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Francisco convocó casi 7 millones de fieles en una misa en Filipinas

La multitud desafió a la lluvia en una ceremonia al aire libre, en Manila, a la que el pontífice saludó desde un micro. Instó a “rechazar estructuras sociales que perpetúan la pobreza”.

Lunes 19 de Enero de 2015

El Papa Francisco concluyó ayer su viaje a Asia con una misa al aire libre en Manila ante una multitud que desafió a la lluvia y que, según el Vaticano y el gobierno, atrajo hasta siete millones de personas, la mayor cantidad de personas para un evento papal.

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dijo que la oficina del presidente informó al Vaticano que entre seis y siete millones asistieron a la misa en el parque Rizal de Manila y las áreas cercanas.

"No somos capaces de contar a toda las personas, obviamente, o verificarlo, pero en cualquier caso, hemos visto a tanta gente que creemos que es posible", dijo Lombardi en una conferencia de prensa.

Francisco, de 78 años, saludó a la multitud desde un papamóvil hecho a partir de los yipnis filipinos (un colectivo local), vestido con el mismo impermeable amarillo que se proporcionó a los asistentes.

Se detuvo a lo largo del recorrido para besar a los niños y bendecir las estatuas religiosas en el día en que los filipinos celebran la fiesta del Niño Jesús. Los congregados levantaron sus rosarios al paso del Papa.

Algunos de los fieles pasaron la noche frente a las puertas, que se abrieron nueve horas antes de la misa. La ceremonia, celebrada en el único país asiático predominantemente católico, se prolongó durante tres horas.

En su homilía, el Papa instó a los filipinos a rechazar las "estructuras sociales que perpetúan la pobreza, la ignorancia y la corrupción", un tema que tocó en sus conversaciones del viernes con el presidente Benigno Aquino, que también asistió a la eucaristía.

También tuvo palabras para los esfuerzos del gobierno en materia de control de natalidad, diciendo que la familia estaba bajo la amenaza de "ataques y programas contrarios a todo lo que consideramos verdadero y sagrado".

"Tenemos seis millones" de personas, anunció el presidente de la Autoridad de Desarrollo de Manila, Francis Tolentino. De esta forma, la participación superó el último récord, registrado también en Filipinas en 1995 para una misa del Papa Juan Pablo II, a la que acudieron cinco millones de personas.

Vestido con un impermeable amarillo, el Papa sonrió y saludó a la muchedumbre y se detuvo varias veces para besar a los bebés que le acercaban. Luego llegó al estrado para una misa de unas dos horas.

Filipinas es el principal bastión católico en Asia, donde 80 por ciento de los 100 millones de habitantes del país, una antigua colonia española, practican un catolicismo ferviente.

"Somos devotos del Papa", dijo a la AFP Bernie Nacario, de 53 años, que vino a Rizal Park, donde se celebró la misa, con su mujer y su dos hijos pequeños.

"El Papa es un instrumento del Señor y si consigues comunicarte con él es como hablar con el mismo Dios", explicó Nacario, y aseguró que su dolor artrítico le había desaparecido ayer "como si Dios me hubiera curado".

Antes de llegar a Filipinas el jueves, Francisco estuvo dos días en Sri Lanka. Se trata de su segundo viaje a Asia en cinco meses, una manera de reconocer la importancia en este continente para la Iglesia Católica, que está perdiendo adeptos en otros lugares del mundo como Europa o Estados Unidos.

También se trata de la cuarta visita de un Papa a Filipinas, donde los pontífices han sido siempre acogidos con un fervor extraordinario.

"Nos enfrentamos a un mar de fe", dijo Leonardo Espina, el jefe de la policía.

"¿Por qué sufren los niños?", fue la gran pregunta

El último día del Papa Francisco en Filipinas empezó con una recepción de jóvenes en la Universidad Católica de Manila, donde se emocionó por las preguntas de una niña de 12 años que había sido abandonada.

"Muchos niños son abandonados por sus padres. Muchos de ellos acaban siendo víctimas y les han pasado cosas malas, como adicción a las drogas o prostitución ¿Por qué Dios permite esto, incluso si los niños no tienen culpa? ¿Por qué sólo unos pocos nos ayudan?", preguntó la niña, Glyzelle Iris Palomar.

La niña, que encontró refugio en una comunidad eclesiástica, rompió en llanto y no pudo terminar su discurso de bienvenida. El Papa la abrazó y comenzó su propia alocución, más preparada.

"Ella es la única que ha planteado una pregunta para la que no hay respuesta y ni siquiera es capaz de expresarlo con palabras, sino con lágrimas", dijo, visiblemente emocionado.

"¿Por qué sufren los niños?", dijo el Papa argentino en español. Un intérprete traducía su discurso al inglés para las más de 30 mil personas congregadas en los campos de la universidad.

"Invito a cada uno a que se pregunte a sí mismo «¿He aprendido a llorar... cuando veo un niño hambriento, un niño en la calle que se droga, un niño sin casa, un niño abandonado, un niño del que abusan, un niño que la sociedad usa como esclavo?»", dijo.

Es habitual ver niños en las calles de las ciudades filipinas, como suele ocurrir en los países asiáticos, viviendo de la caridad y de lo que encuentran entre la basura.

Las Naciones Unidas afirman que 1,2 millón de niños viven en la calle en la ex colonia española. De acuerdo con la Child Protection Network Fundation, el 35,2 por ciento de los niños vivían en la pobreza en 2009, el último año del que existen datos. Cerca de un 33 por ciento de los filipinos viven en barrios de chabolas.

En su homilía, durante la misa, el Papa volvió a hablar sobre la necesidad de defender a los niños: "Necesitamos ver a cada niño como un regalo que hay que agradecer, cuidar y proteger. Y necesitamos ocuparnos de los jóvenes, no permitir que les roben la ilusión y les condenen a una vida en las calles".

En su homilía, el Papa evocó al Santo Niño (Jesús), muy venerado en Filipinas. "Que el Santo Niño pueda continuar bendiciendo a Filipinas y apoyando a los cristianos de esta gran nación en su vocación de ser testigos y misionarios de la alegría del Evangelio en Asia y todo el mundo", dijo ante la muchedumbre.

"Filipinas es el principal país católico en Asia. Es un don de Dios, una bendición, pero también una vocación. Los filipinos fueron llamados a ser misioneros de la fe en Asia", añadió.

También habló contra la "pobreza, la ignorancia y la corrupción".

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