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Francisco se enojó porque hicieron una fastuosa fiesta en el Vaticano

Unos 150 invitados degustaron un generoso bufé en la terraza de la prefectura de Asuntos Económicos, en la plaza San Pedro.

Viernes 23 de Mayo de 2014

El pasado domingo 27 de abril, mientras cientos de miles de personas ocupaban las calles de la ciudad de Roma para asistir a la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, una fiesta muy exclusiva, mitad religiosa mitad mundana, se celebraba en la azotea de la prefectura vaticana de Asuntos Económicos situada sobre la plaza de San Pedro.

Unas 150 personas entre las que destacaban conocidos empresarios, religiosos y periodistas italianos disfrutaron de un generoso bufé que costó la friolera de 18 mil euros y que, aunque fue sufragado por dos patrocinadores privados, ha caído mal al Papa Francisco. El encargado de reconocer que Jorge Mario Bergoglio está contrariado por una fiesta que no cuadra con su idea de sencillez ha sido el cardenal Giuseppe Versaldi, presidente de la prefectura vaticana de Asuntos Económicos: "No puedo revelar lo que ha dicho (el Papa). Le he informado y sólo puedo decir que no ha quedado muy contento, por usar un eufemismo. Pero puedo asegurar que estos episodios no volverán a producirse", según publicó el diario español El País, en su edición digital.

Al parecer, Jorge Bergoglio desconocía la celebración de la fiesta en la terraza de la Santa Sede y únicamente le habían pedido permiso para que algunas personas pudieran acceder a la terraza para asistir a la ceremonia de santificación de los Papas el pasado 27 de abril, según contó el cardenal Giuseppe Versaldi, presidente de la prefectura vaticana de Asuntos Económicos, a un programa del canal de televisión Italia1, emitido anoche.

Qué dirá el Papa. El Papa Francisco "no ha quedado muy contento" al ver las imágenes de la lujosa comida, publicadas por el sirio Dagospia, dijo Versaldi. Parece que el enojo ocurrió luego de que L'Espresso adelantase en su página de internet una parte de una nota que publicará hoy.

Según la agencia Efe, el cardenal Versaldi aseguró que desconocía la celebración de la fiesta en la terraza de la prefectura que preside y que únicamente le habían pedido permiso para que algunas personas pudieran acceder a la azotea para asistir a la ceremonia de santificación de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

Versaldi ha iniciado una investigación para saber quién organizó realmente el evento. El semanario L'Espresso apunta a Francesca Immacolata Chaouqui, una joven que trabaja en las relaciones públicas contratada por el Vaticano para formar parte de la comisión encargada de reformar las finanzas de la Santa Sede. Chaouqui ha intentado esquivar el bulto acusando al cardenal Versaldi: "Esta historia es una idiotez y se debe a que mis enemigos me quieren desacreditar delante del Santo Padre. Yo estaba allí sólo como miembro de la comisión. No ha llamado a ninguna empresa. Todo lo ha organizado la prefectura. ¿Versaldi dice que no sabe nada? Puede decir lo que quiera. Yo no tengo necesidad de hacer lobby en el Vaticano: aquel día sólo recé, me tomé una copa y me fui. Yo estoy concentrada en ayudar a los más necesitados, basta ver las fotos de mi Facebook".

Hostias y catering. El problema 1397059140además de la tirantez entre miembros del Vaticano que recuerda a las épocas anteriores a la llegada de Francisco1397059140 es que las fotografías que están circulando son las de la fiesta y, algunas en particular, han contribuido a aumentar al enfado de Bergoglio. En especial unas en las que se ve al sacerdote español Lucio angel Vallejo Balda, secretario de la prefectura de Asuntos Económicos, repartiendo la comunión con las hostias metidas en un vaso del catering. Vallejo, contactado por el semanario italiano, ha intentado quitarle dramatismo al asunto: "No hablo de la azotea. Gracias a Dios tenemos otros problemas".

Sorprendido e indignado. Pero su jefe, el cardenal Versaldi, no piensa lo mismo: "Estoy sorprendido e indignado por esta mezcla "entre lo mundano y lo religioso). He informado a todas las autoridades superiores para intentar encontrar al responsable de todo esto, que choca con el estilo que el Papa Francisco quiso dar a esta celebración, un estilo de sobriedad y de participación popular".

De ahí el contraste entre las fotos de lo que ocurría en la calle y la fiesta de la azotea con vistas a la basílica. Las imágenes de cientos de miles de personas muchas de ellas venidas de lejos- que habían pasado la noche a la intemperie para asistir a la canonización chochan con las de la carpa, cómodas sillas y el generoso bufé que pudieron degustar periodistas famosos como Bruno Vespa —viejo amigo de Silvio Berlusconi— o Maria Latella, y hombres de negocios como Marco Carrai, colaborador y brazo derecho del primer ministro Matteo Renzi. También estaba allí el presidente del banco del Vaticano, Erns von Freyberg.

Todos ellos fueron invitados mediante una tarjeta con el membrete de la prefectura de Asuntos Económicos en la que se incluía el nombre de los patrocinadores: Assidai, el seguro médico de los altos dirigentes, que puso 13 mil euros para las sillas y las estructuras de madera, y la petrolera italiana Medoilgas, que se hizo cargo de los cinco mil euros del bufé.

Al polémico asunto de la exclusiva fiesta del día de la canonización de los Papas que vuelve a enfrentar a distintas sensibilidades del Vaticano ya se le conoce como "la guerra santa de la terraza".

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