El aficionado suizo a los deportes extremos Yves Rossy ("Jetman") se convirtió ayer en el primer hombre en cruzar el canal de la Mancha entre Francia y el Reino Unido con unas particulares alas a reacción de diseño propio sobre sus espaldas.

El aficionado suizo a los deportes extremos Yves Rossy ("Jetman") se convirtió ayer en el primer hombre en cruzar el canal de la Mancha entre Francia y el Reino Unido con unas particulares alas a reacción de diseño propio sobre sus espaldas.
Tras su partida del puerto francés de Calais, este piloto de 49 años aterrizó poco menos de un cuarto de hora más tarde del otro lado del canal, en el puerto británico de Dover. Rossy, un piloto profesional, saltó desde un avión a 2.500 metros de altura sobre Calais para luego sobrevolar por su cuenta los 35 kilómetros del estrecho, que es una de las rutas de barcos más transitadas del mundo.
Permaneció en el aire con alas de fabricación propia de dos metros y medio de ancho, impulsadas por cuatro motores a reacción. El conjunto es dirigido con el balanceo de la cabeza y la espalda.
Rossy cumplió su sueño 99 años después de que el piloto francés Louis Blériot se convirtiera en el primero en cruzar el canal con un avión.
Siempre deseó volar como un pájaro, pero los primeros segundos Rossy se precipitó como una piedra a la tierra, tras lanzarse desde el avión monomotor Pilatus Porter que lo posicionó en altura.
Pocos segundos después consiguió colocar su cuerpo en posición horizontal para, a 200 kilómetros por hora, tomar curso hacia Dover, cuya silueta observó apenas dos minutos después de iniciar su vuelo.
Sus ayudantes vivieron sólo un momento de pánico, que duró apenas un par de segundos, cuando Rossy cumplía los cuatro minutos de vuelo. Fue cuando sufrió un breve desvío hacia la izquierda. Pero el suizo logró corregir de inmediato su rumbo y mantenerse en el aire como un águila que planea por el aire con sus alas extendidas.
A los 9 minutos y 32 segundos concluyó su vuelo puro. La meta había sido alcanzada, el sueño cumplido y el récord mundial asegurado. Cuando la velocidad de sustentación disminuyó, Rossy abrió el paracaídas de vuelo controlado dejándolo caer suavemente a tierra, donde lo esperaba una lluvia de champán.
"Fue perfecto, estoy en un sueño", dijo el piloto visiblemente emocionado. No sintió miedo; más bien disfrutó todo el tiempo de la maravillosa vista.
A poco de tocar tierra, sintió nuevamente la necesidad de regresar a la actividad, al señalar que continuará desarrollando su máquina voladora con la intención de sobrevolar el Gran Cañón del Colorado. "Ya he demostrado que es posible volar como un pájaro". Además, desea arrancar alguna vez desde la tierra en lugar de lanzarse desde un avión.
Yves Rossy, que se desempeña como piloto profesional de la compañía helvética Swiss, el mes pasado cruzó exitosamente los Alpes. Pasado mañana regresará al trabajo. Después de todo, lejos de aburrida, "la cabina de un avión es la mejor oficina del mundo", dijo. l (DPA)
Precedente
El canal de la Mancha fue varias veces el escenario de audaces intentos por marcar récords. En 2003, el austríaco Felix Baumgartner se convirtió en la primera persona en planear sobre el canal con un paracaídas y alas de diseño propio. Saltó de 9.000 metros desde un avión sobre Dover, y aterrizó diez minutos más tarde cerca de Calais.

