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En Australia luchan por salvar las especies golpeadas por los incendios

Equipos de veterinarios ayudan a los ejemplares que sobrevivieron a las llamas, pero encuentran la tierra abrasada y falta total de agua.

Domingo 19 de Enero de 2020

Gran parte de Australia todavía está en llamas en una temporada de incendios forestales sin precedentes que ha carbonizado un área casi del tamaño de Guatemala (más de 10 millones de hectáreas según los últimos cálculos). Los científicos temen que algunas de las especies en peligro en extinción de Australia no se recuperen. Ahora están buscando sobrevivientes de especies raras, y ayudan a las criaturas amenazadas a obtener suficiente comida y agua en los bosques recientemente quemados.

Los emblemáticos koalas no están ahora en peligro inminente de extinción, pero a los científicos les preocupa que el hábitat del marsupial haya sido reducido en gran medida por los incendios forestales. Los científicos dicen que el cambio climático está haciendo que los incendios forestales masivos sean más comunes.

Según una estimación de la agencia de noticias Associated Press, los incendios forestales de Australia han carbonizado hasta ahora 104.000 kilómetros cuadrados (10,4 millones de hectáreas) de matorrales, selvas tropicales y parques nacionales, matando según se calcula "más de mil millones de animales salvajes". A manera de comparación, Guatemala tiene 108.889 kilómetros cuadrados.

Donde las llamas han pasado, los biólogos comienzan a buscar ejemplares sobrevivientes, con la esperanza de que puedan encontrar individuos de algunas especies raras y en peligro de extinción para reconstruir sus poblaciones. Es una tarea sombría para una nación que se enorgullece de su diversa vida silvestre, incluidas las criaturas que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, como los koalas, los canguros y los walabies.

"No creo que hayamos visto un solo evento en Australia que haya destruido tanto hábitat y haya llevado a tantas criaturas al borde de la extinción", comentó apesanumbrado Kingsley Dixon, ecólogo de la Universidad de Curtin en Perth.

No mucho después de que los incendios forestales pasaron por el Parque Nacional Oxley Wild Rivers en Nueva Gales del Sur, el ecologista Guy Ballard se dispuso a buscar walabíes de las rocas, pequeños marsupiales que parecen canguros en miniatura, con largas colas flexibles y peludas. A menudo se aferran a las rocas grandes, sus escondites preferidos. Antes de esta temporada de incendios, los científicos calculaban que quedaban apenas 15.000 ejemplares en estado salvaje. Ahora, los recientes incendios en una región ya afectada por la sequía han quemado parte de su último hábitat, y la especie está en peligro de desaparecer, dijo Ballard.

En años anteriores, su equipo identificó un puñado de colonias dentro del parque nacional. Después de los incendios recientes, encontraron tocones de árboles humeantes y animales muertos. "Fue simplemente devastador" dijo Ballard. "Se podían oler los animales muertos en las rocas". Sin embargo, su equipo descubrió que algunos walabíes seguían vivos. "Todo lo que puedes hacer es concentrarte en los sobrevivientes", dijo.

Es un hecho científicamente comprobado que los matorrales y bosques de eucaliptus y la vida silvestre de Australia evolucionaron junto con los incendios forestales periódicos a lo largo de cientos de miles de años. El clima seco y semiárido de la isla propicia este mecanismo de destrucción y creación simultánea de los biomas o tipos ambientales. Algo similar ocurre con la sabana y el "sahel" en Africa. Lo que es diferente este año en Australia es la vasta extensión de tierra quemada, en un contexto de sequía y temperaturas abrasadoras atribuidas genéricamente al cambio climático. El año pasado, uno de los más secos en más de un siglo, vio temperaturas que rutinariamente superaban los 40 grados centígrados.

No todos los animales perecen en las llamas. Algunos pueden refugiarse en las grietas de las rocas o esconderse en madrigueras. Sin embargo, cuando emergen a un páramo abrasado por el fuego, se enfrentan al hambre, la sed y a depredadores no nativos, como zorros y gatos, que fueron introducidos por el hombre. Australia tiene un problema crónico con los animales no autotócnos, como los citados. Otros invasores son las ratas, europeas el sapo sudamericano y a mayor escala el cerdo salvaje, que es indistinguible de un jabalí. Este prolifera por la falta de un depredador a su altura.

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