestra historias fuertes. ¿Cree que la gente prefiere que quede en el ámbito de la fantasía, ver al médico impoluto y alejado de las cuestiones carnales?
—La realidad es mejor que la fantasía. Y en ocasiones incluso más extraña. Mucho más extraña. No sé cuáles efectos pueden tener los testimonios reales del libro; de todos modos no creo que "Guardapolvos..." cambie la historia de la ascendencia que tienen aún los médicos sobre las sociedades occidentales. Una posición que si está siendo socavada, en todo caso es por un conjunto de factores, como la comercialización, la falta de escrúpulos y de vocación en algunos; y por afuera, las pseudociencias y los movimientos irracionalistas.
—¿Cuál es el relato que más lo conmovió y por qué?
—El de la beba que está moribunda y revive apenas para despedirse de los padres. Ahí no hay nada de sexo pero sirve para ver el grado de tensiones o sucesos extraordinarios por los que atraviesan los médicos, en las guardias de terapia sobre todo.
—¿Y los testimonios más curiosos?
—Varios. Si bien todos me resultan increíbles cito dos: la felación en una habitación en medio de otra gente durmiendo en cuchetas alrededor. Y el sexo con ingredientes, en un quirófano. Creo que en el libro hay poco romanticismo, se tiene mucho sexo pero se hace poco el amor.
—¿Los médicos, las médicas, tienen más sexo que el promedio? ¿Lo tienen de un modo "diferente"?
—Posiblemente en promedio no superen la frecuencia de la población general. Pero lo que sí busca el libro es ahondar en las motivaciones que llevan a que lo tengan cómo lo tienen y con quiénes.
—El libro tiene un poco menos de un año de publicado, ¿qué comentarios recibió hasta el momento de la comunidad médica?
—En general, favorables. Y está bien que nadie se haga mayormente cargo porque la gallina que cacarea es la que puso el huevo.