El Papa Francisco canonizará este domingo a la beata argentina María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, que se convertirá en santa tras una ceremonia en la Basílica de San Pedro luego de la aprobación el 24 de octubre de un segundo milagro atribuido a su intercesión.
El presidente Javier Milei arribó este viernes a Roma para asistir a la misa, mientras el mandatario aguarda la confirmación de una audiencia con el Pontífice a partir del lunes.
Beatificada en 2016 en Santiago del Estero, a Mama Antula se le reconoció varios años atrás el milagro por la sanación en 1904 de una religiosa de las Hijas del Divino Salvador. Se trató de una cura sin explicación médica a la hermana Rosa Vanina, quien padeció una colecistitis aguda, con todos los síntomas del shock séptico, que en aquella época, sin antibióticos, era mortal. Sin embargo, se recuperó rápidamente.
La Santa Sede reconoció un segundo milagro, en el que un santafesino se recuperó de un ACV gracias a la beata. Se trata de Claudio Perusini quien en 2017 ingresó al hospital de Santa Fe en estado muy grave. Según el equipo médico, “las posibilidades de sobrevida eran mínimas". Los allegados de Perusini, entre los que se encontraban un sacerdote amigo y su familia, le rezaron a la figura de Mama Antula. Sorprendentemente, y tras un largo proceso de rehabilitación, el hombre pudo recuperarse y ahora lleva una vida normal.
Perusini va a estar presente el domingo en la ceremonia que llevará adelante Francisco. “Conocí a Bergoglio cuando tenía 16 o 17 años. Me voy a emocionar mucho cuando lo vuelva a ver”, declaró.
El calendario de actividades por la canonización de Mama Antula comenzó el jueves en Roma, donde el arzobispo de Buenos Aires, José Ignacio García Cuerva, y la postuladora de la causa de canonización de la nueva santa, Silvia Correale, dieron una conferencia de prensa. Además, también se llevó a cabo una charla en la Universidad Gregoriana de Roma.
Biografía
Madre Antonia o, en quechua, Mama Antula era el nombre que le pusieron los humildes a quienes ella ayudó desde su adolescencia.
María Antonia de San José, nacida en Silipica, Santiago del Estero, como María Antonia de la Paz y Figueroa en 1730, fue hija de un funcionario español que llegó a Alcalde en el Cabildo de Santiago del Estero.
Inclinada a la vida religiosa, a los 15 años hizo votos y vistió el hábito participando de los ejercicios espirituales que hacían los jesuitas seguidores de San Ignacio de Loyola. Mama Antula estuvo con ellos hasta que el Rey Carlos III los expulso en 1767.
Desde las misiones, los jesuitas tuvieron un rol destacado en educar y civilizar a los nativos, con catequesis, además articulando redes de protección frente a las vecinas tribus de bandeirantes portugueses y los abusos de los encomenderos.
Cuando el rey expulsó a los jesuitas, Mama Antula se puso al hombro la organización de los ejercicios que los expulsados no podían continuar. Y superando sucesivos obstáculos, esquivando permisos que no se concretaban y reemplazando donaciones prometidas no concretadas, con la fortaleza de una mujer criolla emprendió un largo peregrinar recreando los ejercicios y fundando casas donde hacerlos.
A pie y descalza, Mama Antula pasó por Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Córdoba y Buenos Aires, donde en 1788 fundó la Santa Casa que aun funciona en calle Independencia 1190. Luego siguió a Colonia y Montevideo, en el Uruguay, creando una cadena virtuosa al servicio del prójimo.
Se calcula que unos 70 mil ejercitantes pasaron por los ejercicios que ella auspició. Entre ellos, muchos de quienes fueron fundadores de la Patria Argentina. Murió a los 69 años en 1799, es decir casi 10 años antes de la Revolución de Mayo. Hay registros de los pasos de Belgrano, Castelli, Liniers, Moreno, Rivadavia y muchos más por esos ejercicios, que se hacían en tandas de 200 y hasta 300 por turnos de diez días.
La Agencia Informativa Católica Argentina (Aica) reseñó que “acusada de loca y de bruja, el peso histórico de Mama Antula en los sucesos independentistas de la Argentina quizá haya sido más importante que el religioso, aunque ahora se encuentre olvidado”.
Por eso “es considerada una Madre de la Patria: de las multitudinarias tandas de ejercicios espirituales realizados por ella en la Santa Casa, participaron varios próceres de la independencia, como Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga y hasta el Virrey Santiago de Liniers”.
Cuando ella aún vivía se editó en Europa un libro con su correspondencia con los jesuitas expulsados de América que residían en Europa, titulado «El estandarte de la mujer fuerte».
“A esas cartas, llenas de alusiones históricas -como la dedicada a la revuelta de Tupac Amaru en Cuzco-, los filólogos la consideran la primera literatura originaria del Río de la Plata”, según AICA.
AICA relató que “su tarea implicaba un fuerte impacto social: protegía a las mujeres sin casa y albergaba a los niños abandonados, alimentándolos, vistiéndolos, dándoles un hogar y bautizándolos con el apellido San José”.
En las tandas de ejercicios espirituales “convivían ambos sexos de todas las clases sociales y condiciones: autoridades, patricios, nobles, criollos, campesinos, mercaderes y esclavos, en un preclaro ejercicio de fraternidad humana”, agregó la agencia católica.
Francisco ya convirtió en santos al argentino José Gabriel “cura” Brochero, en 2016, y al ítalo-argentino Artémides Zatti en 2022.