El presidente chino, Xi Jinping, pidió al pleno del Partido Comunista de China (PCCH) acelerar el desarrollo militar y no anunció cambios en políticas que han tensado las relaciones con Washington y endurecido el control del partido sobre la sociedad y la economía chinas. Xi Jinping será consagrado por el 20º Congreso del PCCH para un tercer período consecutivo de mandato, algo que no ocurre en China desde los años 90. Xi Jinping consolida así su poder, pese a que China atraviesa un período de problemas sociales y económicos sin precedentes en las últimas décadas.
“La unión hace la fuerza, y la victoria requiere unidad”, dijo Xi en el discurso de apertura del congreso, que es la instancia de mayor autoridad del PCCH y que sesiona solo cada cinco años en Pekín para elegir al nuevo secretario general del partido, a su comité permanente y su buró político.
No hay dudas de que Xi, de 69 años, será nuevamente designado como secretario general del PCCH, algo sin precedentes, con miras a que sea reelegido presidente de China el año que viene, también de modo inédito por por tercera vez, materializando una reforma constitucional de 2018 que habilita la reelección indefinida.
En su discurso ante el 20º Congreso del PCCH, Xi presentó un informe que repasa los logros conseguidos por el partido en los últimos cinco años en particular y en los últimos diez, el tiempo que el presidente lleva en el poder, en general. En el Gran Palacio del Pueblo, frente a la plaza Tiananmen, en transmisión directa para los 1.400 millones de chinos, mencionó como mayores acontecimientos de la última década el centenario de la fundación del partido, en julio de 2021, el ingreso en “el socialismo con peculiaridades chinas” y la “liberación de la pobreza y consiguiente culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada”. Es este el vocabulario oficial que puede leerse en cientos de textos oficiales. Nada nuevo, entonces, en el discurso del “líder máximo” de China.
Xi dijo que desde el congreso anterior, de 2017, China atravesó “un lustro sumamente fuera de lo común” en el que debió “afrontar con eficacia la severa y compleja situación internacional”, la pandemia de Covid-19, las “turbulencias” en Hong Kong por las protestas contra la eliminación de la democracia local y “las severas provocaciones manifestadas como intervenciones en los asuntos de Taiwán por parte de fuerzas extranjeras”.
Taiwán, amenazada
Sobre la vecina Taiwán, Xi Jinping, dijo que “jamás renunciará al uso de la fuerza” contra ella. China considera a Taiwán una “provincia rebelde” y no una nación independiente como lo es de hecho. El nombre oficial de la isla es República de China. La mención del uso de la fuerza fue aplaudido por los delegados del PCCH. “Resolver la cuestión de Taiwán es un asunto del pueblo chino y debe ser resuelto únicamente por el pueblo chino. Intentaremos buscar la perspectiva de una reunificación pacífica con la máxima sinceridad y los mayores esfuerzos”, dijo en el discurso inaugural del Congreso del Partido Comunista en Pekín. “Pero no nos comprometeremos jamás a abandonar el recurso de la fuerza y nos reservamos la posibilidad de tomar todas las medidas necesarias”, amenazó.
Separada de facto de la China comunista desde 1949, Taiwán es una isla de gobierno autónomo y democrático que Pekín considera parte de su territorio y aspira a recuperar. La llama una “provincia rebelde” y en sus tratos comerciales exige a sus socios que no reconozcan a Taiwán. Por esto, a medida que el poder de China crecía en los últimos 30 años, Taiwán iba sufriendo un creciente aislamiento. Al punto que incluso su mayor aliado militar, Estados Unidos, no la reconoce oficialmente, pero sí de hecho.
“Las ruedas históricas de la reunificación nacional y el rejuvenecimiento nacional están avanzando”, dijo Xi. “La reunificación de la patria se debe conseguir y se conseguirá”, aseguró. “Frente a los bruscos cambios de la situación internacional, hemos mantenido la firmeza estratégica”, agregó el presidente chino, que “nos ha permitido salvaguardar en la lucha la dignidad e intereses clave del país y tomar firmemente la iniciativa para su desarrollo y seguridad”.
De frente a las cámaras de televisión, con los 25 miembros del Buró Político detrás de él y más atrás los alrededor de 2.300 delegados elegidos para el congreso, Xi Jinping habló en el marco monumental del salón dorado y rojo.
El político chino más influyente en décadas ofreció un discurso seguido de cerca por empresas, gobiernos y la población china, que buscan indicios sobre el rumbo político y económico del país. La cita se celebra en medio de una dolorosa crisis económica y de tensiones con Washington y los vecinos asiáticos por comercio, tecnología y seguridad, y por cierto por Taiwán y pujas territoriales que Xi Jinping ha impulsado peligrosamente, mientras aumentaba de manera sistemática el presupuesto militar.
Los planes oficiales del PCCH apuntan a crear una “sociedad próspera” para mediados de siglo y restaurar el papel histórico de China como líder político, económico y cultural. El PBI per cápita de China está hoy muy por debajo de las naciones desarrolladas. Incluida Taiwán. Pekín ha ganado presencia con proyectos como la multimillonaria “Iniciativa Cinturón y Ruta de la Seda” para construir puertos y rutas en Asia y Africa. Pero los economistas advierten que limitar o revocar las reformas de economía de mercado heredadas del presidente Deng Xiaoping y mantenidas por los anteriores presidentes limita el crecimiento de China, que visiblemente se ha desacelerado en este último quinquenio de Xi.
“Los próximos cinco años serán cruciales’’, dijo Xi en el enorme Gran Salón del Pueblo. Invocó en varias ocasiones su lema de “rejuvenecer la nación china’’, que incluye reavivar el papel del PCCH como líder social y económico, en un regreso a lo que Xi considera como su era dorada después de tomar el poder en 1949.
El 20º Congreso nombrará a los líderes del país para los próximos cinco años. Se da por hecho que Xi, de 69 años, romperá con la tradición y se le otorgue un tercer mandato de cinco años como secretario general del partido, el cargo más poderoso de China. Esto reafirmará su estrategia de imponer su dominio en la economía, la sociedad y la cultura tras cuatro décadas de liberalización de mercado.
La rama militar del partido, el Ejército de Liberación Popular, debe “salvaguardar la dignidad y los intereses de China”, dijo Xi, en alusión a la serie de reclamaciones territoriales que bajo su gobierno han tomado impulso y puesto en alerta a las naciones vecinas, desde Indonesia y Vietnam a Islas Filipinas. Sobre Taiwán y estos otros reclamos, Pekín dice que está dispuesta a ir a la guerra. Tiene el segundo ejército más grande del mundo, por detrás del estadounidense, y trata de ampliar su alcance con el desarrollo de misiles nucleares de gran alcance, portaaviones y puestos avanzados en alta mar en territorios bajo disputa legal con sus vecinos. “Trabajaremos más deprisa para modernizar la teoría, el personal y las armas militares’’, dijo Xi en un discurso salpicado de aplausos de los delegados.
Xi presentó como un éxito la rígida estrategia de “Covid cero’’ de su gobierno, que ha sellado en cuarentenas grandes ciudades como Shangai y trastocado la vida económica. No apuntó a posibles cambios, pese a la frustración generalizada con esta política que no aplica ningún otro país en el mundo.