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Sarkozy propone concretar la revolución liberal

“Haremos realidad lo que ustedes proponen”. Esta promesa fue hecha sobre la marcha por Nicolas Sarkozy a la “Comisión Attali para la Liberación del Crecimiento”. Si el presidente francés mantiene su palabra, Francia estará ante una revolución liberal que abarcará todos los ámbitos de la sociedad.

Lunes 21 de Enero de 2008

París.- “Haremos realidad lo que ustedes proponen”. Esta promesa fue hecha sobre la marcha por Nicolas Sarkozy a la “Comisión Attali para la Liberación del Crecimiento”. Si el presidente francés mantiene su palabra, Francia estará ante una revolución liberal que abarcará todos los ámbitos de la sociedad.

“El enriquecimiento no es un escándalo, sino la pobreza”, señala el jefe de la comisión, Jacques Attali. Las reformas deben llegar a todos los grupos profesionales y al Estado mismo, “sin tabú”.

Este miércoles, Sarkozy recibirá el plan de Attali con “314 decisiones, para modificar a Francia”. Se trata de desatar a las fuerzas del mercado, de una alta movilidad social, una privatización parcial del sistema de educación, liberalización de precios, reducción de privilegios profesionales y reforma desde un Estado social a la responsabilidad propia.

Además, busca impulsar las tecnologías del futuro: desde la nano y la biotécnica, pasando por la informática hasta la neurociencia. Simultáneamente, Attali, antaño sherpa del presidente socialista Francois Mitterrand, pretende disminuir anualmente en uno por ciento la participación del Estado en el Producto Nacional y, en paralelo, deshacerse de los intocables “départements”. Y todo eso, en un procedimiento urgente.

Para su comisión convocó a gerentes e intelectuales, desde la jefa del consorcio atómico Anne Lauvergeon, la legisladora alemana en la UE Evelyne Gebhardt y el historiador de Oxford Théodore Zeldin hasta el gerente estrella de McKinsey, Eric Labayee. Sarkozy ha prometido acelerar en uno por ciento y de forma duradera el crecimiento económico hasta 2012 y presionar la cifra de desempleo bajo el cinco por ciento.

Attali lo cree factible, pero advierte de poner en marcha lo “esencial” de las reformas “entre abril de 2008 y junio de 2009”. De esa forma, Sarkozy justo podrá esperar aún las importantes elecciones comunales de marzo, antes de “ir al grano”. Pero entonces tendrá que ser veloz.

Attali quiere que se construyan diez ciudades “Ecopolis” para al menos 50.000 habitantes, que unirían tecnologías ecológicas con técnicas modernas de comunicación, para lo cual sirve de modelo la “ciudad Google” Mountain View en el californiano Silicon Valley.

Además, aspira a impulsar diez grandes polos universitarios y de investigación con amplio financiamiento privado, así como escuelas privadas. También habla de que todos los franceses tengan una conexión ultraveloz a Internet. Todas cosas que para el radical de derechas Jean-Marie Le Pen son tan horribles, que denomina a Attali como al rey de los hunos, Atila.

Sarkozy y Attali quieren transformar a los franceses en personas nuevas que tomen riesgos empresariales y se abran al mundo globalizado. Algo que empieza en la infancia.

Ya los que asisten al primer grado han de aprender “el papel de la competencia en la creación de riqueza”. En sexto grado, todos deben saber “leer, escribir, calcular, francés, inglés, trabajo de grupo e informática”. Y los maestros serían presionados con la evaluación de inspectores y los propios alumnos.

A futuro se supone que los sindicatos, con experiencia en huelgas, acuerden junto con los empresarios las cuestiones sociales. Para bajar los costos salariales, Attali quiere financiar más fuertemente los sistemas sociales a través de impuestos. Prevé facilitar los despidos y que los mayores de 65 años puedan seguir trabajando.

El paquete de reformas satisface completamente el deseo de Sarkozy de un “quiebre” de tradición y manera de pensar. ¿Pero es eso factible?

“Ahora, el jefe de Estado está con la espalda contra la pared”, analiza “Monde”. Si Sarkozy no emprende las reformas con suficiente valor y dinero, los planes más bien podrían decepcionar a los franceses que seducirlos con un nuevo mundo.

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