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Cuando Buenos Aires era la ciudad de los cines

Pasado más de medio siglo de esplendor en la ciudad de Buenos Aires, con salas cinematográficas tanto en Lavalle como en Corrientes y sus transversales, sólo sobrevivieron una en Lavalle, una normal, y tres en Corrientes, dedicadas a público más cinéfilo, una con ciclos memorables programados por la Fundación Cinemateca Argentina y allí cerca, en Rivadavia al 1500, el Gaumont del Incaa.

Jueves 19 de Diciembre de 2019

Pasado más de medio siglo de esplendor en la ciudad de Buenos Aires, con salas cinematográficas tanto en Lavalle como en Corrientes y sus transversales, sólo sobrevivieron una en Lavalle, una normal, y tres en Corrientes, dedicadas a público más cinéfilo, una con ciclos memorables programados por la Fundación Cinemateca Argentina y allí cerca, en Rivadavia al 1500, el Gaumont del Incaa.

La mayoría de las salas de barrio, las imponentes, también se convirtieron en cadenas de templos pentecostales la mayoría importados de Brasil, estacionamientos e incluso en supermercados, pero si no esconden su fachadas siguen recortándose como muestras de una arquitectura siempre llamativa, casi siempre de colección. Si bien en la actualidad existen en la Argentina la mitad de pantallas de las que funcionaban a finales de la década del 60, y casi en su totalidad de dimensiones reducidas, inexorablemente concentradas (amontonadas) en centros comerciales, mucho público sigue llenando funciones, con popcorn en lugar de maní con chocolate. El surgimiento de las plataformas a demanda, los nuevos hábitos, la idea de pantallas que en lugar de recibir luz emiten luz, modifica de a poco el concepto de ritual de cine y permite anticipar que, en algún momento, podría amanecer una segunda revolución, que no sólo termine con la idea de aquellos palacios, sino con una era en donde ir al cine tenía un significado mágico extra. Si alguna vez desaparecieron los salones de tango, también los teléfonos cableados y con disco, los TPA (teléfonos públicos alcancía), casi todos los bowlings, los pools, y así como fueron exitosos los miles de videoclubes, cuyo paso fue mucho más efímero, no sería raro que dentro de poco no queden ni una sola sala de las que se conocieron durante ocho décadas y quizás hasta las más nuevas y entonces volveremos a disfrutar "La última película", de Peter Bogdanovich, "Cinema Paradiso", de Giuseppe Tornatore, o "Splendor", de Ettore Scola, en una sala de arte, en celular o en una gran pantalla hogareña, eso sí, con algo de nostalgia, o simplemente preguntándonos cómo habrá sido aquello de ver cine en un lugar parecido a un templo.

Dos de suspenso en la TV Pública

El ciclo "Filmoteca", que conducen Fernando Martín Peña y Roger Koza en las trasnoches de la Televisión Pública, presenta hoy y mañana dos títulos de suspenso que tuvieron fama en los 70 y 80. Según los conductores, la selección es caprichosa pero consistente, con filmes dirigidos por maestros del género como Dario Argento y por hábiles realizadores "que logran con eficacia la premisa de involucrar al público en ese placer ambiguo de dejarse capturar por la incertidumbre, el misterio y lo inesperado". Hoy se exhibirá "Ransom" (1975), de Casper Wrede, con Sean Connery, Ian McShane, Jeffry Wickham e Isabel Dean, y mañana "El gato de las nueve colas" (1971).

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