La medianoche de este 31 de diciembre termina el año 2021 y comienza el "año nuevo", el 2022. Pero, ¿cómo medimos el paso del tiempo? Tenemos asimilado el calendario gregoriano, creado en 1582 por el papa Gregorio XIII, o sea, por el cristianismo, que es básicamente el año solar de los romanos con algunas adaptaciones. Estos a su vez tomaron el calendario solar de los egipcios. Pero muchas civilizaciones continuaron usando calendarios lunares. China, por ejemplo, se guiaba por el año lunar, aunque como todas las naciones se adaptó a la hegemonía del calendario occidental. Conviene revisar las nociones básicas.
Un año sideral se refiere al tiempo orbital del planeta que tarda en "dar una vuelta" completa alrededor del Sol. Un año natural es una aproximación al número de días del período orbital de la Tierra, tal y como se cuenta en un determinado calendario. El calendario gregoriano, o calendario moderno, es el año "común" de 365 días, y cada 4 años hay un año bisiesto, de 366 días. Esto se debe a que la duración real del año astronómico es de 365,25 días.
Como la órbita terrestre no es circular sino elíptica, la traslación orbital lleva a la Tierra a un punto de la órbita más lejano del Sol, el "afelio", hecho que sucede en julio. En ese punto la distancia al Sol es de 152.098. 232 km. De manera análoga, al punto de la órbita más cercano al Sol se denomina "perihelio", ubicado a 147. 098.290 km de distancia. Ocurre durante el mes de enero. Por esto, las fechas del año civil son algo arbitrarias. El fin de año no debería ser el 31 de diciembre a medianoche, sino el 3 de enero. Claro que esto también sería problemático, dado que el perihelio cambia de fecha con el paso de los años, al igual que el afelio. También podría tomarse como fecha de inicio el solsticio del 21/22 diciembre.
Del mismo modo, año puede significar el período orbital de cualquier planeta; por ejemplo, un año marciano y un año venusiano son el tiempo que tarda un planeta en transitar una órbita completa. Desde la antigüedad, los grupos humanos emplean el calendario como una herramienta para sistematizar el paso del tiempo y organizar cronológicamente sus actividades sociales, religiosas, comerciales y administrativas. El calendario nos ayuda a llevar cuenta de fechas destacables como los cumpleaños o las efemérides de hechos históricos y, en las sociedades agrícolas, de los períodos de siembra y cosecha, entre otros acontecimientos.
Diseñar nuestro calendario llevó tiempo. No es nada fácil cuadrar las fases lunares con la duración del año solar y el ciclo de las estaciones. Sin los oportunos ajustes, sobran minutos o incluso días enteros. O faltan. Julio César en el año 46 a. C. debió añadir por decreto 90 días para hacer calzar el nuevo el calendario con las estaciones, que se habían ido desfasando. En octubre de 1582, el papa Gregorio XIII introdujo un nuevo calendario que tomó su nombre de él: el gregoriano. Este corregía un ligero desfase del calendario juliano. La reforma del calendario juliano tuvo que eliminar 10 días del calendario de 1582 para encajar las piezas del actual calendario "gregoriano" que se usa en Occidente y de hecho se adoptó en todo el mundo. Cada cuatro años debemos añadir un día en febrero, como pasó en 2020. Esos 10 día añadidos hicieron coincidir el 21 de marzo con el equinoccio.
El 4 de octubre de 1582 fue el último día del calendario juliano y el próximo día, eliminando de la numeración 10 días debido al ajuste, pasó a ser el 15 de octubre del calendario gregoriano. No fue una transición tranquila: hubo muchedumbres furiosas que reclamaron a la Iglesia por el "robo de 10 días de vida".
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Un calendario lunar medieval. Servía a los agricultores para guiarse con los ciclos de siembra y cosecha.
Distintas culturas en el mundo han desarrollado sistemas para medir el paso del tiempo, la mayoría de ellos basados en observaciones astronómicas de la luna, el sol y las estrellas. A partir de estas se estructura el tiempo en períodos o unidades naturales: el día, el año solar y la lunación (o mes).
Días, años, meses
El día está determinado por el movimiento aparente del Sol. Como consecuencia del movimiento de rotación de la Tierra sobre su eje, la mitad de nuestro planeta iluminada por el Sol va cambiando y, en un mismo punto del planeta, se suceden períodos de luz y de oscuridad (el día y la noche). Un día completo corresponde con el tiempo que tarda la Tierra en realizar una rotación entera sobre su eje. Denominamos año al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol y mes al tiempo aproximado en que la Luna completa una órbita alrededor de la Tierra. Curiosamente ‘mes’, del latín ‘mensis’, contiene la misma raíz indoeuropea de la que proviene tanto el inglés ‘month’ (mes) como ‘moon’ (luna).
La complejidad de los calendarios se debe al hecho de que los ciclos astronómicos no comprenden un número entero de días y no son constantes ni perfectamente comparables entre sí. Las fases de la Luna se han empleado desde hace milenios para contar el paso del tiempo. El ciclo lunar empieza en el novilunio (o luna nueva) cuando la Luna se sitúa entre la Tierra y el Sol y no la vemos iluminada. A partir de aquí y a medida que la Luna se mueve en su órbita, su porción iluminada aumenta progresivamente y, dos semanas después, tiene lugar el plenilunio (o luna llena). Durante las dos semanas siguientes, irá menguando hasta volver nuevamente al novilunio. El intervalo entre dos fases idénticas de la Luna se denomina lunación o "mes sinódico" y su duración varía entre 29 días y 6 horas y 29 días y 20 horas, que equivalen a una media de 29 días, 12 horas, 44 minutos y 3 segundos. Aunque nuestros meses tienen su origen en los meses sinódicos (o lunaciones), los calendarios lunares -como el islámico o el chino- tienen el problema de que las lunaciones no se corresponden con un número entero de días. Si consideramos un mes lunar de 29 días, el calendario rápidamente se desincroniza con las fases de la Luna: medio día el primer mes, un día entero el segundo mes, etcétera.
Para reflejar la duración real de una lunación, que es de aproximadamente 29 días y medio, los calendarios lunares alternan habitualmente meses de 29 y de 30 días. Aún así, el mes sinódico dura casi tres cuartos de hora más de media y, por esta razón, los calendarios lunares deben calibrarse periódicamente añadiéndoles días; lo que se denomina "intercalación". El año lunar se compone de 12 lunaciones y dura 354 días, 8 horas, 48 minutos y 34 segundos, por lo tanto un calendario lunar puro, como el calendario islámico, en el que no se intercalan días para ajustarlo, pierde alrededor de 11 días cada año en relación con nuestro calendario.
La mayoría de los calendarios que denominamos lunares en realidad son "lunisolares" emplean intercalaciones para ajustarlos con el año solar. Ejemplos de calendarios lunisolares son el hebreo, el budista, el hindú o los calendarios tradicionales de distintas culturas del este de Asia como el chino, el tibetano, el vietnamita, el mongol, el coreano y el japonés. También los antiguos calendarios helénico y babilonio eran lunisolares.
El tiempo que tarda la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol define un año solar, también llamado año "trópico", que corresponde con un ciclo completo de las estaciones.
Solsticios y equinoccios
Los primeros astrónomos se basaban en los solsticios y los equinoccios para medir la duración del año. Empleaban un "gnomon", un instrumento astronómico que servía para determinar la altura del Sol. Este instrumento, que se asemeja a un reloj de sol, está compuesto de una varilla vertical y de un plano o círculo horizontal, sobre el que se proyecta la sombra de la varilla. La sombra se mide al mediodía cuando es máxima. A principios de verano, en el solsticio, es cuando el Sol está más alto y la sombra de la varilla es más corta. En cambio, en el solsticio de invierno, el Sol está más bajo y la sombra resultante es más alargada. Contando los días que transcurrían entre dos mismos solsticios (o entre dos equinoccios) se determinaba la duración de un año.
La duración aproximada del año solar es de 365,24219 días, aunque su duración exacta puede variar hasta 30 minutos porque, para complicar más las cosas, la velocidad de nuestro planeta en su órbita solar no es constante: aumenta a medida que se acerca al Sol y disminuye cuando se aleja (perihelio y afelio, respectivamente).
Se estima que actualmente existen unos cuarenta calendarios en uso. Calendarios lunares y lunisolares siguen empleándose para determinar festividades religiosas, como la Semana Santa o el Ramadán, y otras como el Año Nuevo Chino, el Divali hindú, o el Rosh Hashaná judío. El islámico es un calendario lunar puro, pues no intercala días para ajustarlo. Son calendarios lunisolares el calendario hebreo, el budista, el hindú, el chino, el tibetano, el vietnamita, el mongol, el coreano y el japonés. Y lo eran los antiguos calendarios helénico y babilonio. El primer calendario solar fue el egipcio y de él deriva el calendario gregoriano, a través del calendario juliano.
Julio César termina con el caos "lunar"
Como se dijo, nuestro calendario tiene su origen en el calendario romano, pero inicialmente este era estrictamente lunar y estaba compuesto por 10 meses de 30 o 31 días. Se iniciaba en el mes de marzo con las "calendas", la luna nueva, que marcaba el primer día de cada mes y es la palabra de la que deriva calendario. Este sistema de 10 meses quedó registrado en los nombres de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, que eran respectivamente el séptimo, octavo, noveno y décimo mes. Pero el invierno era entonces un período de 61 días al que no se asignaban meses. Más tarde se incorporaron los meses de enero (‘januarius’) y de febrero (‘februarius’) para sincronizar mejor el año con las estaciones, pero, incluso así, algunos años era preciso intercalar un mes entero a discreción del "pontífice máximo" de Roma. Para la época de Julio César (100-44 a. C.), se había desmadrado por completo el calendario y los meses ya no seguían las fases lunares, el año no estaba en sincronía con el ciclo de las estaciones. Siguiendo el consejo del astrónomo alejandrino Sosígenes, Julio César creó un calendario solar, calcado del egipcio, de 365 días formado por 12 meses. La sincronía con el año solar se conseguía intercalando un día adicional cada cuatro años en el mes de febrero (año bisiesto). Para poder ajustar el calendario con las estaciones, Julio César tuvo que decretar que el año 46 a. C. tuviera 90 días más. El calendario juliano estuvo vigente en Europa desde el año 46 a. C. hasta la reforma del papa Gregorio XIII en 1582. Fueron 1628 años de vigencia.