A lo largo del siglo XX, la mayoría de las ciudades del mundo fueron quitando a las personas del centro de la escena y dándole más protagonismo a los vehículos. Hoy en día, casi el 80% del espacio público, que es todo lo que se encuentra entre cada línea de edificación, está destinado a los vehículos, no solo para circular sino también para estacionar.
Este tipo de diseño urbano nos trajo muchísimos problemas. La mayoría de ciudades están abarrotadas de vehículos, sufriendo una importante congestión vehicular, generando grandes embotellamientos que hacen cada vez más largos los tiempos de viaje (en Rosario se duplicó el parque automotor en los últimos 30 años llegando a más de 600 mil vehículos). Tanto tráfico automotor a combustible fósil trajo aparejado mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Según el último inventario de gases de efecto invernadero local, el transporte representa casi un 35% de las emisiones. Esto, a su vez, genera una mala calidad del aire que respiramos, afectando nuestra salud. Algunas ciudades como Londres, ante la magnitud del problema, impulsaron una tasa de contaminación que tienen que pagar los vehículos más contaminantes para circular por la zona céntrica de la urbe, con el objetivo de desalentar su uso. La movilidad enfocada en el uso del automóvil privado, también trajo consigo grandes niveles de ruido, que provocan contaminación acústica y nos afectan directamente. Además, podemos decir que la siniestralidad vial es la “otra pandemia”; en nuestro país mueren alrededor de 7.000 personas al año, una cifra que está lejos de bajar.
Todo esto, en gran parte, hace que la calidad de vida en las ciudades sea cada vez peor, generando espacios públicos en los que la gente no desea estar ni permanecer, volviendo esos entornos cada vez más inseguros. Como dicta la teoría de los “ojos en la calle” nos sentimos más seguros donde hay otras personas; nos sentimos más inseguros donde estamos solos.
Por otro lado, y en paralelo, nuestro planeta está experimentando una crisis climática sin precedentes, y es fundamental que impulsemos el cambio de paradigma. Las ciudades generan alrededor del 70% de los gases de efecto invernadero a nivel global, por lo que tenemos mucho que aportar a la lucha climática desde los gobiernos locales.
Por eso, gran parte de nuestros proyectos tienen un doble objetivo: por un lado, construir ciudades para la gente, donde la persona vuelva a ser el centro de la escena, con el objetivo de devolverle calidad de vida al vecino. Y por el otro, aportar en esa lucha frente al cambio climático, fundamentalmente impulsando medios de movilidad más sostenibles y menos contaminantes como el transporte público (colectivo y tren), la bicicleta y el desplazamiento a pie; y a su vez, desalentando el uso del auto particular tal como dicta nuestra Plan de movilidad 2030.
Ésta doble crisis de calidad de vida y de cambio climático son factibles de enfrentar si nos decidimos a cambiar nuestra manera de hacer ciudad por un diseño urbano sustentable y centrado en las personas.
Rosario viene avanzando en esto: la calle recreativa es un fiel ejemplo de esto. Luego de 10 años de su creación, y con más de 50 mil personas que la disfrutan cada domingo, sería conveniente seguir ampliándola en más zonas de la ciudad, extendiendo horarios y sumando días.
Existen varios carriles exclusivos cuyo principal beneficio es que esa mayoría que se mueve en colectivo demore menos tiempo en llegar a su trabajo y a su casa. Sería importante seguir sumando carriles exclusivos en distintos corredores para que se cubra toda la ciudad.
Dentro de poco va a volver a funcionar el tren de cercanía a Cañada de Gómez y es una gran noticia. Sería interesante contar con buenas frecuencias y que se permita la intermodalidad con bicicletas y monopatines para que los usuarios puedan completar sus viajes.
La red de ciclovías actualmente suma casi 200 km de extensión. Es fundamental seguir extendiéndola y conectándola como una verdadera red que nos permita unir a toda la ciudad. Además, agregarle segregación física para que de esa manera andar en bici sea más seguro y más gente se anime a hacerlo.
El sistema de bicicletas públicas actualmente cuenta con más de 100 mil usuarios. Es necesario seguir ampliando el sistema de manera concéntrica y extenderlo hasta completar toda la ciudad (fundamentalmente hacia el sur de la ciudad).
Se vienen impulsando diversas propuestas como las peatonalizaciones intermitentes de los centros comerciales a cielo abierto y las noches de las peatonales en el centro. La primera fue en Calle San Luis en el marco del día de la madre del año 2019, donde hubo muchísima afluencia de vecinos y se tradujo en un éxito comercial en ventas para los comerciantes en plena crisis económica. En este sentido, hay que armar un esquema itinerante para que estas propuestas lleguen a todos los centros comerciales de la ciudad.
A su vez, pensando en darle más protagonismo a los peatones, el actor más vulnerable de la movilidad urbana, en muchas esquinas se están instalando cruces seguros. Los mismos pacifican las intersecciones y acortan las distancias de cruce, además de recuperar espacio público donde se colocan macetas y bicicleteros. Hay que seguir extendiéndolos al resto de la ciudad sobre todo en esquinas con altos índices de siniestralidad vial.
Un interesante proyecto que se podría implementar son las supermanzanas; se trata de la creación de una nueva célula urbana formada por varias manzanas, donde se limita o restringe el acceso de vehículos (vecinos y compradores podrán seguir entrando en su garaje o comercio), pero a través de diversos diseños, se impide que se atraviese la supermanzana eliminando el tránsito de paso. Esto hace que se pacifique el espacio público dentro de la supermanzana, permitiendo que los niños jueguen en la calle, los compradores instalen mesas y sillas, se instalen más espacios verdes, se planten árboles, etc. De esta forma, se quita espacio a los vehículos y se lo devuelve a los vecinos para recuperar el concepto de barrio, el vecindario, la interacción social y con ello la confianza en el otro. Sería importante que cada distrito de la ciudad tenga una supermanzana. Esto se puede hacer a través de pruebas piloto y participación ciudadana. Es necesario utilizar el “urbanismo táctico”, de esta forma no se necesitan grandes presupuestos, ya que con intervenciones ligeras, baratas y rápidas, con pintura, con maceteros, con mobiliario urbano ligero podemos conseguir estas transformaciones.
En definitiva todas estas propuestas son parte de pensar una ciudad donde se priorice la salud, el bien común y la igualdad entre las personas. Una ciudad que invita a argentinos y personas de todo el mundo a proyectar en ella su futuro por la calidad de vida que ofrecemos. Una Rosario con más calidad de vida es posible y la forma de hacerlo es a través del diseño urbano sustentable y centrado en las personas.