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Nicolas Sarkozy: ¿víctima de su arrogancia y la crisis económica?

El actual presidente francés no logra recuperar la confianza de los frustrados votantes. Una derrota frente al socialista François Hollande representaría la mayor debacle de su carrera.

Sábado 05 de Mayo de 2012

París. — Es posible que los socialistas franceses tengan que poner pronto a enfriar el champán. Si las encuestas no se equivocan, tras casi dos décadas el presidente de Francia volverá a ser de su signo político. Su candidato, François Hollande, parte como favorito para la segunda ronda de las elecciones y mañana podría suponer el fin de 17 años de gobierno conservador. El último socialista en ocupar el Elíseo fue François Mitterrand. Después llegaron 12 años de Jacques Chirac a los que siguieron cinco más de Nicolas Sarkozy.

El actual presidente podría enfrentarse a la mayor debacle de su carrera. Según todas las encuestas, en las últimas cinco semanas Sarkozy no consiguió recuperar la confianza de la mayoría de los franceses. Muchos de los que le ayudaron a llegar al poder en 2007 parecen estar profundamente decepcionados.

Y no les faltan razones. Francia salió de la crisis peor parada que Alemania, se frenó el crecimiento y el desempleo registra la tasa más elevada de los últimos diez años (10 por ciento) y Sarkozy no pudo cumplir con su promesa de hace cinco años de generar un mayor poder adquisitivo. Un balance "desastroso", según Hollande.

Flancos de ataque. Unido a todo ello, con sus actuaciones arrogantes Sarkozy ofrece aún más flancos de ataque. El candidato del UMP ya era conocido por su gusto por el lujo antes de que se le acusara de haber aceptado ilegalmente dinero de la multimillonaria heredera de L'Oreal Liliane Bettencourt para financiar su campaña de 2007. Y muchos todavía recuerdan escándalos como el de su hijo Jean, quien en 2009 —y con apenas experiencia— accedió a un alto puesto en una empresa pública.

Hollande supo sacar partido a todo ello en los últimos meses. Durante semanas viajó por todo el país y habló con los ciudadanos para convencerles de que sería un presidente compasivo y con los pies en el suelo. Tras el debate televisivo del miércoles, la mayoría de los encuestados lo consideraron más convincente, íntegro y simpático que a Sarkozy.

Son muchos los franceses que confían en el socialista para equilibrar las desigualdades sociales y creen que comprenderá sus preocupaciones y necesidades. "El presidente que seré se parecerá al candidato que soy: respetuoso, conciliador, un candidato normal para una presidencia normal al servicio de la República", prometió Hollande.

Si pierde, Sarkozy tendrá que escuchar numerosos reproches, pues en el pasado ya hubo indicios de lo que estaba ocurriendo. Una de las advertencias más serias llegó hace dos años por parte del Defensor del Pueblo, Paul Delevoye. "Se ha abierto una brecha entre los ciudadanos y el Estado. Percibo una sociedad que se fragmenta", dijo entonces.

Causas judiciales. En los últimos tiempos, las malas lenguas apuntaron además que con su reelección Sarkozy pretendía alejar posibles problemas con la Justicia. Uno de sus asesores se enfrenta a una demanda judicial por el caso Bettencourt y últimamente aumentaron los rumores de que Sarkozy también podría haber aceptado donaciones ilegales para su campaña de 2007 procedentes de Libia, cuando gobernaba Muammar Kaddafy.

Pero el presidente sólo podría ser interrogado una vez que concluya su mandato puesto que ahora goza de inmunidad, salvo para casos de alta traición.

De ganar mañana, Hollande no tendrá mucho tiempo para ocuparse de los escándalos de Sarkozy. El socialista ya anunció que si llega al Elíseo jurará el cargo el 15 de mayo. Inmediatamente después le esperarían sus primeras citas internacionales: las cumbres del G8 y de la Otán, ambas en Chicago a partir del 18 de este mes.

Acorta ventaja

Sarkozy redujo la ventaja de Hollande a cuatro puntos, la diferencia más estrecha hasta el momento. La encuestadora Ifop-Fiducial situó a Hollande, que lideró las encuestas durante meses, con una intención de voto del 52%, un punto porcentual menos que en el sondeo anterior, mientras que Sarkozy trepó al 48% de las preferencias.

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